¿Cómo llegó Globovisión a esto?

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En estos días de blackout informativo, mientras el país prácticamente se incendia en protestas lideradas por el sector estudiantil y el Gobierno reacciona con represión, el caso Globovisión revela sus aristas más crudas. El público venezolano ha asistido a un progresivo y al parecer inexorable declive hacia la autocensura. La programación se aferra a noticieros sobre tecnología, farándula y deportes mientras escamotea los sucesos del día y, sobre todo, la voz de la disidencia nacional y local

Sebastián de la Nuez

¿Cómo llegó Globovisión a la autocensura? Probablemente porque no hay cosa más cobarde que un millón de dólares.

El negocio de Globovisión durante 14 años fue la crisis. La crisis le trajo cientos de miles de usuarios y una buena tajada de anunciantes. Las crisis venden. Nunca como antes la gente en Venezuela había estado tan interesada en seguirle la pista a la política local. Globovisión ha sido una muestra de la capacidad de penetración y share de la crispación como tema. Igual puede decirse de otros medios e incluso de rubros comerciales que han sido favorecidos por el clima político. A partir de cierta revisión historicista del pasado republicano, ¿la industria editorial criolla no ha conocido un segundo (o tercer) y provechoso aliento? Chávez hizo que la gente quisiera verse a sí misma: en su pasado, en la pantalla de TV, en la revisión de las causas que han llevado al país a este punto..

Globovisión representó una innovación: una televisora dedicada a las noticias. El antecedente local más cercano es la emisora RCR 750 AM, Radio Caracas Radio, dedicada a tiempo completo a la información.

El canal UHF 33 salió al aire el primero de diciembre de 1994. Los noticiarios pasaron a ser la columna vertebral de una pantalla dedicada las 24 horas del día a la información y a la opinión. Inicialmente se llamaría Unitel y funcionaría en la azotea del edificio El Universal, en la avenida Urdaneta, pues el empresario Luis Teófilo Núñez era uno de sus principales accionistas. Pero luego entró Nelson Mezerhane y se convirtió en el accionista principal. La idea fue de Federico Alberto Ravell. Las ideas en Globovisión siempre vinieron de él o salían de sus conversaciones con el entorno inmediato. Desde luego, hubo un empeño directivo, un equipo nuclear que actuó con entusiasmo y afán emprendedor en el mejor sentido del término; pero Ravell era el motor.

La historia del canal de televisión que durante más tiempo se ha enfrentado al chavismo es la de un forcejeo que ha ganado recientemente el poder Ejecutivo. El canal fue vendido en 2013 a un grupo −liderado por el banquero Juan Domingo Cordero− que en seis meses lo convirtió en una ventana con los cristales turbios. Ahí no se aprecia el país en su multiplicidad. En absoluto.  Funciona ahora el canal bajo la muletilla del equilibrio. En la práctica, es ridículo ese equilibrio ante un Estado-Gobierno-partido que cuenta con una panoplia de medios que bombardea las 24 horas del día con propaganda oficial.

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Chávez hizo dos rondas por los medios una vez asumida la Presidencia: el ambiente de relativa luna de miel aún lo permitía. Y quizás pensara que con su carisma vencería la naciente pugnacidad. Nunca hubo una tercera ronda. Se rompieron los lazos poco a poco, la tensión creció en los años 2000 y 2001. Hubo, en cuanto a Globovisión, un punto focal que marcó el rompimiento definitivo, cuando el presidente insultó al padre de Ravell en cadena.

Para que se tenga plena conciencia de las dimensiones del suceso, Ravell hijo venera a Ravell padre. Ravell hijo recuerda perfectamente su niñez de exilio pues el padre sufrió primero cárcel y luego se vio obligado a marcharse del país bajo el régimen de Marcos Pérez Jiménez. Fue un luchador a favor de lo democracia, pero al parecer el propio Chávez no estaba al tanto de eso cuando una noche de 2004 hizo una referencia muy desagradable a Alberto Federico padre. En conversación con la periodista Macky Arenas, ella me contó el día después en el canal:

Nos molestó mucho; era un señor que se había pasado la mitad de su vida preso. Zuloaga nos llamó a todos y nos reunimos debajo de la mata, en el patio de adentro. Éramos como una familia. Había quien lloraba. Zuloaga dijo que lo que había expresado Chávez era inaceptable. “Vamos a defender al papá de Alberto y lo vamos a hacer al estilo de Globovisión”, dijo. Ese día empezó el programa Biografía. El primer personaje: Alberto Ravell, padre.

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El enfrentamiento, público y notorio, contribuyó a visibilizar la polarización e incluso, quizás, acicatearla. El gobierno del presidente Chávez bordeó la ilegalidad, cometió abusos, utilizó las instituciones para el chantaje y la presión, modificó leyes a su antojo en su forcejeo con los medios independientes o simplemente no oficialistas. Ese gobierno, y el de Maduro, buscaron durante tres lustros por vías alternativas lo que no pudo conseguir Chávez a través de sus embelecos carismáticos.

La  historia de Globovisión vs. el Estado es, en principio, la de la empresa privada contra la amenaza comunista. Algo titánico. Pero ha sido también la representación de la polarización en vitrina. El pugilato fue abierto, espectacular, de amplia difusión, sin cuartel y sobre todo representativo.

Sin embargo, al día de hoy no hay pugilato alguno. Ha terminado por abandono de uno de los contendores. Cayeron los empresarios por cansancio, porque el Gobierno les cerraba las puertas de la alta definición y la concesión pronto vencería, por falta de ética o por sobredosis de dólares. La lucha contra la amenaza comunista tiene, pues, sus límites. En estos días de febrero de 2014, tras el blackout que se autoimpuso la planta al reseñar a medias las protestas estudiantiles en todo el país, y bloquear casi por completo las voces de la MUD, ha continuado la deserción de periodistas. Es posible que no hayan aguantado no solo las presiones internas sino las externas. Más las de su propia conciencia.

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Más allá del enfrentamiento empresa-Estado, Globovisión fue un excelente ejemplo de profesionalismo… a pesar de sus excesos. Entrevisté a la periodista María Fernanda Flores para el capítulo del libro Saldo en rojo, editado por la Fundación Konrad Adenauer con artículos que hacen un balance de los 14 años en el sector comunicaciones de la era Chávez. El mío, en particular, abarcó el tema Gobovisión. Ese profesionalismo mezclado con creatividad que históricamente caracterizó a la señal lo despachó Flores de esta manera:

Cuando no tienes plata, te pones creativo.

A consecuencia de la crisis financiera de 1994, el banquero Mezerhane se vio obligado a atender con prioridad su negocio medular, de modo que Zuloaga asumió parte del hueco financiero que se generó en la planta, pero sin duda el músculo financiero quedó resentido. La creatividad se notaba en el aspecto operativo, en la forma de cubrir las pautas pero también en la búsqueda de alternativas para lograr mayor penetración de la señal. Por lo general el trabajo de varias personas lo debía hacer un equipo muy reducido. En este sentido, Flores recordaba como un logro el seguimiento al juicio a Carlos Andrés Pérez, episodio que a su modo de ver se cubrió de forma más completa, con menos recursos, que los demás canales.

Sobre la torta publicitaria: si se miden las audiencias de Globovisión según los cánones de la señal abierta, su influencia en la opinión pública debería ser mínima: 0,43% de total individuos visto el país en bloque, y en las zonas donde llega la señal abierta (Caracas y Valencia), una audiencia entre las clases socioeconómicas A, B, C y D cuantificable en 2,3%. El punto fuerte de Globovisión, la base concreta para ofrecer un atractivo a los anunciantes, ha estado en las cableras. La política fue regalar la señal, buscando la cobertura nacional a través de esta vía.

Hubo una recuperación parcial después de 2007-2009 a través de políticas segmentadas de mercadeo, con énfasis en el pequeño comerciante inversor, flexibilizando tarifas, según me declaró la gerente de Publicidad, Maribel Pombo. «Aprendimos a entender las necesidades del anunciante».

Siga la parte II de este trabajo.