Recuerdos de un colombiano

 

Estuvo en Caracas la última vez, en el hotel Palace de Altamira, para celebrar los 25 años de Cedice junto a Mario Vargas Llosa y Enrique Krauze, entre otros. Su hermana Soledad, siempre con cara de palo, lo rondaba; pero él accedió a meterse en el túnel del tiempo para recordar su etapa de reportero durante el perezjimenismo. Puede que el cuento ya lo haya echado, pero siempre es evocador escucharlo de la propia fuente  

Sebastián de la Nuez

Este es un extracto de un libro en preparación sobre la historia del periodismo venezolano.

«Un mes antes de esos acontecimientos [el derrocamiento de Pérez Jiménez] había llegado García Márquez aquí. Yo lo traje. Lo traje porque estaba en una situación muy difícil en París. Rojas Pinilla había cerrado El Espectador en Bogotá y el Gabo pasaba una situación económica muy dura. Le dije que se viniera. Llegó el 23 de diciembre del 57 y nos tocó todo ese proceso extraordinario: el regreso de los exiliados, la creación de nuevos medios de comunicación… Entramos en una Venezuela sorprendente que no conocía. Antes era una Venezuela pasiva, que no hablaba nada de política. No se sabía nada».

−En la revista Venezuela Gráfica también trabajaron.

−Nos habíamos salido de Élite, peleamos con Ramírez McGregor y renunciamos. Creo que yo fui a trabajar a El Mundo y a García Márquez lo llevaron a Venezuela Gráfica.

−¿Ya en ese tiempo estaba consciente de que hacer buen periodismo es hacer, también, una forma de literatura?

−Creo que sí. Porque el periodismo puede ser un género literario a condición de trabajarlo bien, hacerlo con la exigencia con que se trabaja un texto literario… Depende. El periodismo puede ser un enemigo de la literatura, también, si uno tiene que ganarse la vida y no tiene tiempo de escribir de verdad. Hay mucha vocación literaria que se ha visto frustrada por el periodismo. Pero también hay una tradición internacional de escritores que han visto en el periodismo un género literario. Estoy pensando en Dos Passos, Capote, Hemingway. Hago una diferencia: hay textos dictador por la coyuntura inmediata, que no tienen ninguna sobrevivencia. Y de pronto me detengo a escribir textos más elaborados que recojo después en libros.