Entre la salsa vieja y los guantes de boxeo

guantes_de_boxeo_fullblock[1]Aunque ya colgó los guantes de boxeo, Jesús “Kiki” Rojas −dos veces campeón mundial de boxeo− sigue dentro del mundo deportivo pues ahora es entrenador y quiere ser profesor de educación física

 

María Teresa González Jaime

En plena avenida San Martín hay un edificio alto, Residencias Ayacucho. Un largo pasillo conduce hasta un ascensor. En el piso 17 queda el apartamento. Al entrar a la vivienda está la computadora y una poltrona de flores. En la misma sala  está el comedor. La mesa está cubierta de los periódicos del día. En una de las sillas se encuentra un hombre de 1.64 centímetros y 61 kilos de peso, moreno y con bigotes. Frente a él está el cuerpo de deportes de El Universal. Ese hombre interesado en el acontecer deportivo tiene dos títulos mundiales de boxeo en las categorías mosca y supermosca: Jesús “Kiki” Rojas.

—¿Cómo fueron sus inicios en el boxeo?

— Era muy introvertido, siempre estaba peleando, hasta con mordiscos. Un amigo me ayudó a llegar al Boxing Club EL Tigrito. Pensé siempre en mis ídolos: Betulio González y Mohamed Alí. Soñaba que iba a ser como ellos. Y me dediqué a entrenar. Tuve aproximadamente más de 120 peleas en amateur. Una sola vez representé al país y gané bronce. Pero debido a un percance que tuve con León Hidalgo, presidente de la Federación de Boxeo, dejé de participar en los campeonatos de aficionados. Le dije que yo quería estudiar porque esto es una ruleta, uno no sabe si va a lograr lo que quiere;  el boxeo es un enfrentamiento de dos personas con las mismas ansias de ganar. El señor me dijo que era un guerrillero y entonces me fui al Tigre.

El hijo de Carmen Rojas y Nelson Lugo se fue para Anaco para hacer un curso de instrumentista. Un día estaba leyendo el periódico Meridiano y se encontró con su nombre dentro de la lista de los boxeadores que pasarían a pelear en la liga profesional. “Verga, entonces se puso la vaina pequeña”, pensó Jesús Rojas. “¿Me quedo estudiando o me voy a Caracas?”

Se vino a la capital con tres mudas  de ropa dentro del maletín y le dijo a su mamá: “Quédate tranquila, me voy a Caracas y seré campeón del mundo”.

—¿Por qué decidió ser pugilista?

—Cuando estaba en primaria me buscaban en mi salón para pelear, era el muchacho malo de la escuela. Entonces hubo un profesor que me vio y me dijo: “Tú eres boxeador callejero”.

En Caracas, su entrenador, Fulgencio Jaramillo, se convirtió en su padre. “El viejito Jaramillo me decía que me pusiera un hilito rojo aquí” (se toca la frente). “Y me lo ponía”. Luego de 17 peleas invicto,  “Kiki” Rojas perdió en Corea del Sur. “Tumbé al chino cinco veces y le levantaron la mano. Me vine destrozado porque sabía que no perdí, me quitaron la pelea porque él tenía que noquearme para ganarme.” Siente que en el boxeo profesional hay más interés porque hay más dinero de por medio.

Entre los ladridos de su perro poodle llamado Cerebro suena una canción de Oscar D’ León: es el celular de “Kiki”. Le encanta la salsa. La baila con su esposa desde que la conoció hace más de veinte años- Sus dos hijos varones heredaron la pasión por las canciones del sonero del mundo y de Willie Colón.

 —¿Qué actividades hacía con sus hijos cuando era boxeador?

—Los llevaba a sitios para que se divirtieran, eso me llenaba. Preferí viajar solo  porque cuando una va a un compromiso de esos uno tiene que estar concentrado en sus cosas, uno no va a estar pendiente de la familia.

—¿Sacrificó algo por su carrera?

—Si vuelvo a nacer, volvería a ser boxeador. Quería estudiar pero no podía porque eran los estudios o el boxeo.

Rojas abandonó su carrera pugilística porque sintió que su “ciclo se agotó”. Sin embargo, fue un fuerte golpe dejar el boxeo. “Sé que he logrado muchas cosas. En la calle todo el mundo me conoce. Quiero retomar los estudios para tenerlo de satisfacción y darle esa satisfacción a mis hijos que están estudiando y a mi mujer.”

—¿Cuál es su trabajo actual?

—Estoy dando clases a unos muchachitos en el Estadio Nacional Brígido Iriarte, pero en amateur porque no me he querido meter en el profesional. Estoy trabajando en la comunidad. Recién comencé a estudiar en el Pedagógico para ser profesor de educación física. Quiero ser profesor, nuca es tarde cuando uno quiere hacer las cosas. Al mediodía estoy en el Club de la Policía Metropolitana, trabajando con FUNDAPOL. Estamos haciendo un trabajo social para desarrollar el boxeo, para que salga ese flagelo que está jodiendo a la juventud.

Para distraerse le gusta ver Meridiano Televisión y actualmente, confiesa, “estoy pegado con la novela del cuatro, Arroz con leche”.

 —¿Qué piensa del trato que le da el Estado a los ex boxeadores?

—Nosotros  estamos organizándonos en la Gloria Deportiva de Venezuela  que fue idea de un boxeador, Jesús “Cheo” Duque. Esa iniciativa  ya está a nivel nacional para que los ex-atletas no queden desamparados. Hay muchos deportistas en estas condiciones, pero estamos tratando de que eso no ocurra. Estamos contactando a todas las personas que pusieron en alto el pabellón nacional, pues son venezolanos que lo dieron todo por el país. Esta organización tiene apoyo económico del Gobierno. Venezuela  tiene el deber de que esas glorias que le dimos se nos retribuyan a nivel social.

— ¿A quién admira?

—(Piensa) Admiro a las personas que han pasado necesidad y siempre han luchado, ahora no te voy a decir exactamente quien. Pero cuando veo a una persona así, con ese ahínco, con esas ganas de salir adelante y llega su meta… esas son personas dignas de admiración.

—¿Cuál otro deporte le gusta?

—Veo el fútbol, mi primer deporte. Como me la pasaba corrieron querían agarrarme como futbolista, fui unos días y les dije que no jugaba más fútbol. A mí no me gusta esa vaina de corré pallá y corré pacá. Sigo al Real Madrid y a los Leones del Caracas, con Magallanes no quiero nada.

—¿Cuál fue la última película que vio en el cine?

—(Risas, habla al hijo menor) Pregúntale a tu mamá cuál fue. Me gustan mucho las de acción, violencia…

En la casa de Jesús “Kiki” Rojas no hay un altar a sus premios, aunque los exhibe, porque los trofeos más altos tienen una utilidad práctica: sirven para colgar la ropa húmeda.

 

Noviembre 2007