Cita en VeneYork

En el taller de Suárez también se hacen vitrales.

En el taller de Suárez también se hacen vitrales.

“Soy un hombre de taller”, dice Daniel Suárez, factótum de una preciosa casa de las artes plásticas en La Florida donde, a veces, se reúnen pintores y escultores a echar cuentos de Reverón o detallar la cantidad de errores que tiene el escudo nacional

 

Sebastián de la Nuez

Daniel Suárez se ha llevado unas cuantas quemadas y martillazos en su trabajo. Pero le gusta transformar los materiales: hierro, bronce y madera. Su casa es una galería de arte y un taller al mismo tiempo.

Pero sobre todo es un emprendedor. Un emprendedor autodidacta. Tiene a siete personas trabajando con él y a su propia familia (sus hijos son tres: uno antropólogo, otro sociólogo y, el tercero, filósofo). Su genio es su esfuerzo. Nació en Táchira, nunca ha vivido fuera de Venezuela y todo lo que hace tiene un sello, un tono propio. Hasta el violín de Paganini a la entrada de VeneYork es su Paganini particular. Se autocalifica como abstracto y ejerce de tal. Incluso ese Romeo y Julieta estilizados del jardín, atrás, sin sus Romeo y Julieta y no los de nadie más.

VeneYork es, por mayores señas, una casa. La tiene alquilada en La Florida desde hace como 14 años, cerca de donde antes estaba ProDiseño. Todas las puertas y ventanas con bellos retorcimientos del hierro y de la madera salieron de su trabajo. “Es un sueño logrado. Una fábrica. Esto se logra trabajando. Y lo primero es creer en uno mismo. Y pensar en forma colectiva”.

Hay artistas a los que apoya construyendo las obras diseñadas por ellos; es restaurador y promueve las obras de los demás. Se ve bien económicamente. En Sabana Grande hay una obra de bronce de su autoría, comprada por Pdvsa, y también hay cosas suyas en edificios privados.

“Para mí es más importante la forma”, dice. “Me gusta la obra cruda. El color, el ropaje, no me interesan tanto. Me gusta que se vea la artesanía, que se vea la soldadura, que se vea que el hombre participó… Cuando uno aplica color el acabado se ve muy perfecto, se ve muy… industrial”.

Una obra reciente en PVC de Octavio Herrera.

Una obra reciente en PVC de Octavio Herrera.

LA ANTOLOGÍA DE HERRERA

Al día siguiente, es decir, hoy domingo, inauguraría una antología allí en VeneYork su amigo Octavio Herrera, carabobeño que se formó en la Escuela de Bellas Artes de Maracay. Después de especializarse en pintura, escultura y grabado se fue a los 24 años a París a buscarse un lugar en el arte y lo encontró. Incluso llegó a ser profesor en su universidad durante nueve años. Hoy vende sus obras no solo en Francia sino, sobre todo, en Alemania y Suiza. En Estados Unidos también ha expuesto y es cofundador de un museo de arte geométrico en Dallas. Sus primeras obras son de madera y tela, y las últimas, de PVC. También trabaja el papel y el hierro. Con sus manos lo hace todo, hasta los marcos.

Durante todo julio y agosto podrá apreciarse su colección en VeneYork. Es interesante su propuesta, determinada por cierta aritmética visual y el color. Herrera examina el acabado de su trabajo con lupa, así de perfeccionista es.

En resumidas cuentas, esta quinta es una especie de centro Los Galpones pero con menos pretensiones; le faltaría quizás un cafetín para promover el sitio con mayor énfasis. El lugar es estupendo para charlas, reuniones o vernissages, esa fiesta del encuentro con acento francés que antaño podía significar cualquier cosa, pero que ha caído en desuso porque ahora todo es “conversatorio”.

Suárez (izqu ierda) y sus amigos Santiago Pol y José Campos Biscardi.

Suárez (izquierda) y sus amigos Santiago Pol y José Campos Biscardi.

 

Suárez y su violín de Paganini.

Suárez y su violín de Paganini.