Una parte de la historia de El Nacional

Los momentos históricos y sus actores definen el estilo del verbo. Es imposible hablar con propiedad sobre el diario El Nacional sin conocer sus plumas y sin diferenciar las épocas que lo han marcado. ¿Cómo, si no, entender el tránsito del periodismo de los grandes intelectuales al periodismo de escritorio?

 

Ayleen Cabas Mijares

Miguel Otero Silva observaba las modernas rotativas funcionar. El papel pasaba a velocidades vertiginosas por las máquinas para cargarse del peso de la tinta negra y del mensaje que iba a alimentar a los venezolanos de pensamientos de izquierda y de alertas contra la corrupción y la opresión, sin importar de donde vinieran. ¿Quién diría que, meses antes, esas mismas rotativas solían llenar en Boston resmas similares con la ideología nacionalsocialista alemana para ser distribuida por Estados Unidos? Esta idea debía divertir a Otero Silva mientras veía cómo el primer número de El Nacional se preparaba para tomar por asalto a Venezuela el 3 de agosto de 1943.
Otero Silva pasó así de la “mamadera de gallo” —como la define Miguel Henrique Otero, su hijo— del semanario humorístico El Morrocoy Azul, al “periodismo serio” venezolano. La Segunda Guerra Mundial y la transición política en Venezuela luego de la caída de Gómez, fueron las motivaciones del escritor para fundar el diario. El momento histórico y este actor se unieron para dar vida a El Nacional.
Tal como inició, el periódico El Nacional ha evolucionado como consecuencia de la conjugación de actores y momentos, plumas e ideologías, que se unían bajo una muy clara línea editorial. “Todos sabían quién era Miguel Otero Silva, en qué creía y qué defendía. La gente compraba la información y la perspectiva”, afirma Virginia Riquelme, periodista que trabaja desde hace seis años en El Nacional y que ahora, junto con su compañera Diajanida Hernández, coordina la edición del 69° aniversario del periódico. Un número que profundizará en la evolución del género de la entrevista dentro del diario.
 
Literatos y periodismo
El Nacional acabó con la monotonía de los diarios conservadoramente reconocidos, valorando la noticia, destacando el aporte gráfico, inventando nuevos espacios, dándole jaque mate al editorial. / Pedro Lizardo
Para analizar la evolución de la entrevista en El Nacional, Riquelme y Hernández han identificado cuatro períodos en los que las características del género se hacen diferenciables. El primero va desde los años cuarenta a los sesenta. “En esa época el diario lo conformaban grandes escritores, novelistas y poetas”, dice Hernández. Entonces El Nacional se llenaba con los textos del poeta Antonio Arráiz —su director—, del escritor Gustavo Díaz Solís e, incluso, del mismo Miguel Otero Silva que fungía como jefe de redacción.
En los cuarenta, según cuenta Riquelme, la lupa de El Nacional estaba puesta en dos frentes: en los avatares de la Segunda Guerra Mundial en el extranjero y en los procesos de transformación política y económica que se daban en Venezuela. “Se le prestaba especial atención a los cables internacionales y se compensaba con reseñas del interior del país e informaciones muy locales”, dice Virginia Riquelme.
El género de la entrevista no era una excepción. Se entrevistaba a muchos embajadores y exiliados para pintar el panorama bélico internacional y también se atendía a dirigentes sindicales y empresarios del sector primario para dar testimonio de los impactos de políticas gubernamentales, como la Reforma Agraria de 1943. Sin embargo, la información pura y dura no era la única que salía plasmada en las páginas de El Nacional.
Para los encuentros con los personajes, los entrevistadores dedicaban semanas a la investigación del tema a tratar y del individuo con el que entablarían conversación. Diajanida Hernández explica que “si bien el hacer un perfil de la personalidad del entrevistado no era el fin último de la entrevista, el periodista hacía un esfuerzo por mostrar algunos rasgos personales del entrevistado en sus textos”. Esta tendencia se extendió en los años cincuenta, cuando el periódico aumentó su tamaño, brindándoles más espacio a los periodistas para desarrollar sus textos y sus personajes. En ocasiones, las entrevistas podían llegar a ocupar una página completa del periódico; cosa que hoy en día ya no ocurre en El Nacional.
Tiempos de revolución
El Nacional era el único periódico donde se mantenía un equilibrio en la política editorial. Era un periódico que mantenia un punto de equilibrio en el periodismo venezolano y que despertaba enorme confianza. Si lo dice El Nacional es que es verdad, era como el lema del pueblo, del lector. /  Luis Alberto Crespo
A partir de los años sesenta, Venezuela entra en tiempos agitados. Revoluciones de izquierda, lucha armada, movimientos feministas, resucitación democrática, atentados, crisis económica, Guerra Fría. Todo al mismo tiempo. Todo apiñándose en los pliegos de El Nacional.
Estos años marcan una nueva etapa en la entrevista política en el periódico; empezando por la generación de espacios. En este período se abrió por primera vez una vitrina exclusiva para el género de la entrevista llamado En entrevista con, que se desplegaba semanalmente a página completa y se dedicaba mayormente a personajes políticos. Entre las plumas que se especializaban en el género estaban Leopoldo Linares, Euro Fuenmayor, Luis Buitrago Segura, Guillermo Pantín, Alfredo Peña, Miriam Freilich y Ramón Hernández.
A pesar de la proliferación del género dentro del medio, El Nacional no se tomaba la entrevista como un comodín que contenía la simple transcripción de una charla. “El Nacional siempre ha evitado que las entrevistas se conviertan en un facilismo y que el periódico se llene de ellas. Este facilismo ha sido muy practicado en el periodismo venezolano: resolver un espacio con las opiniones de quien estuviera disponible, que siempre sobran”, establece el periodista Roland Nava.
Sin embargo, más que el formato, la estructura o manera de abordar la entrevista, Virginia Riquelme aclara que “fue la época la que le dio un nuevo toque al género”. Los periodistas hacían esfuerzos por llegar a los disidentes guerrilleros y a los grandes exponentes del socialismo en el mundo para que plasmaran sus ideas en El Nacional. Para muestra un botón. En la sección En entrevista con del 3 de diciembre de 1972 apareció Salvador Allende, primer presidente de izquierda en el mundo que ascendió al poder por vía democrática.
Si bien el espíritu marxista del fundador de El Nacional seguía calando en las salas de redacción, nunca se abandonó la intención de abarcar todas las tendencias políticas posibles para dar al lector una información balanceada. “El diario se convirtió en referencia del periodismo venezolano y en un vicio para muchos lectores porque no se veía un solo pensamiento o una sola idea”, dice el ex articulista Earle Herrera en unas declaraciones dadas a las ucabistas Adriana Núñez y Vanessa Acosta para su tesis Miguel Otero Silva: retrato de un periodista.
Los grandes autores
El Nacional fue un diario de alcurnia. Hasta los muchachos se “las daban de mucho” cuando lo leían. Era algo así como sentirse intelectual. Quien anhelaba llegar a periodista, tenía como meta poner su fundillo en una silla de la redacción del ejemplar periódico y escribir al lado de los grandes. / Ángel V. Rivas
La tercera etapa de la entrevista política en El Nacional coincide con los años ochenta, en los que las grandes plumas se convirtieron en la tarjeta de presentación del medio. “En los ochenta uno le podía preguntar a cualquier persona en la calle quiénes eran los periodistas de El Nacional y eran capaces de nombrarlos a casi todos, junto con las fuentes que cubrían. Si hoy saliera a hacer lo mismo, creo que la gente me diría cinco nombres y sería mucho”, dice con un gesto de decepción Diajanida Hernández.
Nelson Hippolyte Ortega, Kiko Bautista, Elizabeth Fuentes, entre otros considerados “grandes” llenaban las entrevistas del cuerpo Feriado. Sus perspectivas y verbo eran el gancho que atrapaba a cualquier lector. “En las entrevistas se notaba el conocimiento del periodista, el tiempo que se tomó para preproducir el encuentro y pensar en su prosa”, afirma Riquelme. Las entrevistas de este período tomaban prestado lo cinematográfico de la crónica y la meticulosidad del reportaje.
“Las entrevistas en ese momento dependían en gran medida del periodista en sí. No había pautas ni se obedecía necesariamente a los hechos noticiosos o a eventos específicos”, explica Riquelme. Los entrevistadores, según la periodista, tenían muy internalizada la idea de la autoría. En cada entrevista debía manifestarse la personalidad y la interpretación del periodista.
Hasta finales de los noventa duró esta época de oro de El Nacional. Unos tiempos en los que los periodistas eran profundamente respetados, no solo entre los lectores rasos, sino entre los altos mandos de los gobiernos de turno. “Había acceso directo a los funcionarios públicos y, a veces, ni siquiera había que buscarlos porque acudían a los periodistas para brindar las versiones oficiales”, dice Hernández. Incluso se dio el caso de que los funcionarios de la antigua Disip contactaban a los periodistas de la fuente de sucesos de El Nacional para complementar sus investigaciones. Ese era el nivel de respeto por el medio y sus autores.
Periodismo de escritorio
En las dictaduras hay que ingeniárselas para no poner en riesgo la estabilidad de periódicos y periodistas… / Simón Alberto Consalvi
—Después del golpe de estado de abril de 2002, se intensificó en nosotros la noción de que debíamos convertirnos en un contrapeso del gobierno. Los periodistas nos dimos cuenta de que, hasta cierto punto, somos contralores sociales del poder.
Así resume Edgar López la posición de El Nacional en la última década. López lleva 17 años trabajando para este medio en la fuente política y es uno de los periodistas “senior” de la planta; uno de esos que ya tienen suficiente criterio y antigüedad en el periódico para hacer de su prosa y su espacio algo con peso propio.
“Edgar López es uno de los pocos que conserva algo del espíritu de autoría de los ochenta. Se toma el tiempo para preparase y pensar, sin dejarse abrumar por el diarismo”, opina Virginia Riquelme, quien durante su estudio de las entrevistas de El Nacional se ha percatado de que las nuevas tecnologías y la reducción de los espacios de redacción han llevado a muchos periodistas a sacrificar su voz singular por hacer culto a la inmediatez y al “público no lector” que desea obtener información corta y clara.
El Nacional siguió esa tendencia de lo instantáneo. Redujo su formato en 2005 y aumentó su información gráfica, en detrimento de los reportajes de largo aliento, las grandes crónicas y, por supuesto, las entrevistas. Actualmente, los principales espacios para la entrevista política son el Foro del domingo, Ping Pong, la sección de entrevistas del suplemento dominical Siete Días y del encartado Estrategias. Solo en Siete Días se puede apreciar de vez en cuando una entrevista a página completa; del resto, el género no llega a ocupar más de tres cuartos de página.
Sin embargo, en esta última década hasta una entrevista en el cuerpo Cultura puede convertirse en una entrevista política. “Isaac Chocrón: dirigir teatro en Venezuela es un suplicio”. Este título encabeza una entrevista que la periodista Andreína Gómez le hizo respetado dramaturgo a finales del año 2000. El piquete político no está ausente ni en la batería de preguntas ni en las respuestas de Chocrón.
“Algunos podrán pensar que El Nacional es un medio que está sesgado y, por lo tanto, dedicado a sacar a la luz todas las metidas de pata del gobierno y a vender las virtudes de los opositores. Pero, ¿cómo pretenden los burócratas bolivarianos que seamos blandos con ellos? Son ellos los que ejercen la corrupción y la ineficacia. La oposición no es gobierno, por lo que no se la puede acusar. Su valor noticioso está en sus ideas y opiniones, no en su gestión”, dice López.
El periodista confiesa que en el seno del medio hay una intención de destacar los desaciertos del gobierno. López aclara que “esas iniciativas vienen del periodista. A mí nunca me han exigido hablar mal del gobierno; eso no forma parte de la línea editorial. Si algo negativo sale es por mi interés en averiguarlo y en exponerlo”.
Entonces, así como hay mucha presencia de las desafortunadas decisiones gubernamentales, ni un solo vocero del gobierno se atreve a asomar la lengua ante un entrevistador de El Nacional. “Casi han desaparecido las entrevistas de funcionarios y dirigentes del gobierno, ya que ellos lo han querido así, restringiendo bárbaramente el contacto con los medios y periodistas independientes. El acceso lo han clausurado”, afirma Ronald Nava.
Todas estas circunstancias han obligado al periodismo a cambiar. “Con la limitación de espacio, de fuentes y el temor de algunos editores, la investigación y el color han perdido terreno en los periódicos”, lamenta Diajanida Hernández. Pero, ¿cómo no extrañar las grandes plumas y el respeto que había en la sociedad por el oficio periodístico? ¿Cómo aceptar tan fácilmente el periodismo de escritorio en el que se cambia el gesto y el momento por una conversación telefónica?
Por ahora, la opción que queda a los periodistas para no ser rehenes de la rutina y vástagos de Google todopoderoso es la no resignación. Comprometerse con el periodismo como en los sesenta y ochenta, considerarse escritores antes que periodistas, preparase por su cuenta. Hay que hacerlo porque ni el medio ni los vertiginosos tiempos que se viven hoy en día proveerán escenarios propicios para que la voz del periodista se eleve sobre la información instantánea y los tweets. La lucha debe ser diaria. Y algunos luchan todos los días en El Nacional.

Trabajo entregado el 22/02/2012