El gol como primer mandamiento

Fernando Aristeguieta, delantero del Caracas FC, es dueño de una madurez que asombra a su corta edad, tiene un excelente remate, posee mucho gol y va bien por arriba.  Estas cualidades lo han llevado a portar la camiseta de uno de los mejores clubes del país, defender a la selección nacional y hoy estar cerca de lograr el título del torneo nacional gracias a sus goles

Tiffanny Cornejo Castillo

Si Jorge Valdano, ex futbolista, campeón del mundo y conocido como el poeta del fútbol, dijo una vez que nunca había aprendido más de la vida y del ser humano como en una cancha, hoy Fernando Colorado Aristeguieta abre comillas para citar lo mismo, y es que a sus 19 años no podría decir otra cosa si más de la mitad de su vida la ha pasado dentro de este rectángulo persiguiendo la esférica.

A esta edad, los logros de un joven pueden resumirse en un título de bachiller, alguna medalla en un torneo deportivo escolar u otro resultado de este estilo, pero su caso es diferente. Él ya sabe lo que es titularse campeón en el fútbol nacional, lo que es vestir la camiseta vinotinto y con ella formar parte de la titular en una eliminatoria mundialista, lo que es ser goleador en el torneo local y, en este semestre, estar a punto de salir campeón en el Apertura gracias a sus tantos. También sabe lo que son las consecuencias de estos logros: aplausos, críticas, cámaras de televisión frente a él, entrevistas, peticiones de autógrafos, fotos y una privacidad totalmente minimizada. Pese a esto, él se define, simplemente, como “un chamo más de mi edad, con un poco más de responsabilidades”.

Desde pequeño se acostumbró a marcar la diferencia. Ser pelirrojo ya era motivo para que las miradas se posaran sobre él. Hoy esa característica sumada a sus 189 centímetros de estatura, sus rasgos europeos y una marcada musculatura, hacen que sea imposible no advertirlo entre un grupo de jugadores que parecen tener más relación con el Mar Caribe.

Su cabello lo combina con el rojo de la camiseta de su equipo, Caracas FC. Este color lo identifica en muchos aspectos menos en la política, aunque de esto prefiere no hablar mucho. Cree que “mientras el deporte une, la política hace lo contrario”.

En su espalda lleva el “9”, el mismo de los grandes artilleros en la historia. Aunque técnicamente no es muy habilidoso, tiene suficiente olfato goleador como para mandar a guardar cualquier balón que entre al área, lo que lo coloca como el máximo marcador de su equipo en el torneo. “Creo que este semestre simplemente me ha tocado meterla a mí”, dice demostrando que el gol no lo hace sentirse superior. “La clave de los grandes equipos no son las individualidades. A nosotros no nos pagan por hacer goles, en cambio sí tenemos bonos por ganar y es el objetivo de nosotros. Del exterior tampoco nadie va a fijarse en un jugador de un club que no gane”, expresa quien, aunque afirma no tener ofertas concretas del extranjero, confiesa que una de sus metas es llegar a jugar en la primera división española, en la que siempre ha seguido a la Real Sociedad, por su abuela que es de San Sebastián.

 

SUEÑO VINOTINTO

Si hay algo que le quita el sueño a un futbolista es llegar a formar parte de la selección nacional. “El Colorado” lo cumplió el año pasado cuando recibió su primer llamado para disputar un amistoso ante Japón. Más tarde, en una gira por Estados Unidos marcó su primer tanto frente a El Salvador, y el pasado mes supo lo que era disputar un partido de eliminatoria mundialista ante Ecuador. “Fue una experiencia única”, expresa. “Aunque ese día a nosotros no nos salió nada y a ellos todo”, se lamenta por el 2 a 0 en contra. “Lo bueno es que tenemos posibilidades reales de llegar al Mundial 2014, en el que confío estar”, agrega con fe, la misma que lo caracteriza en todos los aspectos de su vida, con la que asegura haber logrado sus victorias y superado el único momento difícil en su vida y carrera: una lesión en la rodilla derecha que lo alejó por ocho meses de las canchas.

“Es  lo único duro que me ha tocado en mi carrera y en la vida. Pero lo superé y ahora le pido a Dios jamás volver a pasar por algo así”, dice quien no ha practicado otro deporte que no sea el fútbol y en sus ratos libres cuando los tiene—, además de ir al estadio de béisbol para apoyar a Los Tiburones de la Guaira, le gusta ir al cine con sus amigos o invitar a comer a sus papás, hermano y abuelo, con quienes vive en su residencia en Altamira. “Lamentándolo mucho por la economía del país es algo que no se puede hacer muy seguido, pero de vez en cuando me gusta hacerlo”, agrega entre risas.

 

 UNA FE REDONDA

El haberse formado en el San Ignacio de Loyola, colegio donde se graduó y empezó a patear sus primeros balones, además de pertenecer a una familia muy católica, marcan uno de los rasgos más fuertes del jugador: su fe en Dios.

En él cree por sobre todas las cosas y lo demuestra dentro y fuera de la cancha. Al entrar en el terreno tiene un único ritual. Camina con los brazos abiertos mirando al cielo hasta el círculo central, donde le pide “al chivúo”, como él mismo lo llama, salud para él y los suyos. “Más que ganar, pido que todos salgamos sanos, sin lesiones”, confiesa el delantero que extiende sus muestras de fe a sus hábitos de lectura, con la Biblia como libro de cabecera. Si ya de por sí es extraño que un futbolista y joven sienta gusto por la lectura, más extraño es que lo tenga por la Biblia.  

Antes de salir de casa reza por su protección y paz interior. “Nada como estar en paz consigo mismo”, dice quien se ha tomado tan en serio este tema que ha pasado a formar parte de un grupo de deportistas embajadores de la Organización de las Naciones Unidas por la paz. “Como dijo Woody Allen, me interesa el futuro porque allí es donde voy a pasar el resto de mis días, y yo le agrego que me interesa que sean en paz”.

Si le toca escoger a un compañero, sin dudar y aunque le lleva 18 años de diferencia, se queda con Rafael Castellín, figura del fútbol venezolano y su referente en esta disciplina. Con la madurez que lo caracteriza hace un llamado de atención a los directivos del balompié criollo. “Nos falta mucho para llegar a un nivel alto. No me gusta hablar de otros equipos, pero hay colegas que no cobran y eso es imperdonable, solo por mencionar uno de los tantos problemas. Hay que poner atención en estas cosas si queremos avanzar”, expresa con preocupación.

 

GOLES DE CONOCIMIENTO

Por su altura maneja un gran juego aéreo, lo que le ha permitido marcar varias veces de cabeza. Con esa misma cabeza piensa y se preocupa por almacenar conocimientos que le sirvan en su futuro. Lejos del balón aún no se ve. Al verbo jugar no lo quiere conocer de otra manera que no sea en gerundio, pero como sabe que toda carrera tiene un fin, actualmente estudia Administración en una universidad virtual de México.

“No me quiero imaginar separado del fútbol, es mi vida pero sé que estos estudios me pueden servir para seguir en esto, quizás ligado a lo gerencial”, confiesa, pero agrega que prefiere vivir “un día a la vez” y pensar en el retiro solo cuando llegue el momento.

Por su verbo, quizás en un futuro llegue a ser el próximo Jorge Valdano o comentarista de algún canal deportivo. Pero, como su juego de vida se disputa solo “un día a la vez”, mientras tanto se preocupa por seguir rompiendo las redes de los rivales, haciendo lo que mejor sabe: jugar fútbol.