“No puedo hacer política solo”

Claudio Fermín, ex alcalde de Caracas y tres veces candidato a la presidencia de la República, se muestra preocupado por la actualidad nacional pero no planea volver a la militancia política

 

María Gabriela Fernández B.

Se le encuentra sentado en la silenciosa plaza que sirve de unión al Archivo General de la Nación con la Biblioteca Nacional. Luce una guayabera fresca y blanquísima, el cabello bien peinado y una sonrisa siempre dispuesta.

Su modo de hablar combina con el entorno. Cada palabra es perfecta para sus frases, y algunas expresiones parecen de libro antiguo. Hasta su historia se asemeja a esta plaza, un lugar que tuvo siempre designios de éxito, pero que vive olvidado por quienes ocupan los cargos públicos.

Claudio Fermín −sociólogo, político y abogado− fue el primer alcalde de Caracas en ser electo por votación popular, y desempeñó este cargo desde 1989 hasta 1993. Posteriormente, se postuló tres veces a la alcaldía sin obtener el triunfo, y fue candidato en las elecciones presidenciales de 1993, 1998 y 2000. La proximidad de los futuros comicios hace que su nombre vuelva a la palestra.

Fermín realiza actualmente investigaciones de origen de propiedad a clientes, y por esto se sumerge cada sábado en una exploración sociológica e histórica en el Archivo General de Nación. Además, se desempeña como docente en la escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello y en la escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Santa María.

—¿Por qué se alejó del activismo político?                                                                   —Mientras estuve en la vida pública, hubo una serie de circunstancias políticas entre mis compañeros con las que yo estuve en absoluto desacuerdo. De esta manera, siendo yo un dirigente de oposición pero no coincidiendo con criterios de grupos de oposición, buena parte de estos sectores vieron mis acciones como colaboracionismo. 

—¿A cuáles circunstancias se refiere?

—Primero estuvo la decisión de la oposición de estar a favor de la creación de la terrible Constitución que tenemos hoy en día y que ha permitido tantas arbitrariedades. Luego a apoyar la candidatura de Arias Cárdenas y al ridículo altar en el que convirtieron a la Plaza Altamira y a sus militares, lo cual fue para mí el triunfo del militarismo en pleno. También estuve en contra del apoyo a Alfredo Peña y del paro petrolero, pero sobre todo del llamado a la abstención en las elecciones de la Asamblea. Así, poco a poco, me fui alejando de los partidos tradicionales, y ellos también de mí.

 —Pero podría formar un nuevo partido…

—Podría, pero en este momento soy sólo un ciudadano que está en desacuerdo con la forma en la que se está dirigiendo el país, que se mantiene atento de la situación política y que irá a votar en las próximas elecciones. Soy eso, un elector. No creo volver al activismo porque la política, aunque es muy hermosa, es una de esas acciones que no se pueden realizar sin compañía y yo no la tengo. No puedo hacer política estando solo.

La gente que está en la plaza lo observa con curiosidad. La mayoría sigue paseando a su perro sin reconocer a aquel que le habla al grabador, otros tantos le sonríen y le estrechan la mano. Su rostro y voz cambian al responder a estas muestras de afecto, casi irradia luz y se le ve pleno: “Buenos días, señorita”, “¿cómo está usted, caballero?”.

 

UNA VIDA EN EL RECUERDO

Conocido por muchos como “el eterno candidato”, Fermín aborda las situaciones que mermaron su éxito con la serenidad del que estudia un fenómeno social, y no teme develar los secretos del contexto en el que se desarrollaron sus vivencias políticas.

—Viendo en retrospectiva los momentos de sus candidaturas, ¿cuáles elementos de campaña modificaría para alcanzar el triunfo?

—Siempre tuve la intención y las ideas, pero debo decir que a mí no me tocó fácil porque las situaciones nunca estuvieron a mi favor. De cambiar algo, diría que me gustaría haber contado con más alianzas y apoyo de mi partido.

—¿Qué impidió que eso sucediera?

—En ocasiones fueron las circunstancias que te mencioné al principio, pero también lo atribuyo al contexto general. En 1993, por ejemplo, me tocó ser candidato de Acción Democrática justo cuando el presidente Pérez estaba siendo enjuiciado y se encontraba en medio de la injusta campaña de desprestigio en su contra. Además, el país venía de vivir dos golpes de Estado, del Caracazo y yo estaba en circunstancias complicadas en el partido. Si sólo uno de esos factores hubiera cambiado, habría alcanzado el triunfo.

—¿Qué le ocurrió en AD?

—Yo había ganado las elecciones de base de AD con 95% de los votos y, como la dirección del partido pensó que si yo llegaba a la presidencia de Venezuela sería la muerte de ellos como políticos, no apoyaron mi candidatura. Así que me presenté en las elecciones sin propaganda de mi propio partido y perdí ante Rafael Caldera con un margen muy pequeño de votos.  No publiqué todo esto en la campaña porque no quería ser publicista de mi propia tragedia. De hecho, en mi segunda postulación presidencial, en 1999, ya yo  había sido expulsado de mi propio partido y nunca me informaron los motivos.

—¿Cuál recomendación da a la Mesa de la Unidad en la actual campaña?

—Yo apoyo mucho lo que está pasando con el tema de la Unidad. Creo que una tarjeta única para las opciones de oposición reduciría a la mínima posibilidad cualquier tipo de irregularidad electoral y ayudaría a que el voto no se disipara, porque hay gente que tiene una gran urgencia de cambio pero que al ir a votar no sabe cuál tarjeta elegir. También pienso que no deben caer en el error de resaltar a las Primarias como un medidor de su fuerza, ya que mucha gente que está con ellos no va a votar ese día porque les da igual quién sea el candidato siempre que haya uno.

 

UN CAMBIO DE RUMBO Y VIDA

Fermín reside en Caracas desde su juventud, pero viaja con frecuencia a su natal Barinas para visitar a su madre. Desde que se apartó de la que llama “farándula política”, se ha dedicado a su formación intelectual a través del estudio, la lectura de libros de historia y la docencia, y ha aprovechado el tiempo para compartir con su esposa Rosanna, con sus seis hijos, con sus gatos (Mufi y Sasú), sus dos perros (Lola y Sira) y sus dos tortugas.

—¿Cómo es la vida en su hogar luego de haber sido una figura pública?

—Tranquila. Cuando estoy en casa me gusta escuchar música y leer cuanto pueda. Además, soy muy pegado a mis mascotas, de hecho, los dos perros duermen conmigo.

—¿De dónde viene ese amor por los animales?

—No lo sé, lo he tenido toda la vida. Cuando era alcalde vivía alquilado en una casa con un gran jardín en San Bernardino y, además de las seis mascotas que te mencioné, Rosanna y yo teníamos conejos, loros, culebras y hasta una gallina con su gallo.

—¿Una gallina?

—¡Sí! En una ocasión mi hijo se ganó un pollito azul en un sorteo del colegio y lo llevó para la casa. Con el tiempo, Pepe, el pollito, se convirtió en una gallina que ponía todos los días. Un día, me visitó el embajador de Japón en Venezuela y creo que debió haber pensado que era un hombre muy folklórico porque en lo que se sentó en la sala aparecieron la gallina y el gallo y ahí se quedaron durante toda la conversación.

—En este momento, ¿qué es lo más importante en su vida?

—Hoy me siento como un ciudadano más. Mi misión es cumplir con los retos cotidianos, poder llevar dinero a la casa, mantenerme sano y hallar la tranquilidad.

—¿Va a votar el 7 de octubre de 2012?                              

¡Claro! Yo he sido tan golpeado por la abstención que no puedo hacer menos que celebrar el llamado al voto. A los candidatos les voy a seguir la pista, por ahora me gustan todos, o más bien, cualquiera.

Movido por la premura de iniciar su investigación del día, Fermín debe retirarse. Da un apretón de manos, digno de hombre en campaña, y bromea sobre sus ruegos por el sentido común en la patria. Se aleja con un caminar lento y hábil y con la serenidad del que sabe que ya no está en la farándula.