UNA VISITA AL BANCO DEL LIBRO

He aquí una entrevista con dos de las personas que dirigen el Banco del Libro, la institución que se adelantó al Oscar de este año al reconocer los méritos de Shaun Tan (en la foto a la derecha), el australiano que ganó la mención al cortometraje animado con The lost thing. En el Banco del Libro se dieron cuenta de su valía ya desde que editó Emigrantes en español (2009), y Tan les ha dado permiso a los venezolanos para que utilicen un precioso dragón psicodélico en una invitación, y otra ilustración suya en el almanaque del año próximo. Tan y el Banco del Libro, una llave y una excusa para asomarse a la literatura infantil

 Sebastián de la Nuez

Cuando fui al Banco del Libro –en Altamira Sur, al lado de un outlet center muy popular− el miércoles siguiente al domingo 27 de febrero, estaban varias mujeres jóvenes reunidas en una salita del segundo piso. Eran bibliotecarias, funcionarias adscritas a la Dirección de Bibliotecas Públicas, seleccionando los tres nuevos libros infantiles que deberán ser considerados fundamentales. ¿Fundamentales para qué? Pues para empujar a los niños a deslizarse por el laberinto que conduce hacia las mil y una noches. Tres libros que deben ponerse al alcance de los menores en cada biblioteca escolar del país; tres libros para que el niño criollo tome de la mano a su respectivo genio sensible y travieso y juntos vayan a correr aventuras.

Tres libros para sumergirse en los mundos infinitos de la lectura, donde encontrará quizás a tío Conejo o a tío Tigre pero también a Huckleberry Finn o a una madre que cada mañana se convierte en puercoespín.

 

LOS MEJORES DE CADA AÑO

 Desde hace 31 años, el Banco del Libro recibe decenas de títulos donados por editoriales en lengua española, pues esas editoriales saben que esta institución hará el mejor uso de ellos. Los mejores pasarán a nutrir un catálogo que se renueva cada año: El Banco del Libro recomienda / Los mejores libros para niños y jóvenes. Con esa selección se arma una exposición durante algunos días del mes de abril, que es el mes de celebración del libro.

María Beatriz Medina (en la foto de arriba), directora, explica que en el año 2009 esta exposición se fue de fiesta a la Feria del Libro de Guadalajara, en México, y que en 2010 fue llevada a Bogotá. Le pregunté entonces si hay experiencias similares a la del Banco del Libro en otros países latinoamericanos.

−No. Pero hay una institución que se llama Fundalectura Colombia, que tiene unos 35 años: fue hecha a imagen y semejanza del Banco del Libro. Una persona hizo una pasantía aquí y después creó Fundalectura Colombia.

En España también nació una entidad que se fijó en lo que había hecho el Banco y se llama Fundación Germán Sánchez Ruipérez, en Salamanca. También le pregunté cuál es la finalidad de este evento que hacen con los libros seleccionados y reconocidos (aunque no hay premio como tal, sí puede hablarse de reconocimiento o distinción).

−El fin es orientar. Queda el boletín y un reconocimiento. Cada año hay diez títulos nuevos reconocidos como los mejores. Pero también menciones especiales y ahora estamos seleccionando libreros venezolanos que se dedican a la literatura infantil.

Se escogen cinco originales y cinco traducciones infantiles, así como cinco originales y cinco traducciones juveniles más los tres imprescindibles de las bibliotecas y las menciones especiales.

Por supuesto. autores y ediciones venezolanos han sido seleccionados y distinguidos. Ediciones Ekaré y Camelia Ediciones se encuentran entre las mejores iniciativas, dentro de este rubro, en el país.

Por otra parte, la editorial Bárbara Fiore es una maravilla nacida en España: basta ver el trabajo que ha hecho con Shaun Tan, el ganador del Oscar al mejor cortometraje animado de este año con La cosa perdida (The lost thing), precisamente basado en uno de sus libros infantiles que Bárbara Fiore tradujo al español. Aunque, la verdad, Tan no necesita mucha traducción. Su obra maestra es Emigrantes, una novela gráfica completamente muda y que, sin embargo, lo dice todo acerca de la nostalgia y las posibilidades de la integración entre culturas diferentes. En su oportunidad, Emigrantes fue obra calificada por el jurado del Banco del Libro como «entrañable». Para quien desee tener un ejemplar en su casa, y no conformarse con nada más hojearlo en la biblioteca del Banco del Libro, puede que todavía consiga alguno a buen precio (relativamente) en VDL Books del Centro Comercial Sambil.

En fin, allí quedaron las damas enfrascadas en una discusión en la salita acerca de los libros que, teóricamente, deberían estar en las bibliotecas para niños de toda Venezuela. María Beatriz me llevó a la planta baja, donde trabaja Freddy Gonçalves. Gonçalves estudió Letras, escribe telenovelas y coordina el comité de selección de las obras que recomendará el Banco.

Como es un entusiasta y un coleccionista de libros infantiles, cuenta que llevó Emigrantes para dar charlas en el Instituto de Diseño Gráfico, y a un señor del cual conoció su condición de emigrante se lo enseñó y vio en su rostro la impresión que le causaron las ilustraciones del barco imaginado por Shaun Tan. La verdad, no es cualquier barco. Ese barco abierto a doble página dentro del libro de Bárbara Fiore es un portento y encierra un misterio, quizás una enorme tristeza. Y hay, además, una nube gigante arriba, y siguen muchas viñetas con diferentes formas de nubes. A ese señor a quien Gonçalves le mostró el libro se le removieron tantas cosas en su interior que tuvo que cerrarlo y decirle: «No estoy en disposición de verlo ahora porque esta es la imagen que uno realmente ve cuando viene en un barco».

 

DIFÍCILES DE CONSEGUIR

 Esos libros, por el asunto de los dólares, cuestan muy caros. Entonces le pregunté a Gonçalves qué valor tiene que ellos en el Banco reconozcan algo en verdad inaccesible para un niño venezolano. Contestó que hay una enorme cantidad de libros que llegan del mundo hispano, y no pueden ser ignoradas tantas obras que marcan un camino, que abren puertas, que representan virtudes universales. La muestra es tan amplia que es muy difícil dejarla de lado, aun cuando en el Banco toman muy en cuenta la producción venezolana.

−Pero aunque sean difíciles de conseguir por el asunto de los dólares, el Estado puede ponerlos en las bibliotecas escolares. Para eso se hace el boletín, donde están las reseñas de los libros y, al final, los datos de cada una de las editoriales. Es decir, uno deja el espacio abierto para que los interesados puedan traer los libros. Colegios privados o públicos lo pueden hacer. Y lo han hecho: el año pasado ocurrió un fenómeno, y es que dos de los libros que quedaron ganadores estuvieron entre los más vendidos. Uno de ellos fue incluso una novela para niños.

 UNA ENTIDAD CONSTANTE

 De modo que fue hace 31 años cuando comenzó este programa anual de selección de novedades en libros infantiles editados en idioma español. Pero resulta que el Banco del Libro se inició hace mucho tiempo, en los albores del gobierno de Rómulo Betancourt. Cuenta Virginia Betancourt que, en 1959, un grupo de venezolana se acercó a la entonces primera dama, Carmen Valverde, y le solicitaron su apoyo para realizar una campaña, en Caracas, de recolección de libros de texto usados que serían destinados a los escolares más pobres «…a quienes se les entregarían mediante el canje de los de un año por los del siguiente, y los libros sobrantes serían entregados a las bibliotecas escolares». Doña Carmen Valverde acogió la idea.

Ese fue el origen del Banco del Libro.

Por cierto, ya está impresa la invitación para la exposición correspondiente a este año y su lema es el del Banco: «Leer es un placer». El emblema, ese rutilante dragón-papagayo de remembranzas psicodélicas, prodigio del oscarizado Tan.

En el Banco del Libro hay un tesoro. No es Shaun Tan todo lo que allí brilla. Allí están, por ejemplo, libros de venezolanos como Eduardo Polo y Mireya Tabuas. Polo tiene un pequeño volumen de rimas para niños editado por Ekaré, Chamario, con prólogo de Eugenio Montejo, que es una mezcla de amor lúdico por la palabra y solidaridad con los animales de cualquier pelaje. Algo que en cualquier escuela venezolana debería ser libro de cabecera. Vean esta pequeña joya que Polo tituló «Cuando yo sea»:

Cuando yo sea grillo / cantando a la luna / si oyes mi organillo, / dame una aceituna.

Cuando hormiga sea / cargando un gran peso, / que al menos te vea / a la luz de un beso

Cuando sea ciempiés / con mis cien botines, / deja que una vez / cruce tus jardines.

Cuando no sea nada / sino sombra y humo, / guárdame en tu almohada / que yo la perfumo.