Barrio desaparecido

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Ayer lucía despejada la avenida Francisco de Miranda frente a la Torre Hewlett-Packard. El concreto y el vidrio, pero también las motos sobre la amplia acera, volvieron al protagonismo visual. Ya no hay campamento de protesta, aquella especie de barrio enquistado allí en medio que duró dos meses. Una noche de mayo el Gobierno le dio un golpe militar –no es metáfora− y lo arrasó  

 

Sebastián de la Nuez

Tiene razón Carlos Monsiváis cuando dice que la vida cotidiana en la ciudad no es otra cosa sino una actividad de sobrevivientes.

Caracas marcha a contracorriente; en otras ciudades latinoamericanas, lo que debería ser eterno es barrido por el modernismo, la destrucción innovadora le cambia la faz a las urbes de la noche a la mañana. Aquí sucede eso y también lo contrario: lo que debería ser efímero, el mientras tanto, se eterniza. El “desastre duradero” del que habla el cronista mexicano mora en Caracas pero en él colaboran Estado y ciudadanos.

Sobrevivientes eran quienes pernoctaban en el campamento de la Francisco de Miranda: de las marchas y represiones diversas de febrero, marzo y abril. Hasta que llegaron los militares aquella madrugada.

Quedan vestigios en las paredes de lo que piensa la gente.

Quedan vestigios en las paredes de lo que piensa la gente.

El barrio que erupcionó en cuestión de días en plena avenida amenazaba con eternizarse. Como se eternizan los ranchos, las tuberías amarradas, las invasiones o las construcciones públicas a medio hacer. El apoyo de la ONU nunca cristalizó. Quienes poblaron el barrio de la protesta frente a la Torre HP erigieron calles de tiendas de campaña, baños portátiles, un sistema de luz robada de las alcantarillas, una exposición de municiones y varios altares. Había organización. Cantaban el himno nacional con metódica devoción a las seis de la mañana y a las doce del mediodía. Un barrio con su rutina, sus ritos, sus paredes hechas de carteles contando una historia.

Una cuadra más al norte, la cerca de la antigua pastelería St. Honoré fue desmantelada por los guarimberos, algunas noches después.

Una cuadra más al norte, la cerca de la antigua pastelería St. Honoré fue desmantelada por los guarimberos, algunas noches después.

Todo eso fue borrado sin orden de allanamiento ni de aprehensión emitida por algún tribunal. En respuesta al arrase de los campamentos –no solo allí, en Los Palos Grandes, sino también en la plaza Alfredo Sadel− los estudiantes organizaron marchas que fueron igualmente reprimidas. La Policía Bolivariana y la Guardia Nacional los roció con gases, alrededor de la plaza Brión un día, en la avenida Andrés Bello de Los Palos Grandes otro.  Juan Requesens, uno de los líderes del movimiento que inició las protestas contra el Gobierno de Nicolás Maduro hace tres meses, dijo: “Nosotros vamos a seguir en la calle por estos nuevos compañeros detenidos y todos los que son víctimas del abuso de poder”.

La toma muy militar de los campamentos –con su saldo de 243 jóvenes encarcelados− fue en la madrugada del jueves 8 de mayo. El diario Tal Cual tituló al día siguiente: “Carajazo al diálogo”.