Comprar un arma en Estados Unidos es más sencillo que pelar una mandarina. A un estudiante de neurociencia ‒aventajado, por lo visto‒ se le ocurrió un día convertir las fechorías del archienemigo de Batman en realidad y elaboró un plan para lucirse en el estreno de la última película de la saga, The dark knight rises. Debut y despedida en cuestión de diez minutos. Saldo de doce espectadores fallecidos, entre ellos una niña de 6 años
Sebastián de la Nuez
Stan es un joven de 24 años nativo de Wisconsin. No guarda armas en su casa ni jamás ha tocado una, pero tiene una prima aficionada a la cacería con un arsenal de cuatro o cinco rifles. En realidad, la prima jamás ha cazado presa alguna, pero como quien dice, empezó por lo más fácil: la adquisición del instrumental.
Para comprar un rifle o pistola en casi cualquier estado de USA basta con mostrar el ID, a los tres días estarás en posesión de la mercancía. Te conviertes en el sheriff Matt Dillon o en el capataz del rancho La Ponderosa. En algunos estados revisan si tienes algún antecedente criminal. Puede que en otros ni eso. Y ocurren cosas. De diverso tenor. Pero la Asociación del Rifle sigue allí, como si nada, a pesar de la mala propaganda que le hizo el impertinente Michael Moore en cierta ocasión.
En Estados Unidos la norma es confiar, y eso incluye al gobierno federal respecto al ciudadano común y silvestre. Esto se lleva a límites insospechados. Por ejemplo: una tienda de armas en Milkwakee vendió armas en los últimos años con las cuales fueron heridos seis policías. ¿Las autoridades cerraron la tienda o sus dueños fueron a juicio? Sí, la licencia le fue revocada a Adam Allan, propietario de Badger Guns, pero su hermano Mike abrió en el mismo lugar otra que se llama Brew City Shooter’s Supply. Por cierto, Mike trabajaba para Adam. Pero Mike promete ahora ser más “selectivo”, haciendo que los clientes se conviertan en miembros de la tienda. Como un club. El requerimiento es que demuestren conocimientos sobre armas de fuego y tiro. Así mismo.
Asombra este apetito del norteamericano medio por las armas. La encuesta mostrada por una cadena de televisión el día después de la matanza en el teatro de Colorado mostraba que 52% de la población está de acuerdo con la venta libre de armas. La gente piensa que la segunda enmienda de la Constitución estadounidense permite y garantiza tal libertad. En cuatro de cada diez hogares norteamericanos hay al menos un arma de fuego. Y un suceso como el de Colorado no parece que haga cambiar el armamentismo ciudadano. La libertad para poseer armas está en la Constitución, y si eso lleva 200 años de vigencia, ¿a qué cambiarlo? Claro que hace 200 años las armas no se habían sofisticado, ni alcanzado este nivel de letalidad del que hizo uso James Holmes el jueves 20 de julio poco después de la medianoche. “Boom, boom, boom” fue el título a todo lo ancho de su primera página que se le ocurrió al diario Journal Sentinel para dar cuenta de la tragedia al día siguiente. Tomaba el testimonio de Jennifer Seeger, una espectadora atrapada entre los asientos del teatro mientras observaba al loco delante de la pantalla disparando contra quien intentase huir. Varios casquetes de bala quemaron la frente de Jennifer, acurrucada bajo fuego: “Cada pocos segundos era solo así: boom, boom, boom”.
Los periódicos, y los medios en general, han tratado de forma esporádica el tema de la libre venta de armas a raíz de la matanza en el multiplex de Denver, capital de Colorado. Como si fuera un issue colateral del suceso, no la clave de la tragedia. De hecho, el tema fue convenientemente soslayado durante la alocución de duelo del presidente Obama, la mañana del viernes 21 en algún lugar de la Casa Blanca. Cancelaron, él y su mujer, sus compromisos del día, ok. El presidente pidió un minuto de silencio y se solidarizó con las víctimas (doce personas fallecidas y al menos 58 heridas, algunas de gravedad): era lo correcto y así lo hizo. Pero no mencionó en ningún momento la espantosa facilidad con que The Joker se hizo en tres meses de un arsenal de bombas de humo, metralletas, fusiles y pistolas. Unos seis mil dólares en total. Habló el presidente en un tono y con unas palabras en las que dejó el deletéreo sabor del azar como protagonista de la noticia; el destino es así de arbitrario, a veces se ensaña con los inocentes. Aun cuando no fueron sus exactas palabras, uno podía colegir que lo sucedido era una especie de fuerza ciega de la naturaleza desatada contra inocentes. De allí el llamado a la unión familiar, a encomendarse a Dios. Muy bien todo pero, sin duda, olvidó comentar que el proyecto ‒entre lúdico y atrozmente sádico‒ del desquiciado Holmes no había encontrado ni medio obstáculo en su camino gracias a la desregulación casi absoluta de la que goza la venta de armas. En Colorado puedes andar con tu revólver por la calle, libremente; eso sí, debes mostrarlo sin tapujos para que los demás sepan a qué atenerse. Pero como dice el alcalde independiente de Nueva York, Michael Bloomberg, el presidente norteamericano ha estado escurriéndole el bulto al debate sobre las armas en los últimos tres años (ver www.christianpost.com/news). En esto se parece a su homólogo Hugo Chávez, aunque éste al menos promovió una comisión que deliberó durante unas cuantas sesiones (para desembocar en la inercia).
Katherine es una profesora de gimnasia en el bachillerato, ahora retirada. Es descendiente de italianos pero no habla una papa ni de italiano ni de español. No guarda armas en su casa de un pueblo de Wisconsin, jamás ha tenido una. Pero cuenta que su hermana, quien vive en Colorado, sí tiene, y que las ha comprado porque ella y su esposo suelen ir de excursión a los montes, donde se instalan por unos cuantos días a disfrutar del aire libre en vacaciones. Como puede que aparezca un oso, llevan rifles. Es lógico. Pero Katherine agrega que nunca se han encontrado con un oso adonde van, y que su hermana es bastante paranoica pues teme ser víctima de la delincuencia en cualquier momento. Ni que viviera en Caracas.


Siempre es terrible ver cómo éstos jóvenes cometen terribles masacres. Se dan casos también en Europa, no es solo potestad de los Estados Unidos comprar y usar armas libremente. Y no creo que sean perturbados, tienen toda la conciencia para hacer cosas terribles porque un día se les antoja ver cómo mueren otros. No tienen miedo a morir, no les interesa el mundo y sus problemas. Yo me pregunto ¿y sus madres? ¿los atendieron alguna vez? ¿fueron queridos?. Quien sabe….