Rastafari de corazón

Onechot (Small)

Onechot  −Juan David Chacón− es un artista de espíritu arrollador. Fue víctima de la inseguridad en Venezuela, pero sobrevivió. No recuerda nada de esa noche violenta. “¿Dónde están mis dreads?”, fue lo único que preguntó cuando despertó del coma inducido luego del incidente. Se define como un sobreviviente caribeño que disfruta de la vida y la música. Asegura que se proyecta dentro de diez años con el alma joven, aunque su físico pueda mostrar lo contrario. Colecciona piedras, serpientes talladas en madera y, aunque le resulte difícil admitirlo, pirámides también

 

Carleana López

En una de las residencias de la Alta Florida de Caracas, todo parece indicar que lo conocen y prefieren llamarlo por su nombre artístico. “Usted busca es a Onechot” es la respuesta que se obtiene desde el vigilante hasta los vecinos que residen en el mismo edificio al preguntar por Juan David Chacón.

Se abren las puertas del ascensor para observar a un hombre alto, delgado y sonriente en la entrada de uno de los apartamentos del conjunto residencial. Luce un pantalón deportivo verde con pintas de color marrón, combinado con una camisa blanca decorada con zapatos, alusivos a la marca que patrocina su último disco, y un gorro negro que esconde sus nuevos dreads, aún en crecimiento.

Un hogar amplio, fresco, rodeado de libros y con buena vibra. Aunque comenta que toda la biblioteca es de su padre, asegura que disfruta leer cualquier libro. La luz natural que traspasa la ventana principal, la brisa de una tarde caraqueña y el sonido del agua que poco a poco cae de la fuente, logran un ambiente perfecto para que Juan David se exprese libremente desde su lugar más íntimo y permita que una periodista en formación indague sobre su vida. “¿Quieres algo de tomar?”, pregunta.

Es tranquilo y se muestra sin compromisos. La cámara que dispara las fotos no lo perturba. Se apodera del sofá, que invade el apartamento donde vive desde hace diez años, y se coloca en la posición más cómoda y relajada. Nada parece distraerlo y su mirada y atención se mantienen fijas en su interlocutor.

Desde muy pequeño, cuando estudiaba quinto grado, se inició en la música. Pero fue en tercer año de bachillerato cuando comenzó a cantar. Perteneció a un grupo musical “con un vocalista un poco irresponsable” y ante una de sus ausencias, en una presentación, tomó el micrófono y se lanzó a cantar. Así asegura que comenzó su historia musical.

Estudió Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela. En el año 1996, cuando se iniciaba como estudiante universitario, viajó por primera vez a Jamaica, siendo este el lugar que le cambió completamente su vida y donde nació su nombre artístico: Onechot. Cuando habla de Jamaica, su rostro no escapa de una pícara y radiante sonrisa, y su mirada se llena de alegría, sin duda es el lugar predilecto de todos los músicos que adoptan el género reggae como parte de su vida.

El nombre Onechot nace de la equivocada pronunciación de Juancho en la isla del Caribe. Cuando sus allegados intentaban decirle Juancho, su sobrenombre en español, se entendía Onechot, y Juan David sin pensarlo lo escuchó, le gustó y lo tomó.

 

Vocalista con proyecto de solista

En el año 1998 presentó su primer show con la agrupación Negust Nagast, en la cual se posicionó como líder de la pluma para escribir cada uno de los temas. Mientras que en Papashanty Saund System solía componer y compartir ideas e inspiraciones con sus compañeros Bosta’s y Paparazzi. A pesar de pertenecer a agrupaciones musicales, nunca dejó de escribir sus propias canciones. Un día notó que tenía suficientes temas y decidió producir su propio álbum como solista. “Los grupos pasan pero la gente queda y tú tienes talento”, fueron las palabras de Fidel, uno de sus compañeros más cercano en la música.

Su participación en Papashanty Saund System fue por cinco años, grupo con el cual le dio la vuelta a Latinoamérica, consiguiendo consolidarse como un artista reconocido en el ámbito nacional e internacional, y con el cual se impulsó para lanzar su carrera como solista.

Le gusta el rock pero lo define como un estilo de música pesado para su vida. “Hay gente que le gusta lo pesado y a mí me gusta lo light”. Cuando Onechot descubrió el dancehall, género musical originario de Jamaica, comenta que le cambió la perspectiva que tenía del reggae y confesó que eso era lo que realmente quería hacer. Estudió guitarra de la mano de Johan Cardozo y paralelamente piano con Gerry Weil. Entre los dos se “bandeó” para estudiar y aprender. También se destaca interpretando el bajo y un sinfín de instrumentos.

 

Vive y manifiesta otra cultura

De padres ligados a las humanidades y de creencia católica. Su madre, Luna Benítez, es editora, y su padre, Alfredo Chacón, poeta. Onechot afirma que la relación con ambos, y con sus parejas, es muy buena. Define el estilo de música que impulsa en dos palabras: “Paz y amor”. Pero no le quita el sueño proyectarse dentro de una relación sentimental: “No tengo relación estable y no la pienso tener”.

Aunque varias de sus composiciones se refieren a Dios, niega ser católico: “Soy rastafari total, yo creo en Yah. Para nosotros Dios es Yahvé”, siendo este el nombre por el cual este género y cultura musical reconocen y creen en la existencia de un ser supremo.

Sus fuentes de inspiración para la producción de sus canciones son la naturaleza, la vida, Yahvé y su familia. Sus melodías tienen amplio espacio para hablar de la ecología y hacer énfasis en lo social. Para este exponente de la música, estos últimos son los tópicos fundamentales en su vida y considera que deberían serlo en la vida de cualquier humano “porque el país sufre, el mundo sufre y hay que salvarlo”.

 

Censurado por cantar

Una publicación en el diario El Nacional una foto de la morgue de Bello Monte fue motivo de censura por parte del gobierno nacional, y por rebote tal censura también se generó en torno al vídeo expuesto en 2010 por el cantante. Rotten Town, video conocido en español como La ciudad podrida, fue el título de la canción número cuatro de su disco Onechot 1stShot, tema con el cual el rastafari deseaba mostrar a los habitantes de Jamaica lo que significaba vivir en Venezuela y la realidad del país. La censura más bien le brindó más promoción al tema y al vídeo; pero en todo caso, la medida tomada por el Estado le dejó suficientes interrogantes.

Dos años después de experimentar una censura musical por denunciar y alzar la voz de protesta en contra de la violencia en el país, sobrevivió a un incidente violento. En un asalto, recibió un tiro en la frente. Fue una enorme suerte que la bala no produjera un daño irreversible. Permaneció un mes en coma inducido. No recuerda esa noche de febrero de 2012 ni tampoco los tres días anteriores.

Sin duda, un hecho que le cambió su percepción de la vida. Juan David ahora siente más a su familia y cree más en su Dios. Se levantó para seguir cantando y, acompañado de su padre, ahora asiste a las terapias que aún recibe para completar su recuperación.

 

Entre familiares y amigos

Para Alfredo Chacón, padre de Onechot, cada uno de los momentos y los detalles de la vida que suele compartir con su único hijo varón siempre se llenan y se alimentan de esperanza, “de que toda su vida va a seguir siendo la persona que hasta ahora ha sido”. Para su progenitor sigue siendo el muchacho de siempre, dándole gusto tener a un hombre, a un hijo que vive en sociedad con su música.

Su mejor amigo, Gilberto Méndez (a quien se le convierte en una tarea difícil describirlo en pocas palabras), confiesa que Juancho tiene como objetivo en la vida su trabajo y mantener una alimentación sana. Según su amigo, tales premisas lo ayudan a “ser una persona sensible, siempre de buen humor y con suficiente paciencia”. Agrega que entre sus placeres están leer un libro, jugar fútbol, los videojuegos, ir al Ávila y la playa.

El nombre de su más reciente álbum –Natural− lo muestra tal como es. Un hombre tranquilo, relajado y completamente feliz. El disco tiene un antes y un después. Meses antes de ser víctima de la inseguridad ya tenía parte del material discográfico. Luego de su recuperación dio un giro absoluto en sus canciones y completó el material con canciones más románticas y sentimentales, sin abandonar su protesta ecológica.

Con la producción de Natural se adentró en un estilo “romanticón” que jamás se había planteado hacer. Sin embargo, se convirtió en su disco favorito por el atrevimiento a escribir temas como Eternamente y Canción bonita, baladas importantes para su carrera artística.

No idolatra a las personas y tampoco consigue nombrar a un artista especial para él. Simplemente piensa que la gente “es de carne y hueso”. Para convencerse de que alguien es bueno debe primero conocerlo muy bien y darse cuenta si realmente es un “tipazo”, como en el caso de Michael Rose.

En pocas palabras, hace referencia a las diferencias entre el género reggaetón y el reggae, destacando que son dos cosas contrarias. Para él, la idea de que los seguidores de ambos estilos musicales se odien es desacertado; particularmente Onechot no escucha reggaetón ni es de su agrado pero suele compartir con varios de sus exponentes, siendo uno de ellos Luis Armando Lozada, mejor conocido como Vico C.

Para mí, Vico C sí es un señor respetable. Es un hombre hecho y derecho. No como Tego Calderón, que un día le saqué un tabaco de cripy y era como si le hubiese sacado a su madre.

 

***

 

Cierto rechazo se puede olfatear hacia este género musical, el reggae, el cual contempla una manera de vestir y un estilo de vida particulares. Una referencia al consumo de sustancias ilegales suele hacerse cuando de reggae se habla. Onechot manifiesta que “las personas deberían estudiar y leer más sobre el género. Oír la música y entender sus letras”.

Compara a la “cuna de los rastafari”, Jamaica, con Venezuela, y es así como describe el país que sueña y que desea tener:

En Jamaica la gente vive y es feliz con muy poco y eso es lo que yo quisiera que Venezuela adoptara. Que la gente sea feliz, sin miseria.

Es un artista completo. Compone, canta y es capaz de deleitar a sus fieles seguidores con el suave sonido de su guitarra, su mejor compañera. La música es su desayuno, almuerzo y cena; es su vida. Un cantante que se diferencia de otros. Tiene días con múltiples compromisos que cumplir y otros días sin nada que hacer. Alegre, atento, con una vibra positiva siempre latente y con la certeza de que en un futuro seguirá tocando en todos lados, con más discos, quizás un poco viejo, pero siempre con el mismo espíritu.