Sin divismos

Después de treinta años de vida artística el show pica y se extiende en la casa de Julie Restifo. La música, el teatro y la televisión marcan el estilo de vida de una familia que, si se mira de cerca, no es muy diferente a otras

Ayleen Cabas Mijares

Los monos deportivos, los zapatos de goma desgastados, la falta de maquillaje y los cabellos rojos alborotados no le quitan una pizca de elegancia a esta mujer. Camina y habla sin prisas. No alza la voz, no hace movimientos bruscos, todo en ella es mesura. Se disculpa por el desorden que dejó en su casa el Thanksgiving y se apresura a alejar a los extraños de la sala principal en la que mínimo veinte comensales debieron disfrutar del pavo relleno que preparó su esposo, Javier Vidal.

Julie Restifo ha vivido más tiempo en las casas de todos los venezolanos que en esta que adquirió en 2002. Se están cumpliendo exactamente treinta años de su primera aparición en la televisión en la novela Maite de su profesora de guionismo, Pilar Romero. “Me dijeron que necesitaban una persona que tocara piano para que venciera a Caridad Canelón. Unas escenas y ya. Rapidito. Pero la trama seguía y seguía. Me pusieron un nombre, la gorda Jenny, tenía una personalidad y terminé durando hasta el final de la novela”, recuerda entre risas Restifo.

Casi todo en la carrera de esta actriz fue producto de una casualidad: como ella dice, la actuación la buscó. O la cazó más bien, porque en su juventud no hizo más que huirle a la posibilidad. “Yo era extremadamente tímida. Jamás me imaginé presentándome en un escenario o apareciendo en televisión”, afirma.

Ahora Restifo trata de no dejar las cosas al azar. Se define como una mujer muy conservadora y poco arriesgada que piensa mucho antes de emprender un proyecto. De hecho, lleva años preparando el último. Capital Jazz traerá el próximo 21 de diciembre en la voz de Restifo los éxitos en inglés que marcaron su juventud. La mera mención del evento hace que le brote cierto nerviosismo pero asegura estar preparada y espera que todo se conjugue ese día para que el espectáculo salga bien. “Si no, bueno, igual lo disfruté”.

 

Primer encuentro

La música fue lo que acercó a Restifo al arte. “Los domingos de mi infancia son mi papá y sus amigos tocando música”, recuerda. Su vida era una mezcla de música clásica, jazz y pop. Su padre italiano la hizo aprender a tocar piano clásico, guitarra y cuatro, mientras que con su madre norteamericana escuchaba los hits de la época. “Estaba enamorada de Elton John sin saber que era gay y mi ídolo era Cat Stevens”, afirma sonreída Restifo.

Su primer encuentro con la actuación ocurrió mientras cursaba sus estudios de Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello. En la clase de teatro de Marcos Reyes Andrade, en la que se vio obligada a representar al pregonero en la obra de Peter Weiss, Marat-Sade. Ella intentó ocultarse en su rol de productora pero no lo logró. “Allí me picó el mosquito. Descubrí que era buena para actuar”, recuerda Restifo.

El escozor la llevó a fundar junto con Javier Vidal —para entonces su profesor de radio y ahora, su esposo— el grupo de teatro experimental Autoteatro. “El grupo duró solo cuatro años pero allí me empecé a formar profesionalmente. Luego fui participando en diferentes grupos y asociando con varios directores para seguir aprendiendo”, dice la actriz. Entre los directores que la marcaron están Javier Vidal, Armando gota, José Simón Escalona, Pablo Cabrera e Isaac Chocrón.

A partir de allí su historia ha estado a la vista de todos y es imposible resumirla. Casi treinta novelas, incontables obras de teatro y catorce películas son su tarjeta de presentación. Y si había caído en el olvido luego de cuatro años de ausencia de las pantallas, su regreso con la sobria villana Nella Montiel la volvió a posicionar como la veterana en contrafiguras.

Julie Restifo afirma que su trayectoria como la mala de las telenovelas no se debe a una elección propia. “En teatro sí te puedes dar el lujo de escoger personajes, pero en televisión hay que tratar de mantenerse presente con lo que den”, explica la actriz. ¿Las razones? Monetarias.

Las posesiones de la familia Vidal Restifo provienen principalmente de la televisión. “En nuestra época activa en televisión fue cuando pudimos ahorrar. El teatro también da pero los costos de producción, el pago a actores y a las salas lo hace menos rentable”, dice Restifo. Por esto, el cierre de RCTV, que era la segunda casa de estos actores, implicó un golpe duro para la familia. “Tuvimos que hacer fuertes recortes como todo el mundo, pero Javier y yo logramos mantener esta casa, gracias a Dios”, afirma.

 

Una mamma dominante

Hay un pequeño cuarto en la quinta Julivier que saca de quicio a Restifo. Con gesto derrotado ella mira los objetos de todo tipo acumulándose en las estanterías que llegan al techo. Las cajas con las que trató hace meses de imponerle orden a esta cueva de los peroles ya desbordan. Ella quisiera botarlo todo, pero no se decide a deshacerse de nada.

Aquellas pelucas las usó Javier en una de sus obras; esas piedritas y esos hilos los usa en sus tardes de manualidades; aquel Motorola rosado era de Jossette; los collares y pulseras de fantasía le salvan la patria en Halloween; a los adornitos de navidad los espera su lugar en la sala; la maraña de cables ni sabe para qué sirve; los libros de decoración y los guiones de teatro monopolizan el polvo; solo el viejo cuatro se salva de la exasperación de la mujer por la música que comparten. “No le tomes fotos a esto. Es una parte de mí que no me gusta”, exclama avergonzada Julie Restifo.

A la actriz la desespera el desorden. Su tormento es el cuarto de los peroles, las mesas que aún están atravesadas en su sala luego de la celebración del Thanksgiving y el mercado que está en el piso de su cocina y que no ha podido guardar. Dice ser completamente incapaz de delegar y que siempre trata de abarcarlo todo como las mammas italianas, pero apenas asoma la cabeza su hijo Jan, de 23 años, lo manda a recoger la cocina. “Con los años he aprendido que si no los mando a hacer cosas terminaré siendo yo la doméstica de la casa. Ya no me amargo”, asegura.

Pero hay otras cosas que la siguen amargando. Confiesa que su propio perfeccionismo a veces la atormenta. “Si algo me sale mal o llego tarde a algún lado me quedo pegada ahí”. Las injusticias y la situación económica también la preocupan diariamente. “Debería divertirme más, ser más feliz, para atraer más cosas buenas”, reflexiona la actriz.

 

La vida sigue

Julie Restifo se ha enfrentado a pérdidas importantes. La muerte visitó su entorno con el fallecimiento de uno de sus mentores más cercanos, Isaac Chocrón. “Ya él tenía que irse. Estaba muy deteriorado por la metástasis, fue un alivio que dejara de sufrir”, dice la actriz que se conforma con tener, por lo menos, el legado Chocrón.

La muerte del dramaturgo de origen judío es otro peso con el que vive Julie Restifo. Ya en su pasado ha sufrido traumas peores. Más públicos, más trágicos.

Un accidente en 1981 hizo que Restifo disparara la ballesta que enterró en el pecho de Marco Antonio Ettedgui una barra de hierro oxidado que luego de once días le quitó la vida. El joven de 22 años fue herido al final de una función de la obra La casa grande en la sala Rajatabla del Ateneo de Caracas. Los espectadores aplaudieron la “bien lograda escena”.

“No lo he podido superar. Vivo con eso todos los días. Tuve que ir a un psicólogo que me escuchó, me aconsejó, me cobró y al final me dijo que el trabajo debía hacerlo yo”, recuerda Restifo. Ella procura salir del tema con rapidez contando que ese fue el hecho que definió la inestable relación que hasta el momento mantenía con Vidal. “Ahí fue cuando se plantó de verdad conmigo”, dice.

 

En Julivier

Cuatro actores viven ahora bajo un mismo techo. La profesión les da temas e intereses en común. Restifo se alegra de la vocación de sus hijos y asegura que ni ella ni Vidal movieron un dedo para que ellos tuvieran esa tendencia. “Desde chiquitos se les notaba que serían actores”.

Por encima de lo que se pueda pensar, en esta casa no hay problemas de egos. “Somos actores, pero llevamos nuestro trabajo con humildad”, afirma Restifo. Solo Javier Vidal se presenta con un porte altivo y una sonrisa ensayada. Del resto, dan apretones de mano, besos en la mejilla y saludos informales.

Hasta hoy el trabajo les ha venido por pares. Jan y Javier presentan Diógenes y las camisas voladoras en el Teatro Trasnocho. Jossette y Julie terminaron una temporada de Casting Express en el Teatro Premium de Los Naranjos. Pero la mamma quisiera más. “Esperamos hacer pronto un proyecto todos juntos. Hay que cuadrar agendas”.