A cuentagotas se percibe la mujer en su discurso

DelsaSolorzano1[1]Esta entrevista romanceada a la activista política Delsa Solórzano es una revelación. La mirada en apariencia ingenua de un estudiante que aborda a un personaje de esta naturaleza por primera vez ha conseguido desvelar lo que, hasta ahora, era sólo una gruesa boca gesticulando frases de rabiosa oposición

Álex Vásquez Santander / Cursante actual de Entrevista Periodística

Encontrar el lado humano de Delsa Solórzano, coordinadora de los Derechos Humanos de la Mesa de la Unidad, no es algo sencillo, aunque resulte irónico. Antes que una persona, es Un Nuevo Tiempo, el partido político opositor al gobierno de Hugo Chávez, del cual es dirigente. Su vestimenta, su actitud, su forma de hablar y lo que dice, se empeñan en hacer una constante propaganda política. Sólo la mención de su padre, su hijo y su belleza, lograron desmontar un discurso lleno de sobriedad y esbozar, durante apenas unos segundos, una sonrisa en el rostro de la abogada.

 

El padre como clave

Mientras comía su almuerzo con bastante rapidez, pues debía reunirse en la sede de Copei, otro partido político opositor, Solórzano se dedicó a hablar de las virtudes del trabajo de Un Nuevo Tiempo. Llevaba una camisa de vestir azul, como el color de su partido. El cabello negro, liso, peinado de lado, le estorbaba constantemente, obligándola a despejar su cara con las manos, unas manos de uñas vinotinto largas e impecablemente cuidadas. Un poco más arriba, una pulsera de plástico también azul, que no hacía mucho juego con su elegante reloj, llevaba escrito las tres palabras que, desde que se sentó a comer, la dirigente repetía con más frecuencia: Un Nuevo Tiempo. El automático proceder político de sus gruesos labios se vio interrumpido abruptamente, cuando se le pidió que dejara de lado al partido y explicara por qué escogió la política como estilo de vida. La interrupción no le agradó, por la dureza que se adueñó de su expresión, pero luego de llevarse un par de cucharadas a la boca, el rostro de Solórzano se volvió casi infantil y, con la primera sonrisa genuina hasta el momento, dijo: “Mi padre”.

 “Soy hija de políticos, mi padre es César Solórzano; él fue guerrillero y hasta estuvo preso en San Carlos, sólo por el hecho de que pensaba diferente. Yo incluso nací en la cárcel. Estas injusticias me hicieron interesarme en los Derechos Humanos y decidí involucrarme en la política para que esta lucha se hiciera efectiva, para que tuviera un camino real”. En ese momento, de nuevo: “Un Nuevo Tiempo garantiza eso, un nuevo modo de pensar y de trabajar por los Derechos Humanos”.

 Pero ese trabajo por los Derechos Humanos no resulta nada sencillo en un país como Venezuela, donde el Tribunal Supremo de Justicia y la Asamblea Nacional se encuentran sumidos a la voluntad del presidente de la República, Hugo Chávez. La dirigente formó parte del grupo de opositores que renunció a su candidatura a la Asamblea Nacional en 2005, por desconfianza del sistema electoral. Esto le dejó a los seguidores del Presidente el control total de la asamblea.

 “Estamos conscientes de nuestros errores políticos y precisamente por eso trabajamos por el rescate de la democracia, por recuperar la asamblea. No nos sentimos confiados en que ganaremos la mayoría, pero estamos trabajando para que sea así. Los votos no se obtienen con simple organización partidista, hay que salir a la calle y trabajar con la gente, por sus necesidades, eso es lo que te otorga credibilidad”.   

 

El hijo, la convicción de una posibilidad

En septiembre de 2010 se realizarán las elecciones que definirán los nuevos rostros de la Asamblea Nacional y, en cierta medida, el nuevo rostro de Venezuela. “Sabemos que es vital ganar la asamblea, desde allí se podrá cambiar al país. Con esta victoria se impulsaría enormemente la democracia”. Para la abogada, la manera de organizarse para ganar las elecciones debe provenir del consenso: “Se logró un acuerdo que nos arropa a todos, en consenso se seleccionaran los mejores candidatos y, sólo cuando sea necesario, recurriremos a elecciones primarias”.

En este momento apareció la imagen de su hijo, no porque Solórzano lo mencionó, sino porque surgió en la conversación la posibilidad de que el niño, cuando crezca y ante los problemas del país, le diga a su madre que quiere irse a vivir fuera, como lo hace una gran cantidad de jóvenes venezolanos. “De verdad no creo que mi hijo me diga eso, no me lo esperaría. Estoy trabajando para que crezca en el país que se merece, estoy trabajando por él”.
 Entre sus actividades favoritas, apartando el quehacer político, su hijo de tres años obtiene el protagonismo: llevarlo a comer, salir y hablar con él como si se tratara de un adulto le resulta muy divertido a la abogada pero, según dijo, “lo que más me gusta es llegar a mi casa y sentarme con él a ver sus comiquitas favoritas”.
 

 

La belleza, un aditivo prescindible

Una revista española colocó a Solórzano en el puesto 18 entre las 20 políticas más bellas del mundo, lo cual, según la dirigente, no es algo demasiado importante. Sin embargo, mientras hablaba sobre lo ocurrido, Solórzano mantenía una sonrisa que no escondía su satisfacción y la confianza que tiene en su aspecto. “La belleza física pasa y sólo la espiritual queda, lo importante es cultivar el espíritu. Yo creo que ese conteo lo realizaron unos españoles que no tenían nada importante que hacer”.

El teléfono celular de la abogada parecía más una extensión de sus manos que un aparato tecnológico: no lo soltaba en ningún momento y, a pesar de esto, parecía no estorbarle para comer y responder preguntas al mismo tiempo. Se disculpó por no soltarlo, pero con una sonrisa de travesura confesó que la tecnología es otra de sus pasiones. “Me mantengo todo el día metida en Twitter, e incluso colaboré en la creación del portal 2.0 del partido. Es el único partido en el país con un portal así”.

Cuando terminó su comida y canceló la cuenta, Solórzano se levantó para caminar hacia la salida y, debajo de unos pantalones ajustados, unos tacones bastante largos hacían que su figura se viera alta e imponente. Mientras avanzaba entre las mesas, los tenedores de los comensales, masculinos y femeninos, se detenían en su camino a las bocas y las caras se giraban para observar pasar a la mujer. Ella parecía saberlo, sin embargo esto no la hacía distraerse mientras contaba que en cada rincón del país se encontraba una casa del partido trabajando por la gente. “En Un Nuevo Tiempo nos preocupamos por el bienestar real de las personas”.