“Me mataron mi canaimita”

Mientras el Ministerio de Educación no acepte que la violencia escolar es un problema serio, no habrá un conjunto de políticas públicas que ponga coto a este problema creciente en la sociedad venezolana. “No hay voluntad política”, dice Luisa Pernalete

Ella tiene una respuesta que puede parecer “comeflor” –así mismo la califica− pero en realidad no lo es como medida a corto plazo: los liceos no tienen horas de guiatura. Y esa hora puede permitir a un profesor, lidiando con adolescentes, un proceso formativo que ayude a controlar y minimizar la violencia en colegios y liceos del país.
Los profesores, cuando hay un problema en su salón, quitan horas de su materia para tratarlo (si es que lo hacen), pero no hay ni una hora a la semana dedicada al desarrollo de un trabajo constante. Antes la había. Las horas-guía se establecen durante todo el periodo escolar para que haya, de verdad, entrenamiento en la resolución de conflictos.
En los colegios de la AVEC (Asociación Venezolana de Educación Católica) hay horas de guiatura. Nunca se ha perdido esta norma. Eso, antes, existía para los colegios públicos también pero en algún momento se eliminó.
 
UN TIRO A LA CANAIMITA
Ella, Luisa Pernalete, se ha entregada a la educación desde hace mucho tiempo en los colegios de Fe y Alegría del Zulia y de Guayana. Es decir, tiene experiencia en la escolarización del sector más desasistido de la población. Ahora trabaja en el Centro de Formación e Investigación Padre Joaquín (Puerto Ordaz) y anda consternada ante la violencia creciente en las escuelas. Allí donde la llaman lleva su prédica (actualmente se prepara para venir a Caracas, a la cita Constructores de Paz el 25 y 26 de mayo en la UCAB).
Le preocupa, sobre todo, que los maestros y maestras no tengan herramientas para reaccionar ante lo que ven en sus aulas cada día.
Ella piensa que la sociedad civil debe generar datos para combatir esto. Si no hay datos duros, hay que ver los datos blandos y convertirlos en duros. Y pone como ejemplo algo que le contó una maestra algunos días atrás. Resulta que llegó un niñito ante esa maestra y le dijo que le habían matado su canaimita (o sea, su computadora donada por el Gobierno). La maestra, intrigada, le preguntó si se le había estropeado. No. Le metieron un tiro.
O sea, un niño de primero o segundo grado tiene a alguien con pistola muy cerca que por alguna razón, jamás válida, le pegó un tiro a su PC. Quizás el niño no quería prestársela.
Ese dato es blando, pero hay que recoger todos los datos blandos que suceden cotidianamente y sistematizarlos para poder ofrecérselos a la sociedad y que se produzca alguna reacción frente a este estado de cosas.
Luisa ha preguntado en grupos de unos quince alumnos si alguien ha escuchado un tiroteo. Todos levantan la mano. ¿Han visto cadáveres? Once levantan la mano. Hay uno que vio tres, y el último lo vio cuando todavía temblaba. ¿Ustedes conocen malandros? Todo el mundo levanta la mano.
Eso en una escuela, y en otra y en otra. En todas partes. Hay un estudio del Centro Gumilla hecho en Catia y Petare que reveló cifras alarmantes en 2011. El Gobierno no reaccionó: oídos sordos.
En algunas escuelas hay milicias porque las autoridades se han declarado impotentes para controlar la situación dentro del plantel. Liceos con soldados en la puerta y detectores de metal. Prácticamente en todos los liceos del país se exige a los muchachos que lleven morrales transparentes o que vayan solo con lápiz y cuadernos. A veces han debido decomisar hasta cortaúñas. /SN
 
 

Foto: Luisa Pernalete con el coordinador de este blog.

Foto: Mariana Yépez