Cuarenta y tantos años de Soledad

Soledad Bravo fue descubierta por Sofía Imber cuando la cantante estudiaba en la UCV. Ahora prepara un nuevo disco llamado 40 años no son nada y le escribe correspondencia a la mandataria de la primera potencia de Latinoamérica. Soledad no solo es voz, también es corazón, pasión y política

Fernanda Cabrera

La casa Sánchez-Bravo es un refugio para la familia. Se encuentra al sureste de Caracas, en una zona agreste, aunque urbanizada, sobre las alturas de El Hatillo. Fue diseñada por José Fructuoso Vivas, mejor conocido como Fruto Vivas, y está situada al borde de una quebrada  llena de bambúes desde donde se divisan los Valles del Tuy. La construcción está completamente integrada a la naturaleza y combina armoniosamente materiales como hierro, madera, piedra y cristal; como suele ser frecuente en las casas diseñadas por este reconocido arquitecto venezolano.

Al igual que su casa, Soledad Bravo es una composición armónica que equilibra su vida laboral e íntima. Sigue la rutina de toda ama de casa y define los lugares que más disfruta como “los espacios de mi vida”. Uno de ellos es la cocina, en donde se entretiene cocinando y se expresa artísticamente a través de cada plato que elabora para su esposo Antonio Sánchez, su hija y sus dos nietos. “Cocinar es una obligación a la que me entrego por tradición familiar y deseos de regalarle a los míos los sabores de la Rioja, de donde provengo; de la España en que nací y de la Venezuela que me crió y me formó, a la que amo entrañablemente”.

El otro espacio de su vida es su amplio dormitorio en donde se recluye a leer —todo tipo de literatura, desde los poetas del 28 hasta Sábato o Dostoievsky—, a ver televisión —disfruta las películas viejas, nuevas, clásicas, románticas y épicas—, a estar con sus nietos y  con sus mascotas a quienes también considera integrantes de la familia. Hoy la acompañan dos felinos, Gatúbela y Gaby, y dice recordar con gran nostalgia a Wimpie, una west highland terrier, su compañera durante 16 años. Soledad Bravo es una gran amante de los animales; llegó a adoptar también a un gallo y a una gallina.

Soledad ni tan sola

Cuarenta y tantos años después del comienzo de su carrera como cantante, Soledad Bravo mantiene los rasgos de su juventud: grandes ojos, marcados pómulos, oscura cabellera y una gran sonrisa que se vislumbra constantemente. Una de las cosas que la diferencia de esa chica pionera de la nueva canción latinoamérica es que hace dos años dejó su hábito de fumar que mantenía desde los quince años. Más que una cantante, Soledad Bravo ya es un concepto que se ve reflejado en todas las facetas de su vida y en todo lo que hace. Ella se autodescribe como “sencilla, sincera y vertical”. Lo de sencilla sumado a la comodidad –que ella continuamente busca– resumen su modo de vestir tanto en su día a día como en su vida social o en sus conciertos. Siempre viste sandalias y batolas –algunas son hindúes, otras pueden ser mexicanas–. “Me encantan los huipiles mexicanos, que llevo desde que fuera a cantar por primera vez a México, ya hace casi cuarenta años”.

Esta constancia en su imagen exterior es también reflejo de su interior, es muestra de su constancia como persona. Hoy, 8 de febrero, hace 33 años, Antonio Sánchez y “Solita” –como él la llama– se conocieron y desde ese día han vivido juntos: “Fue un amor fulminante y a primera vista. No ha variado un ápice desde entonces. Hemos sido profundamente felices y sabemos que será así hasta el fin de nuestros días. Tenemos hijos y nietos que han venido a colmarnos de felicidad”.

El resto del universo íntimo de la pareja es un espacio al que solo ellos tienen acceso. La entrega de Soledad a su familia y sus seres queridos es una de sus características más sobresalientes, posiblemente porque Soledad le teme a la soledad. Su comadre y productora de conciertos, Catherina Cardozo, mantiene una relación de hace más de veinte años con la cantante: “Es la madrina de mi hijo mayor Samuel Alfredo”. Y agrega: “Adora a sus nietos y es muy familiar”.

Del vinilo al CD

La trovadora posee una colección de discos clásicos en vinilo de las obras que disfrutó en su juventud. Ritmos de Argentina, Brasil, Chile, Cuba, España, Estados Unidos, México, Uruguay y Europa. “Resulta tan engorroso volver a preocuparse de las agujas, la limpieza y todo el ceremonial que uno practicaba con sus discos de acetato, que  me veo obligada al CD”. No existe género musical que a Bravo no le guste, pero aclara: “Otra cosa es que yo pueda o desee interpretarlos”. Pavarotti, en cambio, quedó en su lista de cantantes con los que le hubiese gustado compartir musicalmente.

Sin embargo, en más de cuarenta años no ha dejado de interpretar en todos los escenarios en donde se ha presentado la tonada de Simón Díaz, que la cantante ha combinado con una de Antonio Estévez: La luna me está mirando / yo no sé lo que me ve /  yo tengo la ropa limpia / ayer tarde la lavé…

Para ella interpretar esa canción es muy conmovedor ya que la lleva más allá del tiempo y del espacio; recuerda un episodio en el que cantando ese tema se trasladó a la inmensidad del llano encontrándose “sola en la enorme soledad de los escenarios, la sala a oscuras, un silencio religioso y sin más luz que la de un seguidor sobre mí y mi guitarra”.

Catherina Cardozo, que además de ser productora de los conciertos de Soledad Bravo se desempeña como actriz de teatro y de televisión, reconoce en la artista “su carácter fuerte con un corazón noble e inteligente. Es una mujer que se transforma en el escenario, con una energía avasallante y una voz que con los años se ha vuelto más potente y de mayor solidez técnica”.

Las anécdotas que ambas comparten, además de familiares, son de carácter profesional: “Antes de cantar se pone muy nerviosa y no le gusta que le hablen mucho. En un concierto que hicimos en el anfiteatro del Hatillo, llovió tanto que tuvimos que esperar a que escampara para arrancar el concierto. Ella salió a pesar de sus nervios, conversó con todo el público en un espacio cerca del camerino y pidió disculpas por el retraso en nombre de la lluvia. Así consiguió liberarse de los nervios: echando cuentos y compartiendo con la gente”.

Como sus fanáticos en todo el mundo, su esposo también se toma su tiempo para diferenciar el caso de la versátil cantante de folclore, jazz, salsa, rancheras y boleros: “Un talento desbordante y un gran corazón no suelen ir unidos. En ella se combinan con una gran sencillez y veracidad”.

Sobre política

Ella es una reconocida figura en la oposición venezolana. Rompió filas con los socialistas cuando este término fue adoptado por regímenes militaristas. En la ideología política de Soledad Bravo no hay contradicción, su único ideal siempre ha sido la libertad. Cantó contra el generalísimo Francisco Franco y cantó a favor del Ché Guevara y Fidel Castro cuando ellos representaban la oposición a la férrea dictadura de Batista. Actualmente, junto a su esposo, participa activamente contra el gobierno de Hugo Chávez.

El año 2011 comenzó con la toma de posesión de mando de la primera presidenta brasileña, Dilma Rousseff, y con este hecho se afianzó el compromiso democrático de la cantante, quien le escribió una carta difundida por la mayoría de los medios de comunicación venezolanos. En la carta, Bravo, motivada por los abusos cometidos por Chávez, le solicita a la mandataria que haga cuanto esté a su alcance para fortalecer la democracia en la región y para impedir que en Venezuela “se entronice un régimen totalitario, se atropellen los derechos humanos, se violen los más sagrados principios constitucionales, se desconozca la voluntad popular, se gobierne de manera autocrática y despótica, se persiga y encarcele a los opositores y se amenace a la mujer, a los niños, a la familia con leyes ajenas a nuestra idiosincrasia”.

Hasta la fecha, la intérprete asegura no haber recibido respuesta, ni siquiera sabe si la carta fue leída.

La falta de feedback no frena sus “posiciones políticas y sociales muy radicales y contundentes”, como dice su comadre.

Soledad Bravo no le cambiaría nada a la ciudad de Caracas, pero eliminaría todos sus males: la delincuencia, la suciedad, la inseguridad, el deterioro, la pobreza y el abandono. Para ello considera necesario regalarle a la ciudad “un nuevo gobierno nacional que nos permita recuperar las alegrías del pasado, la reconciliación, la amistad y el amor que hacían de Caracas una de las ciudades más bellas, más alegres y más gratas del mundo”.

Como esposo, manager y compañero de ideales políticos, Antonio Sánchez hace un balance de lo que ha sido el tiempo juntos: “Treinta y tres años es una vida. Hemos cambiado ambos: la madurez, las pérdidas, los encuentros y desencuentros, las desilusiones, las nuevas esperanzas. Creímos en cosas en las que ya no creemos y aprendimos a apreciar en toda su magnitud cosas que entonces nos parecían obvias, y no lo son: la libertad, el respeto y la convivencia democrática”.

Foto: Soledad Bravo en su casa / Cortesía de Antonio Sánchez