El magnate de la imagen

DevriesEstudia lo que pocos saben, pero a todos les importa. Analiza lo que a simple vista no se nota. A sus 65 años de edad, este caraqueño ha descubierto que en Venezuela lo que vende es la imagen y el poder. Por eso los convirtió en su propio negocio

Fabiana Mogollón

En la silla de su consultorio adopta una posición en la que se ve relajado. No es de los que suele sentarse erguido. Nada genera más confianza que un traje bien elegido. Camisa rosa a rayas bien planchada, corbata azul celeste y traje negro, su color predilecto. Sin duda, su atuendo elegante y bien pensado alude a la elegancia y al buen gusto. Vestir bien para comunicar es una costumbre que mantiene desde hace varios años.

Todo comenzó cuando aún siendo un joven de 25 años su mejor amigo Juan José, alias JJ, le pidió que lo ayudara a vestirse para una cita con una chica cinco años mayor que él. JJ quería lucir tan bien como De Vries. Fue así como descubrió su atracción por la imagen, fascinación que se mantiene intacta hasta el día de hoy. “Me di cuenta que si queremos lucir bien en ciertas situaciones es porque buscamos causar un determinado efecto en las personas”.

 

EL PODER DE LA IMAGEN

Algunos dicen que la apariencia no importa sino los sentimientos. Pero para el “doctor De Vries”, como suelen llamarlo sus alumnos, la imagen se traduce en poder y él la convierte en negocio. Según De Vries, la imagen moldea la impresión que los demás tienen acerca de una persona. “Si puedes cambiar su percepción y lograr que te vean como tú quieres, tienes poder”. No es extraño que grandes figuras políticas como Barack Obama y su esposa tengan en cuenta que en el estilismo de los políticos se deben considerar hasta los más mínimos detalles. La imagen de un presidente nunca debe ser improvisada. Incluso el expresidente Chávez —a quien De Vries asesoró en una ocasión— parece haber entendido perfectamente la fusión entre imagen y discurso. Se quitó el traje azul de estadista y lo cambió por las chaquetas militares y simples franelas rojas para crear la sensación de igualdad con el pueblo y así tener poder sobre él.

Por todo esto, De Vries decidió dedicar gran parte de su vida a estudiar la imagen y sus efectos en quienes la perciben. Cada vez que sale de Caracas a dictar una conferencia de poder e imagen se esmera puliendo su propia apariencia. Confiesa que puede pasar horas escogiendo el atuendo perfecto para ocasiones importantes, costumbre que hace preguntarse si será narciso. “Su autoimagen es una de las cosas que más suele cuidar, pues quiere proyectar seguridad y experiencia frente a sus interlocutores”, expresa Blanca de González, su amiga desde hace más de 40 años.

Cuando no está dictando cursos fuera de la ciudad está en la Quinta Miss Venezuela enseñando a las jóvenes a ser misses. Les enseña a comportarse y a verse como reinas. “No camines de lado”, “saca el pecho”, “no uses ropa tan ajustada”, “cuidado con las minifaldas”, son algunos de los consejos que se oyen en una clase de imagen donde estas chicas son las protagonistas. A veces les ayuda con sus problemas de pareja. Aunque admite que algunas señoritas “son tan superficiales” que disuelven sus ganas de asesorarlas. Pero así es el trabajo.

 

EL PSIQUIATRA

Otro de sus negocios es la psiquiatría. Se especializa en adolescencia y sexología. Cuando logra hacer de lado el poder hace un espacio en su apretada agenda para dirigirse hasta su consultorio en Altamira, lugar donde, por lo general, “tiene una larga lista de pacientes, a los que atiende cordialmente”, asegura Hilda, su secretaria, añadiendo que De Vries es extremadamente organizado.

Una moderna y acogedora sala de estar es lo que parece el consultorio psiquiátrico del doctor De Vries. Un enorme sofá de cuero beige adornado con cojines negros de gamuza le da un toque sobrio. Las pinturas que exhibe en su consultorio —cuya autora es su madre— muestran hermosos paisajes, niños jugando y coloridos racimos florales que adornan las paredes de color amarillo tostado. Considera que lo más enriquecedor de trabajar con adolescentes es volver al pasado. “Uno rememora su historia por medio de la psicología de algunos jóvenes”. Cree que lo más divertido de escuchar los problemas juveniles es que se actualiza en cuanto a moda y géneros musicales, que enriquecen a este melómano empedernido. Hace referencia a que los problemas de los adolescentes de hoy en día siguen siendo los mismos de los jóvenes de antes, solo que están vinculados al reggaetón, al Ipod, al Facebook y al Twitter. Aprovecha para aclarar que, aunque atiende a jóvenes reguetoneros, detesta el género, al igual que la bachata, pues considera que todas las letras dicen lo mismo: “dale duro mamita, dale duro mamita”. Su música favorita es el rock y el jazz.

Desde que abrió los ojos por primera vez supo que debía cuidar su imagen. Su nacimiento fue inesperado. Surgió una emergencia y le hicieron cesárea a su madre doña Isaura Valero, merideña de veintiséis años que había contraído matrimonio con el holandés natural de Ámsterdam, Arnold de Vries Van Leewen, quien trabajaba como técnico de la Phillips. Como aquel parto fue imprevisto, la primera ropa que usó el pequeño De Vries fue prestada. El hijo del doctor que atendió el parto, quien nació ese mismo día, le prestó un abrigo de felpa. Una vez vestido, el recién nacido se retorcía y lloraba —según le contó su madre años después— “era como si no estuviese de acuerdo con usar aquel atuendo que más bien parecía de hembra”. Más tarde, ambos niños, que nacieron el mismo 23 de agosto de 1949, serían  compañeros de estudio de medicina en la Universidad Central de Venezuela.

 

EL PERIODISTA

Estudió periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello, pues sintió que el acontecer nacional también era su vocación. Uno de sus pasatiempos es sentarse a “comer historias” durante horas. Tal vez es por eso que ha escrito cinco libros. “Otra actividad en la que invierte su tiempo libre es ofrecer entrevistas a los medios casi todas las semanas y nunca se aburre”, comenta Julio César, socio y amigo de quien siente una gran admiración por el periodista Óscar Yanes, aunque sabe que nunca llegará a ser como él. Considera que ese es su gran fracaso. Confiesa que nunca le habían hecho una entrevista de personalidad, por lo cual está un poco nervioso. Siempre lo han entrevistado para analizar la psiquis, imagen y comportamientos de otros. Pero nunca para hablar de él. Aprovecha para hacer una crítica al periodismo venezolano. Confiesa que siente tristeza por el periodismo de investigación que se realiza en el país y lamenta la poca importancia que se le da. “El periodismo de investigación puede cambiar la historia de una nación”. Considera que el esfuerzo que se ha realizado hasta ahora es débil. El experto en imagen nunca se ha casado ni tenido hijos. “Es borgiano. Se apega a la teoría de Jorge Luis Borges porque cree que como ser humano no puede traer un hijo al mundo si no tiene la seguridad de que en el futuro podrá proporcionarle herramientas para una vida plena”, explica su amiga Blanca. Vive en la casa que antes era de su madre con su hermana menor, Rebeca de Vries, quien también es asesora de imagen. Él le contagió su fascinación. “Cuando su madre murió, él se dedicó a diseñar la casa, cuidando hasta el más mínimo detalle para que esta proyectara la imagen que él deseaba: buen estilo y vanguardia”, recuerda su socio, Julio César. Aunque es un aficionado de la apariencia y el poder, detesta los cargos políticos que le han ofrecido en varias ocasiones y “nunca los aceptará”. Sin embargo, el poder seguirá siendo su mejor negocio.