Oswaldo Vigas, burgués

VIGAS

Dos alumnas de la UCAB, María Isabel Capiello y Ana María Cuevas, escribieron en 2007 una gran semblanza del pintor Oswaldo Vigas como trabajo de grado. He aquí extractos del capítulo que habla de la capacidad del pintor y muralista para vender a buenos precios su propia obra, aun cuando en esto el protagonismo se lo lleva su mujer Janine, como promotora y cajera de las obras del valenciano de las brujas. Como es sabido, Vigas falleció el pasado 22 de abril en Caracas, a los 87 años. Quizás sea hora de rescatar este trabajo de grado para su publicación. La semblanza fue dividida en adjetivos tratando de sintetizar los rasgos de la personalidad de Vigas y su proyección personal como hombre público: polémico, impulsivo, burgués, auténtico, sensible, emprendedor, latinoamericano. Aquí, el Vigas “burgués” según la lectura de las graduandas

 

María Isabel Capiello / Ana María Cuevas

“Cada vez que vendo un cuadro me descapitalizo”, dice con frecuencia Oswaldo Vigas a Janine, su esposa y manager.  Es ella quien ha asumido como empresa el mercadeo de la obra artística del maestro. “He trabajado toda la vida para la posteridad de Vigas, y ya estoy muy cansada. Esto es una disciplina vitalicia”, afirma la diligente señora con voz dulce y expresión complaciente. Sin embargo, todo aquel que conoce a Vigas lo sabe: “Eso es un matriarcado”, comenta el fotógrafo Reynaldo Armas al respecto. Incluso Lorenzo se refiere a sus padres como si hablara de cabecillas de un consorcio:

Ellos necesitan tener un proyecto, funcionan así, viven de eso.  No son el tipo de gente que se retira. En mi casa siempre se está trabajando: ahora es la exposición de Biarritz, entonces es el catálogo, los textos, las obras… todo, luego vendrán otros proyectos.

¿Será quizás en eso que se fundamenta la trayectoria sostenida de Vigas? El amigo, poeta y ensayista Rafael Arraiz Lucca señala que es justamente esta disciplina de Vigas, tanto en la creación como en la proyección y venta de sus obras, lo que lo singulariza como artista. “Esa vida ordenada que lleva y lo que ha logrado construir se lo debe en buena parte a Janine, quien es su gerente, y para un artista eso es envidiable”.

Definitivamente, esa actitud frenética de los Vigas frente al trabajo los hace singulares.  Pero la cuestión tiene raíces más profundas. Su sobrino, el director de la UNITEC y ex presidente del CNE, César Peña Vigas, explica que el éxito de la obra de su tío tiene que ver con un término gerencial, de gestión, en este caso dentro del mercado artístico.

 

Manos a la venta

Fecha: 17 de mayo de  2005.  Alianza Francesa, urbanización La Castellana.  Oswaldo Vigas. Grabados recientes es el título de la nueva exposición del artista.  Días antes había acaparado la atención de los medios, críticos, coleccionistas y seguidores en la presentación oficial del mural que el presidente del consorcio bancario Banesco, Juan Carlos Escotet, seleccionó para adornar la plaza abierta de Ciudad Banesco, sede del banco. Esta vez Vigas inaugura una nueva sala de exposiciones con 30 piezas, entre grabados, colografías y aguafuertes sobre un tema recurrente en su obra: la crucifixión.  El director de la Alianza, Herve Braneyre, lo presenta y le pasa el micrófono: “Estas crucifixiones son las últimas que he hecho. Uno cuando pinta está mitad crucificado también”.

Declaraciones como esa son quizás una forma de mercadear, más que obras, su nombre: “He dicho muchas cosas que no gustan, pero en muchos casos es menos lo que me perjudica que lo que me atrae simpatía”. Acaso también dinero.

Mientras se desarrolla la exposición en la Alianza Francesa, Janine cuida cada detalle: que pasen el vino, que Oswaldo esté cómodo y salude a la gente.  Ella camina  de un extremo a otro, pero todo el tiempo presente. Una niña con apariencia humilde se acerca al artista y le pregunta con timidez si le puede dar un autógrafo.  El maestro se niega mientras saluda con afecto a su amigo, el crítico y también pintor Perán Erminy. Cuando se trata de promocionarse, no hay tiempo para niños.

La galerista Carmen Adelina Pinto afirma que es esa actitud, en ocasiones mezquina, lo que muchos critican del pintor carabobeño: “Durante la Feria Internacional de Arte de 1999, en su honor, Vigas cobraba cinco mil bolívares por el autógrafo”.  Janine desmintió esta afirmación, pues explica que para esa oportunidad se hicieron una cantidad determinada de serigrafías firmadas por el maestro y era esto lo que se vendía “a un costo ínfimo de 5.000 bolívares”.

Ahora bien, no es de las pequeñas exposiciones de lo que viven los Vigas. Se conoce que sus obras se cotizan bien en el mercado, pero, a saber de los expertos como el director del Museo Arturo Michelena, Héctor Castillo, “esto depende de muchos factores, está el precio de la obra y la tensión que se genera en torno a él por la galería, las subastas, los coleccionistas y los marchantes”. Para Castillo, entre los artistas venezolanos vivos más cotizados está en primer lugar Soto, luego Cruz-Diez y después Vigas, Alirio Palacios, Cornelius Zitman y Carmelo Niño.

En el caso de Vigas, es Janine quien se encarga de determinar cómo se vende su obra: “Esto es una forma de hacer las cosas, el no vender un cuadro porque se necesita comer y no ofrecerlo más barato del precio anterior.  Nosotros nunca hemos vendido un cuadro por necesidad. Es por eso que finalmente la obra de Oswaldo es más cotizada que las demás, porque hubo más orden y al vender uno intenta proteger al coleccionista”, afirma.

No cabe duda de que la ardua labor de Janine ha rendido sus frutos: cinco murales en la Ciudad Universitaria de Caracas, la fachada del Ateneo de Valencia, la Trilogía para Banesco, el Hotel Tamanaco Intercontinental y muchas paredes de hogares de la clase media y alta venezolana. Si bien para muchos artistas son las galerías las que promueven su obra, para Oswaldo es su querida Janine: “Nunca le he dado la exclusividad a nadie”, asevera la vendedora estrella.

 

Cotización justa o injusta

Más allá del espíritu de los talleres, de ese ambiente liberador y enriquecedor que sugiere la obra de arte en una galería o museo, está, como en todo lo que se considera mercancía, el precio.

Sin embargo, en el arte no se suelen colocar etiquetillas que guindan de una esquina del “producto”.  Esta parte espinosa del asunto es tratada con delicadeza y los Vigas sólo lo conversan con las partes interesadas, entiéndase, quienes pagan.

Por ello, Janine Vigas se muestra reticente a brindar información al respecto. “No, mis niñas. Ya es tarde, pronto hablamos para coordinar otro encuentro”, comentó en una oportunidad frente a la interpelación. Siempre esquivando el tema.  Pero, finalmente tras darle largas al asunto, se decidió por fin a dar su versión acerca de la cotización en el mercado de la obra de su esposo:

El rango de Vigas en el ámbito de los artistas latinoamericanos está increíblemente barato. El ejemplo es México y Colombia. Esos artistas del mismo nivel que Vigas venden a precios hasta cinco veces más altos que los artistas nacionales,  porque van a las subastas internacionales y elevan su costo. En Venezuela eso no existe, gracias a Dios el artista tiene un mercado nacional que le permite vivir pero no le admite proyectar su obra internacionalmente.  Con saber que los artistas venezolanos valen la cuarta parte de lo que valen los otros ya saben. Esa es la respuesta.

 

Una anécdota

Rafael Barrios, Sigfredo Chacón, Onofre Frías, Jaime Sánchez, Félix Perdomo Manuel Quintana Castillo, Jesús Soto, Victor Valera, Fernando Wamprecht  y Cornelius Zitman fueron tan solo algunos de los notables que donaron parte de sus obras para construir una pequeña escuela en Fila de Mariche bajo la coordinación de “Siempre Amigos”.  Oswaldo Vigas también formó parte de este grupo, pero Turco-Rivas lo  recuerda con amargura: “Entre todos los artistas que visité y quienes colaboraron, Vigas fue el más desagradable.  Su esposa daba precios altísimos por obras que no lo merecían y el pintor mantuvo una actitud arrogante y pedante”.  Un óleo sobre madera de 1.10 metros por 80 centímetros, de 1968, fue finalmente la obra que apareció en los catálogos de aquella subasta del año 97 bajo la impronta del artista carabobeño.  Entre 2.200.000 y 4.300.000 bolívares oscilaba el valor de aquel cuadro.

 

Modesta guarida

Una mesita de madera pintada con guache adorna la pequeña sala de Janine. Y  es que si un decorador de interiores asistiera al departamento de los Vigas vería un acogedor espacio que invita a sentarse relajadamente. Aunque no hay nada de feng shui, se respira un aire de sosiego. Retratos del guapo Lorenzo, de las rubias sobrinas francesas de Janine, intercalados con aquella emblemática foto de Vigas junto a Picasso, con obras y bocetos del artista, y un peculiar cuadrito con la bandera de Cuba y el Ché Guevara (Janine aclara que “fue un regalo de un sobrino de Oswaldo que murió”) completan el escenario.

Sencilla, sin duda, es la residencia de los Vigas. Nada de lujos. En la bandeja de madera junto al comedor jamás faltan las frutas, y del otro lado de la sala, frente a un sofá con televisión, la vitrina con piezas de porcelana chinas que completan la colección del pintor.

Esta ha sido la residencia de los Vigas desde el momento en que llegaron a Caracas en 1964. Janine, para entonces una joven francesa que hablaba poco español, se vino sola a la ciudad capital de un país desconocido a buscar residencia. “Recuerdo haber visto muchísimas, pero esta fue la que me gustó, por tener además la posibilidad de hacer un taller para Vigas”.

A pesar de que adquirieron el salón de fiestas del edificio en Los Dos Caminos para hacer el estudio del pintor y, más tarde, compraron también uno de los apartamentos aledaños, el espacio se les reduce por la cantidad de cosas que hay por guardar. “Antes Oswaldo decía que nos debíamos mudar, por el espacio, pero hemos estado aquí desde siempre y la verdad ya yo no estoy para mudanzas”, asegura la esposa del maestro, quien además está acostumbrada a tener todo lo que necesita cerca: ya sabe donde hacer las compras, va a nadar al club Catalán tan solo unas cuadras arriba y se maneja muy bien en ese espacio que se conoce de memoria.

En definitiva, los Vigas parecen tener sus prioridades en orden: para un artista, el arte, y aunque no hay duda de que recursos tienen, llevan lo que en Venezuela se conoce como un “bajo perfil”. Puede ser quizás esto lo que los diferencia de la burguesía nacional: “Yo he comprado cinco aguafuertes de Picasso, y uno de esos tenía un sello lacrado de Pablo Escobar. ¿Por qué un narco colombiano colecciona arte de este nivel? Porque quiere igualarse a la burguesía del país y para codearse con esa estirpe necesita tener un Picasso, un Botero. ¿Y qué compra el narco venezolano? ¿Cuadros? Comprará hatos, carros, edificios, joyas, porque a eso es que le da importancia nuestra burguesía”, afirma Oswaldo Vigas.

 

Parece pero no es

Cuenta Janine:

Un día una señora judía vino a comprar un cuadro de Vigas que había visto en una exposición y no lo había podido adquirir. Me sacó una paca de dinero en efectivo, pero le faltaban 2 mil dólares e insistía en que le bajara de precio y le “perdonara” eso que le hacía falta.  Por más que insistió, no se lo vendí.

La anécdota confunde, pues esa imagen no coincide con la sensible y amable mujer que regala ropa y ayuda a los niños necesitados, pero se supone que al tratarse de negocios, los Vigas son implacables. Miguel Ángel Clemente intenta explicar esa contradicción: “Vigas es muy egoísta. Sí regala, da bocetos, dibujitos. Me refiero a egoísta como miserable, cuando le da por esa nota”.

Depende del ánimo. Lo que sí es cierto es que la gran mayoría de sus esfuerzos están orientados a consolidar ese nombre: el gran consorcio Vigas, para así asegurar su posteridad y rentabilidad. Ejemplos de ello: la Casa Vigas –el museo que actualmente construyen en Valencia–, el libro de ensayos sobre los grabados que le encargaron a Rafael Arraiz Lucca para su próxima publicación, y el famoso mural de Banesco.  “Independientemente de subastas, galerías o intermediarios está la sociedad. La obra de arte la compran los únicos que pueden hacerlo: la burguesía”, aseguró Vigas cierta vez en una entrevista publicada en El Universal.