Cara seria

El joven político Freddy Guevara fue candidato en las elecciones primarias para la Alcaldía de Sucre (pero ganó Juan Carlos Caldera). Es concejal metropolitano a las órdenes de Antonio Ledezma. A sus 25 años tiene un futuro por delante en la política y quizás también en el rock. “Es una persona intuitiva, sensible y con muy buen sentido del humor negro”, comenta su mamá. He aquí su perfil

María Gabriela Quintero Longa

Las primeras impresiones engañan. El niño maquillado, de piel tersa que aparece en los panfletos y en los postes de luz del municipio Sucre, no es realmente tan niño de mente ni tan terso cuando se ve de cerca.
“A los nueve meses comenzó a hablar y nunca se calló”, dice su madre Zolaida Cortez de Guevara entre risas. “En los almuerzos dejaba de comer para echar cuentos, y del colegio me llamaban a cada rato porque él siempre tenía un comentario extra para las maestras”, recuerda.
Jamás se quita el anillo plateado que le regaló su padre y que pertenecía, en un principio, a su abuelo. Aunque confiesa que no tiene ningún significado específico, es un objeto que le gusta usar en todo momento. Tal vez por superstición. Le asustan los fantasmas, miedo del que su madre se aprovechaba –y se aprovecha– para esconderse detrás de las paredes y echarle broma.
Desde muy pequeño estaba en actividades variadas como karate, clases de piano para tocar música académica y teatro en el colegio El Placer. Además, pasaba su tiempo libre jugando Mario Kart y Mortal Kombat en Super Nintendo con su mejor amigo Luis D’Elías. “Desde chiquito era multifacético y se adaptaba a todos los grupos. Tenía amigos en todos lados”, comenta D’Elías.
La colección de libros Escalofríos de R. L. Stine llenaba los estantes de su biblioteca a los siete años. A medida que fue creciendo se interesó por las novelas históricas, de religión, de liderazgo y, como era de esperarse, de política. “Me estoy leyendo el segundo de Obama [The audacity of hope: thoughts on reclaiming the american dream] y tengo en lista de espera ocho libros todavía”.
Freddy Guevara es una persona inusual. Detrás del podio, serio y fuerte; con sus amigos, algo inmaduro y bromista; en las fiestas; rochelero y hablador; siempre, impuntual y despistado. Toca música clásica y rock; baila merengue, salsa y reggaetón; y su nuevo género musical favorito es la champeta, ritmo que escuchó por primera vez en Petare. “La mejor canción es ‘La amante perfecta’ de El Imperio”, recomienda mientras tararea.
PERRITO FALDERO
Freddy dice haber heredado su interés por las demás personas de su papá y las actitudes que toma frente a la vida de su mamá. La relación familiar es muy importante para él, porque la “estabilidad emocional ayuda en momentos críticos dentro de la política”. Vive con sus dos padres y tiene una hermana que desde hace cinco años reside en Canadá junto a su esposo. Ella también tiene el gen artístico; canta en una coral y ha viajado por el mundo en representación de su grupo.
Mientras se come un pollo a la plancha con vegetales y arroz, confiesa que no ha aprendido a cocinar: “Puedo vivir a punta de pizza, sushi, comida china y Mc Donalds”. Lava su ropa “en situaciones de extremo abandono”. Su perro Bogus –llamado igual que la película dirigida por Norman Jewison, en honor al amigo imaginario de Albert– es un poodle y su mejor compañía. “Cada vez que voy a su casa, el plan es sacar a Bogus a pasear”, cuenta Luis D’Elías.
Es un “perrito faldero”, pues le gusta estar siempre al lado de una persona. Su primera novia la tuvo de niño, ya ni se acuerda de la edad exacta. “Se llama Estefanía y ahora trabaja en Telesur, pero todavía es amiga mía”, narra mientras intenta recordar el resto de los nombres. “Siempre me gustaron las ‘Patricias’, no sé por qué. Y, justamente, la primera novia formal que tuve se llama Patricia Fuentes, duramos como tres años y medio”, asiente con la cabeza y continúa: “Luego vino Diana, con la que tuve una relación hasta hace un año. Y, cuando decidí que iba a convertirme en Charlie Sheen, me enamoré otra vez de Maru, mi novia actual que está viviendo en Barcelona un tiempo”.
“Mi mamá quería que yo fuera un rockero gay”, asegura Freddy, a quien, desde pequeño, lo ponían a escuchar Elton John, Freddie Mercury y Mick Jagger. Su madre responde a esta afirmación con naturalidad: “En cuanto a la tendencia sexual, eso es decisión personal. ¿Y que si quería que fuera rockero? ¡Claro!”.
Estudió en la Escuela de Música de Olga López –ahora Escuela Experimental de Música Manuel Alberto López– diez años de armonía académica en piano y dos más de jazz. Sin embargo, cuando él y su amigo Luis se plantearon la idea de formar un grupo, definitivamente tenía que ser de rock. “La música son emociones, sentimientos y, dentro de ellos, el rock es una fuerza juvenil”, explica Freddy. La banda se llamaba One minute of silence, nombre que sugería respeto por los caídos el 11 de abril de 2002, pero después pensaron que era muy “intenso” y le cambiaron el nombre a Systaltic, “por el tipo de música griega que era para afianzar la voluntad y el espíritu del hombre”.
Con Systaltic participó en el Intercolegial de Rock 2003, un concierto en la Ciudad Universitaria; otro concierto en Chacaíto –donde cerraron la noche a Los Amigos Invisibles– y en “Acuéstate por la vida”, protesta en contra de la violencia organizada por los estudiantes universitarios en 2006. “Creo que la música es una vía para retomar el espacio público y generar identidad en las sociedades”, argumenta en búsqueda de crear un nexo entre sus dos pasiones.
Para Luis, Freddy es muy creativo como músico, le gusta demostrar lo que sabe hacer y, sobre todo, hablar acerca de la historia de las canciones en el escenario. “Aunque no articulaba muy bien, a veces la letra ni se entendía”, declara con una carcajada.
La Vida Bohème, Desorden Público y Vinilo Versus son algunos de los grupos nacionales que atraen a Freddy y que al mismo tiempo le recuerdan el tipo de fama que pudo tener. Una totalmente distinta a la política: “Cuando eres rockero, es chévere que salgas con dos mujeres de una discoteca y que aparezcas así en revistas. Cuando eres político, algo me dice que no tanto”, expresa irónico.
Sin embargo, aprecia las dos cosas aunque en niveles distintos:
La política es mi esposa, que amo. La música es mi primer amor, al que todavía veo y siento algo, pero con el que no puedo hacer nada.
AMBICIÓN DE PODER
Para explicar su desprendimiento por la música y su inclinación por la política, cita el libro de Manuel Caballero, Rómulo Betancourt, político de nación. “Me siento identificado con Betancourt, a quien le gustaba mucho escribir y de repente se da cuenta que era político. Caballero escribe que le costó mucho cortarse la cola de caballo. La música es mi cola de caballo”, revela con seriedad.
En realidad, Freddy quería ser vaquero, pero las circunstancias y el ambiente en el que creció no favorecieron al sueño de sus primeros años. Estudió Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello, donde surgieron sus ideales y primeras acciones políticas. Formó parte del partido político Un Nuevo Tiempo (UNT) y, al mismo tiempo, del Movimiento Estudiantil. Esta doble participación creó conflictos en los dos grupos, ya que “cada uno quería que me identificara más con ellos”.
Considera que lo ayudó el hecho de ser claro con ambas partes desde el principio. No obstante, no mejoraban la situación acciones de confusión como la que recuerda apenado:
En una rueda de prensa de Un Nuevo Tiempo dije ‘nosotros el Movimiento Estudiantil’. Fue horrible, pensé que me iban a matar.
Probablemente, muchos recuerdan al joven político del lema “A que la llenamos, vamos”, utilizado para incentivar la concentración en la avenida Bolívar. Sin embargo, Freddy preferiría que los venezolanos se olvidaran de esto antes de que se descubra su procedencia. “Cuando organizamos la concentración, estábamos en casa de Leopoldo López varios del movimiento. Stalin contó que cuando Alfaro Ucero se lanzó, ellos utilizaron esa frase para llenar la Plaza Caracas. En el momento que anuncié la actividad, por la adrenalina, se me salió la frase. Después estaba rezando por que nadie la asociara con los adecos”, revela con una risa nerviosa.
En cuanto la Alcaldía de Sucre de Caracas, cree que no necesariamente los más viejos son los más adecuados para el cargo. Por esto se postuló. “No es cuestión de años, sino de ideas y de la capacidad que se tiene para ejecutarlas”, arguye.
Su único vicio es la política. “Es un gusanito que, si lo tienes, no lo puedes dejar. Tratas de salirte, pero luego te sientes mal y vuelves”, explica y cita a Ben Parker –personaje de la película Spiderman– para sustentar su punto:
Mientras tienes más poder, también tienes más responsabilidad.
Freddy Guevara es despistado, pero planificado. En diez años planea cumplir con tres propósitos:
Primero, salir de Chávez este año; luego, crear un partido político que no dependa de nosotros sino que sea de los venezolanos y, por último, hacer una reestructuración de Caracas.
Esto no significa que duda acerca de su futuro más lejano. A pesar de asegurar que no está apurado, el joven ambicioso no niega sus deseos por llegar a la Presidencia, por el contrario, opina que es algo natural:
Todo el que se mete en política y dice que no quiere ser presidente se está cayendo a mentiras.