Mi tarde con Luis Tascón

Fue un día de noviembre de 2007 cuando entré al apartamento de Luis Tascón en la avenida Libertador. Un edificio gris lleno de puertas negras mirando hacia esa esquina sucia de la avenida con el elevado en el medio. Por debajo, de noche se pasean prostitutas, y de mañana también. No es lejos de la avenida Lima, en cuya esquina está el edificio donde vive Domingo F. Maza Zavala. Un día que fui a entrevistar al ex director del BCV me salieron al paso varias putas preguntándome si yo hablaba español. Bueno. Pues en esa misma zona es donde está, o estaba, la morada caraqueña del tachirense, ese enemigo de medio país. Un apartamentico con un televisor modesto en la esquina de la sala debajo del cual estaba conectado un DVD destinado a atiborrarse de puñetazos y sangre ketchup. Un montón de películas piratas de terror y acción.

Eso es lo que le gustaba a este muchacho que no podía ser enemigo de nadie, visto así, con su franela barrigona ofreciéndome café, apoltronado de medio lado en el sofá forrado en semicuero baratón. Ahora que ha fallecido, supongo que en realidad esa percepción que tuve fue la más acertada: ¿cómo puede este muchachón ser un malvado, con ese retrato de Nathaly enfrente?

Sin embargo, me senté en el sillón aledaño muy en guardia para tratar de acogotarlo con sus propias palabras al menor desvarío o contradicción. Pero no hubo doblez en la tersura de su discurso, tan candoroso como inútil ya, a esas alturas, para una revolución que exige continuamente grandes dosis de mala leche −en el mejor sentido castizo− renovadas con puntual energía.

Creo que, a fin de cuentas, Tascón no fue enemigo de nadie excepto de sí mismo.

El antetítulo que le puse a la entrevista: «Luis Tascón, marcado por La Lista». Con altas y bajas y en cursivas, como si fuera el nombre de una de sus películas de acción. Y el título:

El martirio le sienta bien

Tanto lo marcó la lista que, el día en que se anunció su fallecimiento (jueves 12 de agosto), corrió por twitter un chiste: una vez llegado ante las puertas del Cielo, San Pedro le anuncia que no figura en la lista. Esta es una versión sintetizada de la entrevista publicada en Tal Cual pocos días después de aquel encuentro de finales de 2007.

 

Sebastián de la Nuez

El diputado por Táchira, miembro de la Comisión de Ciencia y Tecnología en la Asamblea Nacional, camina sobre la cuerda floja muy a sus anchas, cautivo de la notoriedad, inscrito en el PSUV y sin embargo, hasta nuevo aviso, expulsado de sus filas por un malentendido. Detrás de todo, insiste, hay una “mano pelúa”. Fanático de youtube y de las películas pirateadas, su única aspiración, dice, es ser un buen diputado y vivir tranquilo.

Le tiene guardado un reproche a Chávez, nada menos que al líder de su revolución: nunca debió hablar en aquella alocución de la lista de Tascón, sino de Súmate, organismo que la construyó.

Su explicación sobre el reciente asunto de la expulsión es que todo se deriva de una nota que apareció en El Universal, donde se afirmaba algo que en realidad nunca dijo: que apoyaba a Baduel en su deserción. De modo que todo este jaleo de su expulsión de las filas del neonato partido de Gobierno es un soberano malentendido. Pero detrás de todo hay una “mano pelúa”, insiste. Incluso la nota del matutino acuñaba una frase que él no utilizó: que Baduel es un revolucionario a toda prueba.

Cierto: las manos pelúas se llevan bien esta temporada, y eso hace link con la derecha endógena a la que acusa de forma etérea, sin nombres. Luis Tascón, nacido en Capacho y votante por primera vez en 1998 aunque tenía edad para hacerlo ya en 1988, es algo más que este episodio que seguramente será superado. Tascón significa apartheid, o al menos así se piensa a sí mismo en referencia a la oposición. El sector “oposicionista”, como gustan decir ahora los líderes estudiantiles chavistas y anclas de VTV, es entonces su principal razón para no comulgar en absoluto con Raúl Isaías Baduel. “Estoy con Chávez y la revolución. De aquí salgo muerto. Es la única forma de salir de este proceso”, afirma.

Sentado en el sofá de su modesto apartamento situado en la ladera más inhóspita y ruidosa de la avenida Libertador, en Maripérez, descalzo, con su franela roja amoldada al abdomen que más bien parece una almohada, vaqueros amplios, Tascón semeja un muchachón inofensivo con las convicciones muy a la vista, a flor de piel. El apartamento luce el aspecto de quien hace poco se ha mudado. Hay un DVD sobre una repisa baja y películas piratas se apilan en un lado. Predominan las de terror y se excusa diciendo que a su mujer, Nathaly, le gusta el género. Sin embargo, ella vive en Valencia –donde trabaja en una oficina pública− junto a la pequeña fruto de la unión matrimonial. De modo que él se reparte semanalmente entre  Táchira, Valencia y Caracas. “La piratería es una maravilla”, dice.

No hay nada colgado en las paredes. Una señora de servicio trasiega en la cocina y, al rato, se despide. En el centro de la sala, sobre una mesa, una torre Eiffel en hierro, bastante pesada, y un retrato de Nathaly con la niñita, ambas sonrientes.

Tascón sabe del odio que le profesa la oposición. Es algo que parece afectar sus decisiones personales, el fantasma de esa inquina. Dice que no tiene posibilidades de marcha atrás pues ha puesto su pellejo al lado de la revolución, y por eso es absurdo que la mano pelúa haya promovido un informe en el que se le acusa de haberse solidarizado con Baduel.

Yo por la revolución tengo que dar la vida si es necesario, porque mi vida ya es la revolución. Y no lo digo de una manera populista; es una realidad. No tengo marcha atrás. Es un compromiso de vida. Humanamente no tengo posibilidades.

Si el periodista le dice que un hombre siempre tiene alternativas, contesta que él no. Que es uno de los hombres más odiados por la oposición en Venezuela. “Con razón o sin razón, por lo de la lista. Ahora pregúntame si tengo alternativas fuera del chavismo. En un supuesto negado, si este gobierno cayera, a mí me harían un juicio ficticio y me estarían acusando por violación de los derechos humanos. O sea, yo con la oposición, nada, sino enfrentarla y derrotarla. No hay alternativas.  Estuve en las interpelaciones, en el Tribunal Supremo respaldando el proceso, en la calle… Detecté las firmas de las planillas planas y fui al Consejo Nacional Electoral. Además de que creo que este proceso es el camino para la transformación del país, con errores pero perfectible, yo no tengo salida; estoy comprometido. Bien estúpida la persona que piense que puedo dar marcha atrás”.

 

Ay, este escozor moral

Esa nota de El Universal, a partir de unas declaraciones suyas a Radio Fe y Alegría, fue utilizada para hacer un informe elevado a las autoridades disciplinarias del PSUV. No sabe quién lo redactó. El jueves de la semana antepasada por la tarde, Freddy Bernal se reunió con la dirigencia del partido en el estado Táchira y allí habló de la expulsión. Inmediatamente abrió fuegos Lina Ron, aconsejándole que se fuera con Baduel; Carlos Escarrá también se refirió al caso, y lo tildó de traidor. Pero la expulsión no le importa. Dice que aclarará ante Chávez qué fue lo que sucedió allí. “El problema no es la expulsión, sino el ataque moral”.  Que le digan traidor es lo que le molesta. La descalificación moral le preocupa. En todo caso, asume la expulsión y no va a pedir cacao. Diosdado Cabello es la máxima autoridad disciplinaria y no se ha comunicado con él.

Y le molesta también la actitud de Roberto Hernández: “Bien sabe que no estoy partiendo de una mentira”. Dice que con su caso se está jugando al desgaste del chavismo. A su desmoralización. “Sencillamente fui decente, caballeroso, con Baduel, y eso no debe entenderse como debilidad”. En resumidas cuentas, lo que él hizo fue “respetar la condición humana de Baduel”. Pero jamás lo tildaría de traidor. No podría llamarlo así teniendo a Arias Cárdenas en la posición en que está. Desde ese punto de vista, Tascón es consecuente, pues se sabe que salvó el voto al ser postulado el ex gobernador del Zulia y candidato “opositor” a Chávez como embajador ante Naciones Unidas.

Por otra parte, es verdad que Mario Isea lo invitó a una reunión a las diez de la noche de aquel jueves, pero Tascón no pudo asistir pues debía levantarse temprano al día siguiente para asistir a un programa de TV. Sin embargo, no involucra a Isea en la confección del informe; simplemente “lo utilizaron como puente”.

 

Vivir tranquilo

Nació en Capacho (Táchira) dentro de una familia de seis hermanos: una hembra mayor y luego cinco varones. Sus padres son colombianos. Los hijos nacieron regados entre Colombia y Venezuela. Luis es el penúltimo. Estudió Ingeniería Eléctrica en la ULA, militó en la llamada Desobediencia Popular y luego se vino a Caracas para trabajar en la construcción de la Línea 3 del Metro; de allí se retiró para independizarse laboralmente en San Cristóbal. En 1998 lo llamaron a una reunión en la tasca La Molinera, en Capacho, para “formar el partido de Chávez”.  Asistió y a partir de entonces su vida ha sido otra. Allí conoció, por cierto, a la Fosforito. Su pana.

A Globovisión no regresa porque una vez le hicieron algo que no perdona. Fue en una entrevista con Roberto Giusti. Había otro invitado esperando, y en el intermedio, mientras pasaban comerciales, este otro invitado, un periodista del diario Reporte, se enzarzó en una discusión con Tascón. El episodio fue grabado y lo pasaron en la tarde, durante Aló ciudadano, sin advertir de esto a Tascón. “Eso fue una falta de ética terrible y no voy a volver a los estudios de Globovisión… Una cosa es que tengas diferencias políticas y otra es que seas un comemierda”. Y pidió que le mantuviera el “comemierda”.

Por otra parte, si alguien le dice que quizás sea más democrático que el propio Chávez, pondrá las cosas en equilibrio: es que al Presidente le han tocado grandes traiciones, desde la de su esposa hasta aquellas protagonizadas por Miquilena, Rosendo y otros militares “que fueron sus hermanos”. Al picado de culebra, la lagartija lo asusta. Así dice Tascón. Después de las traiciones de 2002, Chávez maduró muchísimo. Ajá.

Apenas ahora estamos perfilando el norte del proceso hacia la izquierda, hacia el socialismo… El chavismo era originalmente sólo bolivariano, fundamentalmente nacionalista, y allí concurrieron  muchas corrientes. Creo que se ha ido decantando la derecha: en el golpe de Estado, en el paro petrolero y en diversas circunstancias que se han venido dando, y hemos ido profundizando el camino hacia la izquierda.

De modo que así piensa y así vive este expulsado (o quizás no) del partido de Gobierno. Sobre su vida cotidiana afirma:

Uno vive muy apegado a su entorno, a su grupo, a su gente, a su familia. Uno no tiene la libertad de ir a cualquier sitio, al cine, a una discoteca, a un espectáculo. Siempre hay limitaciones.

Recuerda como el peor momento en su historia personal como líder político cuando asistió a un acto de fin de año de su hija y unos infiltrados le hicieron el momento imposible, pitándolo y diciéndole pesadeces. En todo caso, no ve difícil el triunfo del el próximo 2 de diciembre pues hay muchas fortalezas a favor del chavismo.

Seguro que las hay. Y Tascón anota una definitiva: la logística. Ya se ha visto.

Pero, ¿de qué sirve tanta logística, tanta organización, tantos recursos, tanta lista de personas firmantes o que están por desertar si ni siquiera puede uno ir tranquilo a una fiesta de fin de año en un kínder?