CÓMO APRENDIÓ TALESE A ENTREVISTAR

Gay Talese es uno de los más prestigiosos periodistas norteamericanos, y sobre Vida de un escritor ha dicho el Washington Post Book World: «Es como si Homero lo invitara a uno a tomarse un martini en un cómodo bar y luego le dijera: «Déjame contarte sobre mi vida, pero primero empecemos con Aquiles»»

 

Las primeras cien páginas de Vida de un escritorAguilar, 2009− son deliciosas, llenas de visitas al legendario boxeador Floyd Paterson, personajes del jet set norteamericano como Patrick Shields o Adolph Ochs –fundador del New York Times− y paseos por una niñez difícil para un italianito en manos de quarterbacks irlandeses en la escuela local de Ocean City. Lobo de mar en mil batallas, Talese, ya se encuentre en China o frente a un televisor para mirar un partido de los Yankees, sabe exprimir la actualidad. A todo le saca provecho porque enfoca los detalles y los rostros.

Las siguientes quinientas páginas no sobn menos deliciosas. Vida de un escritor es un libro que deben leer todos los que quieran ser periodistas y no simples reproductores de declaraciones anotadas a toda prisa en un Blackberry muy sofisticado pero muy inútil. Poco conocido en Venezuela, Talese es, digan lo que digan, uno de los maestros del periodismo vivos que pueden compararse a García Márquez, Capote o Wolfe. Aquí te abre las puertas de su estudio en las casas que posee tanto en Nueva York como en New Jersey, esta última para los fines de semana.

Dos casas, dos estudios, dos de todo: cada vez que va a comprar algún objeto, lo compra doble, sea una engrapadora o una computadora.

Te abre las puertas de su estudio, pasas y te sientas en su silla de rueditas –las de ambas casas chirrían exactamente igual. Puedes echarle un vistazo a su Olivetti o a la vieja Macintosh de pantalla poco más grande que una postal.

Asegura que las mejores noticias, en su vida de reportero de la sección de deportes, las ha encontrado en los vestuarios de los equipos perdedores. ¿Y no es curiosa la manera en que aprendió a escuchar a la gente, detrás del mostrador de la tienda que tenía su madre en Ocean City, oyendo a las comadres mientras elegían sus trapos de primavera y se confesaban ante la señora Catherine Talese Di Paola? Eran esposas de banqueros, de pastores, jugadoras de bridge de talla grande a la usanza de Eleanor Roosevelt. “La tienda era una especie de talk show en el que la conversación fluía gracias a la simpatia de mi madre y sus oportunas preguntas…”.

Agazapado detrás del mostrador, el niño Talese aprendió herramientas de la entrevista. Cuenta que allí escuchó por primera vez acerca de temas sociales y políticos sobre los cuales se discutiría en Estados Unidos desde entonces (finales de los cuarenta), como la religión metida en la alcoba de la gente.

Cada uno de sus libros, se jacta Talese, no baja de las quinientas páginas. Y en cada uno de ellos invierte años investigando y puliendo las frases que primero escribe a mano./SN