El periodismo venezolano en el último medio siglo – JSH 1

Este texto fue escrito por el cronista y poeta Jesús Sanoja Hernández en la época de Jaime Lusinchi para la revista Comunicación. Se tituló tal como está titulado aquí. Es una especie de tour sobre personajes y actitudes del periodismo y la política. Por primera vez pasa del papel a la plataforma digital. Este trabajo está dividido en cuatro episodios

No es para asombrarse, ni mucho menos para formar escándalo, la afirmación del presidente de la República en torno a la insidia de los periodistas; él mismo es del oficio y bien recordará cómo los encalabozaron por algunos días —él empleaba entonces el seudónimo de Siul—, tras haber escrito una nota algo insidiosa acerca de la trinidad gobernante. Era la época en que se conocía a la Junta Militar asimilándola a una famosa marca de manteca, Los tres cochinitos.

A los periodistas se nos ha llamado de todo; “palangristas” somos según Carmelo Lauría y Manuel Quijada; “comunistas infiltrados” en los medios, según unos norteamericanos que cayeron por aquí en la década de la violencia; “violadores de la Constitución nacional”, esa señora de la que Jesús Faría dijo alguna vez que la habían desvirgado niña; y “calumniadores”, “difamadores” y “deshonestos”, según nos atrevemos, o nos hayamos atrevido, a denunciar la desaparición de Lovera, el negocio de la chatarra militar, la compra del Sierra Nevada, sucesivamente sacados a la luz por José Vicente Rangel, Eleazar Díaz Rangel y Enio Peñalver, aunque una legión más o menos compacta de profesionales los acompañase en la campaña.

También, para ser exactos, se nos ha alabado en exceso. Se nos ha comparado con el Poder Moral, que Bolívar concebía de otro modo y la Venezuela saudita, desde luego, en forma diametralmente opuesta. Se dice que encamamos la “otra conciencia” y que somos —esto es para reírse a carcajadas— insobornables, cuando intuimos que unos por necesidad y otros por sinvergüenzas, no se sabe en qué porcentaje, son fáciles presas de una comisión, una asesoría o un billetazo. Se vocifera, muy declamatoriamente, en los actos del 27 de junio, que sin nosotros la patria no marcharía hacia un rumbo cierto, porque dizque somos algo así como profetas y, además, probos.

 

ENUMERACIÓN DE MUESTRA

Los periodistas, seres humanos, sólo comparables a los novelistas y a los trabajadores del Aseo Urbano en cuanto al trato de las grandezas y miserias de este mundo, somos todo eso que se ha dicho, positiva y negativamente. Cada uno ha sido lo que es y es lo que ha sido:

  • Arévalo González, católico digno
  • Laureanito Vallenilla (RH), policía y pragmático
  • Leo, bebedor, ingenioso y valiente
  • Sanín, visceral y panfletario
  • Ramón David León y Marco Aurelio Rodríguez, feroces editorialistas de la derecha
  • Los López Bustamante, dueños y columnistas de El Fonógrafo, desterrados y combativos
  • Romero-García, violento hasta en la amistad, visitador de cárceles
  • Job Pim, humorista sin humores
  • Iginio Yepes, caricaturista pobre pero honrado
  • Zapata, intelectual más que caricaturista
  • Medo, caricaturista olvidado
  • Carlos Castillo, ex reportero policial y gran amigo de Mármol León
  • Los reporteros policiales de asfalto largo, uno muerto como Acosta Cruz, otro en el profesorado universitario como Raúl Domínguez, quienes cubrieron el caso Vallee Mediavilla
  • Extranjeros aclimatados y de enorme influencia, como Moradell, Benavides, Ramón del Valle
  • Extranjeros recién llegados, como Tomás Eloy Martínez o Rodolfo Terragno, de enorme garra, propulsores de la imagen profesional de Diego Arria y de la factura de El Diario de Caracas
  • Extranjeros metidos en la política, verbigracia Alirio Díaz Guerra, Diógenes Arrieta y Gumersindo Rivas, para quien alguien inventó el verbo gumersindear como equivalente de jalar
  • Reporteros políticos en comandita o llave como Messori y Olmedo Lugo, Leopoldo Linares y Pedrito Llorens
  • Husmeadores de los bajos fondos partidarios como Lyon Pérez o críticos semanales como Carlos Croes
  • Dueños de empresas, convertidos en acusadores, aunque algunas veces hayan sido acusados: Rafael Poleo, que es muy versátil y agudo, y Jorge Olavarría, muy volátil y grave, y Nuñez Arismendi, incipiente e insipiente; o transformados en entrevistadores de primer plano —sin título periodístico, ¡qué más da!— como Marcel Granier.

 

INTENTO DE DESOLVIDO

Los ha habido notables en la crítica literaria, como Semprum, cuya fecha de nacimiento se pidió cierta vez para Día del Periodista, que lo fue durante largo tiempo la de Juan Vicente González, ejemplo impar en el estilo, pero no muy aleccionador en el ejercicio político. Los ha habido, igualmente, execrados por la institución gremial (AVP) y si no doy la lista de 1958 no es porque no la tenga, sino porque me calificarían de apologista del rencor. Desde que en Venezuela decidimos olvidar el pasado, la amnesia es la enfermedad nacional.

Esto que ahora escribo es un intento de desolvido, palabra que le quito en préstamo a Victoria Di Stéfano. Un recorrido a lo largo de medio siglo en el que utilizaré todas las virtudes y pecados del periodista, desde la insidia hasta la envidia, desde la veracidad hasta la voracidad, desde lo ladino hasta lo ladeado.