El tercer aire de Luis Miquilena

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Lo suyo no es un segundo round ni una risueña primavera en pleno otoño: a sus 90 años, don Luis se empecina en echarle leña al fuego ahora desde la penumbra de su retiro, atento siempre a la política que dejó en una encrucijada, rodando cuesta abajo

Sebastián de la Nuez

Lo tiene todo para pasar a la posteridad como el político más sagaz en la historia de Venezuela. Por zorro, por diablo y por viejo. Sagacidad y reciedumbre: eso es lo que le reconocen amigos y enemigos. En lo que hay discrepancias es en ese detalle un tanto fastidioso, la rectitud. “Yo no pondría la mano en el fuego por él”, dice alguien que lo conoció desde los tiempos de Clarín, hacia 1962.

Hay tres cosas esenciales que deben entenderse sobre Luis Miquilena: a) no se arredra jamás, y ello incluye sentarse a la mesa con Lucifer para negociar algo, si ello es necesario; b) es quien lleva a José Vicente Rangel de la mano y lo lanza de barriga a la piscina política porque, como él mismo argumentaba y un testigo repite, “a éste hay que ponerle un cohete en el culo”; c) no es  que se dejara seducir por la figura del caudillo progre del 4-F, sino que vio en él una posibilidad para hacer la política conveniente al país en ese momento, y por eso lo busca, lo convence de la vía electoral para diciembre de 1998 y se encarga de las finanzas del Polo Patriótico. Esto último, a la corta, sería su primer embarramiento oficial; el segundo, sin duda, habría de ser Micabú, acrónimo que remite a los apellidos Miquilena, Carrera y Bujanda.

Eso de la patada en cierta parte tiene asidero aunque suene vulgar, pues el talante soez no resulta un elemento extraño en don Luis. Esto lo saben muy bien el editor Rafael Poleo y el ex inspector de Tribunales René Molina, a quienes tildó de homosexuales en su momento.

A propósito de los epítetos homofóbicos, podría ser una fobia generacional compartida: desde los propios inicios del diario Clarín que el hacendado falconiano contribuyó a fundar junto a sus socios de Unión Republicana Democrática, se decretaba la burla contra los gays. En su edición del 9-11-1961, Clarín reproduce un despacho de la agencia AFP sobre la captura de 120 “pavitos” en Ciudad de México “por usar pantalones ajustados, melena y colores chillones”. Agrega por su propia cuenta una frase harto insidiosa: “Ciento veinte de estas mariposas cayeron en la red”. Ese mismo día se informa que al diputado Luis Miquilena no le han dejado hablar en el Congreso durante el debate sobre la eventual suspensión de garantías. Por otra parte, ha estallado el escándalo del padre Biaggi y Clarín no ahorra epítetos contra el “cura sádico”. Carlos Andrés Pérez protesta este tratamiento y el periódico responde llamándolo “moralista”. El forcejeo entre el presidente Betancourt y el diario se prolongaría durante todo su gobierno pero antes de acceder al poder Raúl Leoni el diario ya no existiría.  

Clarín se editó en principio bajo la dirección de Leonardo Montiel Ortega, popular años más tarde por filmar una escena de cama en una telenovela con Pierina España; a partir de enero del 62 pasa a ser comandado por el propio Miquilena. Cosa curiosa: han pasado 46 años de la foto, publicada el 15 de noviembre de 1961, donde aparece la plana mayor de URD sin don Luis ni José Vicente Rangel, quien también era diputado y miembro del directorio del partido. De los retratados no sobrevive nadie: Jóvito Villalba, Ignacio Luis Arcaya, Dionisio López Orihuela, Alirio Ugarte Pelayo y Amílcar Gómez. Miquilena no solo sigue vivito y coleando, sino declarando a los medios de aquí y del orbe cuando observa a la República en problemas. Problemas, por cierto, que él mismo contribuyó con entusiasmo a crear.

 

Las uvas del tiempo

Víctimas de su talante soez han sido también Javier Elechiguerra, ex fiscal, a quien llamó mentiroso e indigno; y la oposición, calificada sin miramientos por el entonces (2002) ministro de Interior y Justicia de “excremento”. No debe extrañar, por tanto, el rumor propagado no hace mucho: alguien le pregunta en una cena sobre su amigo José Vicente Rangel y él, entonces, escupe el peor de los agravios imaginables, exigiendo que no le hablen de ese señor.

También hay quien dice que ambos se pusieron de acuerdo para quedarse uno en el gobierno y el otro marchar a la oposición a raíz de los sucesos de abril de 2002, y mantener así los hilos de la tramoya política bien prensados con vistas a un chavismo sin Chávez. Es difícil de creer. Pero sí es fácil imaginar al insigne Alí Rodríguez Araque, enlace fuerte con La Habana, asumiendo la batuta abandonada por Miquilena, y mientras tanto JVR saliendo de cacería con su antiguo camarada de aventuras rocambolescas, Cicerón… Sin alejarse totalmente de eso que a él y a su mujer le apetecen tanto: el poder.

Luis Manuel Miquilena Hernández, sentencia un resumen biográfico, apareció en la escena política como secretario general del Sindicato de Autobuseros durante la década de los 40. Fue dirigente del Partido Comunista y simpatizante cercano del gobierno de Isaías Medina Angarita (1941-1945). Al producirse el golpe de Estado del 18 de octubre de 1945 llega a solicitarle a Medina Angarita armas para entregarlas a centenares de civiles que estaban dispuestos a resistir la asonada dirigida por los adecos y un estamento militar en ciernes. Medina se niega por temor a iniciar una guerra civil.

¿A partir de entonces ha estado movida su vida por un odio visceral hacia Acción Democrática, en particular hacia Rómulo Betancourt, y esto lo ha hermanado con Rangel? Ramón José Tenorio Sifontes, secretario general del hoy menguado URD, opina que no, que la posición de su ex cuñado (don Luis estuvo casado con su hermana Celinda) siempre ha sido principista. Un luchador social que nunca se ha dejado llevar por el odio.

Comoquiera que haya sido, dada la escasez de espacio para retratar el periplo vital de un hombre de casi 90 años, cabe establecer su condición de hacendado: en Barinas, desde hace tantos años que quienes le conocen ni recuerdan cuándo fue que compró las tierras. De allí la amistad con Tobías Carrero; de allí el soporte financiero que le permitió vivir con holgura en Caracas, dedicándose con fruición a fracasar en política: al salir de URD fundó Vanguardia Popular Nacionalista, una colcha de retazos donde también fueron a dar disidentes de AD. No duró mucho. Tenía una imprenta, cierto, donde se hizo Clarín y luego un montón de periódicos afines al PCV, pero eso no parece haber constituido el fuerte de sus finanzas. En todo caso, se necesitan mentes lúcidas para seguir el hilo de esta personalidad en una biografía de dos tomos: uno con quienes lo han odiado, otro con su vida. El fundador de la Cadena Capriles, sin ir más lejos, ordenó en cierto momento imprimir su nombre como Luis G. Miquilena.

La G. era de gangster.

 

Sin conclusiones

Pero donde las dan verdes, las dan maduras. Manolo Reverón, sindicalista de toda la vida que no se ha beneficiado ni un ápice de esta revolución, en ningún momento, lo califica como un fajador, es decir, un hombre de pelo en pecho que se ha enfrentado al poder cuando debe hacerlo. “Representa una entidad moral”, afirma. Y así piensan muchos. Simón Alberto Consalvi se deshizo en elogios en su artículo del domingo 26 en El Nacional. Una dama cuyo marido intimó con Miquilena en los años de la prehistoria chavista, lo recuerda como un hombre simpático.

Y lo es. Se metió en el bolsillo a Hugo y a su novia Marisabel, y les aconsejó casarse. No hay individuos más simpáticos que los celestinos. “Respeto mucho a Luis Miquilena y no me meto con sus asuntos privados, porque si tiene asuntos pendientes con la justicia es la justicia la que se los debe cobrar, no yo”, contestó Marisabel Rodríguez de Chávez al ser requerida a mediados de 2002, cuando ya habían estallado los casos de la donación del Banco Bilbao Vizcaya al Polo Patriótico y el de Micabú. Y reconoció entonces la rubia inquilina de La Casona: “Fue un mentor político, un maestro de mi esposo: así lo vi y así me lo presentó él”.

Nada más y nada menos. Que los historiadores hagan el resto, hay tela por cortar. Aquí no se han tocado, por ejemplo, los manejos del Tribunal Supremo de Justicia. Quizás el ex magistrado Alejandro Angulo Fontiveros tenga al respecto cosas para contar. Como para un tercer tomo.

 

 

Septiembre 2007