Una cruz de huevos

NAZOA (Small)Está marcado como el hombre de las sardinas y de los huevos, ha publicado varios libros, escribe para El Nacional y para la revista Clímax. es aficionado a los embustes y cocina un pan de jamón pintado con papelón. Tiene una faceta filosófica a medio esconder

Angélica M. Velazco J. / Cursante actual de Entrevista Periodística

El humor no pasa inadvertido en ningún sitio, menos en Venezuela, y aún más con la cara y los bigotes de Claudio Nazoa, con todo el respeto que se merece, Barón de Maratea.
Está a punto de cumplir 60 años de edad, pero cuenta con la suficiente energía para hacer varias cosas al mismo tiempo, entre ellas dar entrevistas, aunque les huya.
Llega a todas partes en un carro Ford LTD Crown Victoria color azul marino, importado del año 1989. Indica orgullosamente que es de ocho cilindros e inyección directa y que es su dueño desde 1992. El sólo verle directamente a los bigotes ya da risa, pues sus puntiagudos extremos son producto de un ritual, para el que no requiere ningún producto artificial. “Mira, es la única cosa que yo a ciencia cierta puedo controlar de mi cuerpo, es la única cosa que se levanta, que hace caso, por eso es que lo hago”.
Si de personalidad se trata, el profesor y chef, Alberto Soria define la de Claudio Nazoa como la de un hijo de Aquiles Nazoa. “Es una persona sensible, solidaria, crítica, observadora, que no puede vivir en soledad. Es un trabajador incansable, incapaz de vivir sin hacer nada”.
Del mismo modo, este humorista admite sin vergüenza alguna que le miente a la gente, por lo que siempre advierte prestar atención a lo que dice. “Mira, hice un libro y en la contraportada escribí: ´Claudio Nazoa es un embustero compulsivo, capaz de meter los peores embustes de su vida con la cara muy lavada, en este instante le está mintiendo. Él estudió medicina en la Universidad Central de Venezuela…´ Y ahí yo le dije a la gente que le estaba cayendo a mentiras y se lo creyeron”.
 
Antes de sardinas y huevos
Parte de la infancia de Claudio Nazoa se da en el exilio. Contando con seis años de edad, el gobierno de Marcos Pérez Jiménez expulsa a su padre Aquiles a Bolivia durante tres años, todo por publicar un artículo humorístico. Se fueron sin absolutamente nada y vivieron su destierro dignamente. El profesor Germán Flores, quien inició la amistad primeramente con el poeta Aquiles Nazoa, agrega:
Esa experiencia es el primer recuerdo de Claudio. Yo me pongo en su pellejo y creo que no me hubiera recuperado nunca. Eso no lo marcó, porque no he visto en sus escritos espíritu de venganza. Es un hombre totalmente ecuánime, sereno, echador de broma.
De su infancia, Claudio sólo comenta: “Yo chiquito era tan feo pero tan feo… ¿Te imaginas esta cara en un recién nacido? Yo creo que sí soy gracioso desde chiquito”.
Durante muchos años de su juventud Claudio hizo títeres y marionetas, estudió en la Escuela Nacional de Teatro y luego artes en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador. El profesor Flores agrega que este personaje siempre fue rebelde, por lo que no era tan aplicado como se esperaba por ser el hijo de un poeta, periodista y humorista.
Claudio Nazoa no se autodefine como un escritor, sino como un echador de cuentos. No se sabe cuándo dice la verdad o está mintiendo, se burla de quien sea en cualquier momento sin que, milagrosamente, la persona se moleste.
Tiene un cuaderno al que llama laptop, en el que anota cuanta idea se le ocurre, cuanto número de teléfono le dan y sin ningún orden, pero lo más misterioso es que al momento de buscarlos, se coloca los lentes y los encuentra rápidamente.
Así, Nazoa ha publicado varios libros con temas de cocina, humor e infantiles. Entre ellos destacan: Quién se ha llevado mi papelón y Mi vida de monja. También escribe para El Nacional dos veces por semana y mensualmente para la revista Clímax, de cuya editora admite estar enamorado, a pesar de estar casado.
Sus textos se basan en cuentos cotidianos; desarrolla de la nada un gran tema, pues no le gustan las cosas raras ni el lenguaje rebuscado. Claudio siempre ironiza de los intelectuales que presumen por sus textos complejos y aburridos.
En este ámbito, los hijos son claves. Claudio dice tener “la parejita”. “Tengo un hijo de 36 años y una niña de seis (en diferentes administraciones, por supuesto)”. Con su hija Valentina, a quien en primera instancia la llama “María Viagra”, Claudio ha aprendido las diferencias entre el hombre y la mujer, cosas que antes sabía pero no las había vivido.
Me di cuenta de que lo bueno es para todo el mundo, y lo malo también, es decir, un buen libro le sirve tanto a un niño como a un adulto.