Claudio, parte III

Claudio Nazoa habla con un seseo particular. De una conversación común puede sacar cientos de chistes contados de una manera muy seria

 VELAZCO (Small)Es irónico e intenta demostrar que está demente a como dé lugar, lo cual le sirve para no morirse de hambre. Estuvo interno diez años en el hospital psiquiátrico El Peñón, y era tan loco que llegaba a violento. Por eso usó camisa de fuerza. Esta historia ya es difícil de creer pero algunos amigos le llevan la cuerda. “Como estaba prohibido visitarlo, le llevé habanos, vino y whisky. Montó una rumba. Era el rey de su pabellón. Enseñó en El Peñón a hacer pan de jamón y hallacas sin relleno”, cuenta su cómplice, el profesor Alberto Soria.

Claudio dice no molestarse nunca. Soria cuenta que no tiene paciencia para pescar sardinas, mientras que su amiga Andrea Matthies dice que pela los ojos como los de un búho si algo le fastidia: “Porque si está serio es porque está concentrado en hacer las cosas bien”.
Sin embargo, Claudio Nazoa puede tomar como ofensa el hecho de que se diga que el humor del venezolano le resta seriedad a los problemas. “Todos tenemos sentido del humor, y a medida que existe mayor presión sobre la gente, más se agudiza éste. Es lo que está pasando actualmente en Venezuela, hay más represión, cada día van cerrando más puertas, hay más miedo y el miedo es lo que hace a la gente más sutil con la crítica”. Por ello considera muy importante que en medio de tanta represión y tantas amenazas, florezca el humor. “Mi padre decía que el humor hace que la gente piense sin que el que piensa sepa que lo está haciendo”.
Los sueños de Claudio son tan exóticos como su personalidad, pues sueña con ser arquitecto y construir su propio resort, ser nombrado maestro coreógrafo del Lido y  poseer un castillo en las Tierras Altas de Escocia (para beberse el whisky con agua natural). Mientras tanto, Claudio Nazoa seguirá mezclando los ingredientes para llevar adelante su “demencial” vida, enfrentándola con humor y cocina.
Uno tiene una vida que uno se la buscó, los huevos y la sardina me lo busqué yo mismo y tengo que aceptar las consecuencias, el fastidio de eso, que la gente cada cinco minutos te diga ‘coman huevo, coman huevo’. Yo cargo una cruz de huevos, ¿me voy a poner bravo a estas alturas? No puedo.