El adúltero de Irapa

gustavo-aguirre_foto-cortes[1]Gustavo Aguirre lleva más de cuatro décadas de parodias de hombre duro e insensible mientras resuelve los problemas y apuros de sus colegas, pelea contra el ejercicio ilegal de la profesión y escribe sobre atletismo, hipismo o béisbol. Al momento de hacerle esta entrevista imaginaria es tesorero del Círculo de Periodistas Deportivos y se dispone a coordinar un libro sobre los cincuenta años del deporte venezolano

Kimberly Lorenzo Navarro

Desde la ventanilla de la buseta que transita por la avenida Páez puede verse la parada de la Plaza Madariaga de El Paraíso. Es sábado a mediodía. Al lado del vendedor de raspados, está parado él con su eterna camisa blanca, con su corbata y su traje incansables. Su altura es intimidante y absoluta, la calvicie avanza, su nariz es  gruesa, sus ojos pequeños y su boca es ancha pero de labios delgados. Extiende una mano grande y con una voz metálica y grave dice: “Mucho gusto, Gustavo Aguirre. Hay que caminar menos de una cuadra para llegar a mi casa. No te ibas a perder si andabas sola hasta allá, pero bueno, qué carajo, me hacía bien llevar aire y sol”.

Su apartamento es pequeño pero lo suficientemente cómodo para alguien que desde hace pocos años tuvo que acostumbrarse a vivir solo. En las repisas y muebles abundan libros sobre periodismo, historia, deportes, sociología, política y novelas. Las fotografías muestran a sus hijos Gustavo, Eduardo, Thaís, Aida y Claudia; a sus hermanos Clarisa y Orangel; a su madre Rosa Margarita Fermín; otras son de él en sus viajes con las selecciones deportivas a Quito, Guayaquil y Roma; abundan también en las que aparece junto a gente del gremio: Eleazar Díaz Rangel, Eduardo Orozco, Pedro Llorens, Jesús Rosas Marcano, Amalia Llorca, Jesús Cova… y también conserva algunas de su ex esposa María Cristina Peche, quien fue jugadora de voleibol.

―Aquí tienes un vaso de agua, te hará bien para matar el calor. Hace un par de años te habría invitado un güisqui pero estoy tratando de cuidarme, ya no puedo darme esos placeres porque mis riñones no aguantan.

 

Una sucursal en el gremio

―Usted ha sido uno de los pioneros del gremio periodístico. Le llaman El gran elector porque se ha labrado una larga trayectoria, conoce a casi todos los comunicadores sociales del país y han sido muy pocas sus derrotas en las elecciones del Colegio Nacional de Periodistas, la Asociación Venezolana de Prensa, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, Círculo de Periodistas Deportivos y el Instituto de Previsión Social del Periodista ¿Por qué se ha dedicado afanosamente a la actividad gremial?

―Por varias razones: la nuestra es una profesión golpeada, somos mal pagados, soportamos los berrinches del gobierno, nos arriesgamos a diario y trabajamos sol a sol. El colegiarnos permite que podamos protegernos y apoyarnos. Otra razón por la cual me he interesado en esto es el ejercicio ilegal de la profesión, los pasantes y tesistas eternos, el desorden que había y que aún sigue.

―¿Ejercicio ilegal? ¿Y usted no escribió en Tribuna Popular cuando era apenas un liceísta?

―Sí, pero eran otros tiempos. Además, en aquel momento no me había dado cuenta del daño que se les hace a los colegas licenciados que no consiguen trabajo mientras las empresas contratan pasantes a los que les pagan una miseria por hacer el mismo trabajo que un graduado.

―Usted lleva más de diez años en el CPD, casi veinte en el IPSP, ha sido secretario general en la AVP, ha gestionado préstamos de emergencia para los periodistas y le ha conseguido trabajo a más de un recién graduado ¿Qué le causa más satisfacción de todo lo que ha hecho en el gremio?

―Satisfacciones tengo muchas, pero creo que las más significativas vienen del IPSP. Desde allí he podido ayudar a mucha gente a salir de apuros: colegas a los que les falta para completar para un apartamento, que se enferman y no están asegurados. La casa vacacional en Naiquatá para los periodistas ha sido otro logro que me quita muchas horas de trabajo pero que me enorgullece enormemente. Claro, todo tiene su contraparte, es un fastidio lidiar con los maulas pero alguien tiene que hacerlo.

―La primera derrota importante de su Movimiento Prensa Libre en las elecciones del CNP fue ante unos jóvenes llamados Grupo Cuartilla en el 85. ¿Cómo tomó esa pérdida?

―¡Ja! Me acuerdo de eso. Ellos eran unos whaperós, puros carajitos: Bernardo Fischer, Lucy Gómez, Elsi Barroeta, Héctor Landaeta, Javier Conde, Faitha Nahmens y otros más ahí. Realmente no fue una derrota que me molestara demasiado, ya teníamos mucho tiempo ganando elecciones y la verdad es que nunca he perdido el vínculo con el CNP después de eso. Me sigo calando a Maruja y a todos los demás. -Ríe socarronamente- Lo único que lamento es que hayan descontinuado los llamados Cuadernos de Periodismo.

El periodismo se hace escribiendo

―En 1994 se cumplen cincuenta años de la creación del CPD. ¿Tiene algo pensado para su conmemoración?

―Estoy coordinando la edición de un libro que se llamará 50 años del deporte en Venezuela y será como una cronología de los sucesos más importantes de toda esa época en materia deportiva.

―¿Cómo ve la situación del deporte venezolano actualmente?

―Se ha ido aprendiendo con el tiempo. Ha habido muchos errores por torpezas o desconocimiento de las reglas mundiales. Pero hay que apoyar al deporte, hace falta mucho impulso y espaldarazos para mejorar.

―Sus amigos y colegas más cercanos aseguran que escribe muy bien pero las generaciones más recientes jamás han visto algo redactado por usted. En cambio, todos conocen su participación gremial. ¿Por qué prefiere trabajar en la colegiatura y no en el ejercicio del oficio como tal?

―Uno va quemando etapas. Como muy bien sabes empecé a escribir desde muy joven, siempre cubrí la fuente de deportes. Trabajé en Tribuna Popular, Últimas Noticias y El Heraldo como redactor. También estuve en La Esfera, Extra, El Mundo, Venezuela Gráfica, la revista Páginas y Punto en calidad de jefe de información, sección o redacción. Lo más reciente que he hecho es cubrir suplencias en El Universal en la fuente de Internacional. Claro que me he dedicado al ejercicio de la profesión, siempre en paralelo al apoyo al gremio, pero al pasar los años me fui quedando donde hacía más falta.

Enciende un cigarrillo Belmont y fuma sin aspirar el humo. Suena el teléfono. “¡Epa Tobogán! ¿Cómo está la vaina? ¿Seguro ganan esos caballos? Mira que me tienes arruinado con esos datos chimbos. Vale, nos vemos el lunes entonces. Chao.”

Tobogán: así llamaba a Jesús Cova.

Armadillo y camaleón

―Su labor ha estado marcada por un profundo sello social y militó en el Partido Comunista de Venezuela. Sin embargo, algunas personas cercanas a usted aseguran que está de acuerdo con el puerto libre en Margarita. ¿Ese no es un rasgo de economía liberal y, por ende, contrario a la izquierda?

―Es cierto que estoy de acuerdo con el puerto libre. Pero no por los beneficios o daños que eso pueda traer en términos económicos. El margariteño ha cambiado mucho desde que la isla se ha convertido en ruta fija de los turistas. Ahora es más amable, atento y educado. Eso le ha favorecido y a mí me hace feliz. Además, no es un secreto para nadie que si yo le he sido infiel a alguien fue a Irapa, mi pueblo natal, porque confieso que amo más a Margarita.

―En el gremio es apodado Lengua e’ bronce y muchos dicen que tiene un carácter difícil. Sin embargo, dicen que es una coraza para proteger su bondad. Le dicen Bufo para hacer referencia a que su dureza es sólo teatro. ¿Es cierto?

―Puras pendejadas de mis amigos. Ellos mismos saben que algunos me han pedido ayuda con los préstamos de emergencia y si no cumplían con los requisitos no se los daba, así fuesen mis hermanos. Yo siempre trato de ayudar al que le hace falta una mano, pero todo dentro de lo legal y lo justo. No me pueden hacer quedar mal.

―La fama que se ha gestado entre los periodistas es de ser muy correcto y apegado a las normas. Además fuma sin tragarse el humo, ya ni bebe y fue monaguillo del padre Planas. ¿No se considera un poco aburrido?

―¿Aburrido yo? Si tengo que ser un pillastre para que se me considere divertido entonces sí soy aburrido. Pero no me veo así. Lo del cigarro es para evitar que me haga más daño, y me ha funcionado, al igual que reducir la bebida. Además, yo soy un carajo jodedor; adicto al pastel de morrocoy, al güisqui, los chistes de Jaimito y de gallegos, y a reunirme a hablar zoquetadas con la gente. Si no tienes más preguntas podemos dejarlo hasta acá. Eduardito viene por mí dentro de poco si no te importa. Ah, antes de que te vayas, cuando te gradúes no olvides inscribirte en el CNP, y si tienes rollos para conseguir trabajo me das tu currículum que yo veo en qué puedo ayudarte.

 

Enero 2009