ENTREVISTA CON ROSA MONTERO

Aun cuando se produjo en junio de 2008, esta conversación sostenida con la ex periodista y ex fumadora Rosa Montero en una cafetería de Madrid recobra vigencia con el tiempo y resulta enriquecedora para las nuevas generaciones

Sebastián de la Nuez

Hasta ahora no la había publicado completa –sólo un extracto en el diario caraqueño El Mundo− pero creo que lo que dice esta pródiga autora de crónicas, semblanzas y entrevistas de creación –más de dos mil desde principios de los 70− es de provecho sobre todo para estudiantes de Comunicación Social y Letras. Debo decir que ese abandono del periodismo al que alude se ha cumplido en la realidad. Ahora es escritora. Su fama de entrevistadora informada, sagaz, preciosista con la palabra y de una risueña militancia feminista la cambió por el afán del best seller. Tiene aspiraciones de gran vendedora. Lo ha logrado, al menos en parte, pues el tesón y el talento no se los dio ni se los quitó el periodismo. La saga que anuncia en este diálogo ya parió su primer señor de los anillos y se llama Lágrimas en la lluvia.

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Rosa Montero ha hecho más de dos mil entrevistas y crónicas a lo largo de su carrera; las mejores, recopiladas en los volúmenes Entrevistas y Lo mejor de Rosa Montero.

−Había algo que decía Oriana Fallaci: de sus entrevistados, gente poderosa, le interesaba ver qué los diferenciaba de “nosotros”. Y cuando decía eso supongo que se refería a la gente normal.

−¿Ella era normal, Oriana Fallaci? Joder. Era una neurótica impresionante y completamente anormal en todos los sentidos. La normalidad no existe, creo yo, por otro lado. Pero bueno. Yo lo que busco en las entrevistas es intentar entender al otro. Ponerte en el lugar del otro. Es lo mismo dicho de otra manera. Es lo mismo que hago con mis personajes narrativos: intentas meterte ahí y ver el mundo desde ese otro lado. Es lo que he hecho yo. Ponerme en la cabeza del otro.

−Y cuando hace usted los perfiles de mujeres que han estado a la sombra de hombres reconocidos [Historias de mujeres] los llama ensayos biográficos. ¿Me podría aclarar la diferencia entre un ensayo biográfico y una semblanza?

−Bueno, la semblanza es un género periodístico y en ese sentido conlleva una cierta superficialidad. El ensayo biográfico tiene un trabajo mayor. De hecho, los de ese libro implicaron un trabajo brutal. Hasta el punto de que tuve la idea de hacer otro volumen y cuando lo estaba preparando ya lo dejé porque me siento incapaz de meterme en un trabajazo así. Mientras que una semblanza, que yo he hecho muchas, es una cosa más superficial y pueden ser personajes vivos y puedes hablas con ellos, aunque no como entrevista. Las de Historias de mujeres eran todas gente muerta.

−¿Hay para usted alguna diferencia entre la semblanza y el perfil?

−Creo que no. De hecho, se llama de diversa manera dependiendo de los países. En todo caso, poniéndonos a buscar el sexo de los ángeles, la semblanza depende más de la visión de quien escribe y es más literaria. La semblanza puede ser lo que un personaje le parezca a un escritor, mientras que el perfil está más basado en datos objetivos y cuentas más lo que hizo y lo que no hizo. Es una labor más de hemeroteca, por así decirlo. La semblanza es algo más literario y es más la visión del que lo hace. Pero es eso: dices semblanza en algún país y no te entienden, y viceversa.

−Para mí hay una diferencia fundamental: que el perfil parte de un hecho noticioso que le ha sucedido al perfilado.

−Podría ser, sí. Sin embargo, con esta confusión, muchas veces te piden que hagas una semblanza para acompañar una noticia actual.

Todo lo contesta con premura, casi atropelladamente. En la dedicatoria que garabatea en el ejemplar de Estampas bostonianas y otros viajes, que le he llevado para que me lo firme, agradece zalameramente «…tus inteligentes preguntas», sabiendo muy bien, luego de más de dos mil trabajos de este tipo publicados, que en una entrevista le toca la parte más fácil a quien pregunta. Estampas bostonianas y otros viajes es un racimo de crónicas que apareció primero en su periódico de toda la vida, El País.

−Pero usted ya no es periodista sino escritora, por lo visto. Ya no iría a Venezuela a hacer una crónica.

−Ahora ya no. Oye, que llevo 37 años siendo periodista. Desde los 19. Y estoy harta. Te cansas. Cansa ser periodista. Es un trabajo muy exigente, ¿no?