El greñudo de moda

Willy Mckey

A sus 34, Willy McKey puede decir que ha hecho casi de todo en el ámbito literario. Es poeta, cronista, editor, crítico, presentador de libros e, incluso, pichón de dramaturgo. Pero sobre todo, es un agitador. Lo que quiere ahora es seguir haciendo radio, escribir y leer

 

Estefanía Giambalvo K.

Su labor como agitador cultural, junto con su estilo único y su versatilidad, han generado empatía entre miles de venezolanos, quienes lo consideran una referencia importante de la esfera cultural en la actualidad.

“Una entrevista romanceada. Venga pues. Usted diga”, fue la frase con la que el poeta Willy McKey aceptó participar en esta entrevista. El encuentro se produjo en su oficina, un pequeño cuarto alquilado de paredes de ladrillo de una quinta en La Castellana. Es un espacio desordenado y repleto de papeles, carpetas y diversos objetos. Su trabajo de editor principal de la revista digital Prodavinci, así como su asistencia a eventos semanales, no le dan tiempo para ocuparse del orden. Ser una personalidad activa en el medio literario y cultural lo ha saturado de obligaciones, compromisos y mucho trabajo.

A primera vista, McKey puede llegar a intimidar a cualquiera. Una estatura destacada, rizos negros espesos que llegan a los hombros, un piercing en la ceja izquierda, bigote y barba, son algunos de los rasgos que caracterizan a este personaje de piel blanca y contextura gruesa. El día de la cita vestía sencillo con una camisa negra, un jean y zapatos deportivos. No obstante, una vez que se llega a conversar con él se descubre que su estilo y apariencia es totalmente diferente a su personalidad; un tono de voz bajo transmite palabras de amabilidad, cortesía y admiración hacia colegas y conocidos.

McKey no tiene hijos ni está casado, pero mantiene una relación sentimental estable. Nació y se formó entre el 23 de Enero y Catia, pero, actualmente, vive en un apartamento cerca de su oficina que le alquila la autora Gisela Kozak. Le encanta estar allí; es un sitio en el que hay más libros que muebles, cosa que demuestra la importancia de la literatura en su vida. “Hay demasiados y es porque hay algunos que están repetidos que eran de Gisela, así que cuando hay libros que están dos veces estoy seguro de que son necesarios. Si los tiene ella y los tengo yo, entonces, son libros fundamentales”.

Se graduó como licenciado en Letras en la Universidad Central de Venezuela. Sin embargo, reconoce que se tardó mucho tiempo en terminar la carrera. En ese transcurso realizó talleres y estudios de Teología, Educación Especial, y Semiología Política.

En el momento se levanta para servir dos vasitos de café, del que se queja, luego, por su sabor. Cuando escribe intenta ser claro y directo. No es sarcástico. El hecho de ser caribeño ha influido en su estilo. Le gusta usar un tono poético, aclarando que el término no tiene que ver únicamente con lo bello y lo estético, sino también con lo que está dicho de una manera en la que el lenguaje es tan importante como lo que se dice.

El trabajo editorial le apasiona. Comenzó como colaborador en Prodavinci en el año 2009; no obstante, es en 2012 cuando le ofrecen el cargo de editor que actualmente desempeña. No tiene vacaciones, ni descanso, incluso, a veces no disfruta ni de sábados ni domingos.

Una curiosidad de este entrevistado es que cualquiera podría pensar que, por su apellido, Willy McKey es un individuo de origen irlandés o norteamericano. Sin embargo, admite jocosamente que este apellido no es real, sino ficcional. Por motivos personales no puede ni quiere desvelar su verdadera identidad. “No te puedo contar, igual he variado cientos de veces las versiones del origen del seudónimo”. Lo único cierto y seguro es que no tiene nada que ver con el mundo literario, así como que Willy y no William es el nombre que aparece en su cédula de identidad.

 

AGITADOR POR NATURALEZA

Su pasión por la lectura y la poesía no surgió de un día para otro. “Tú no te das cuenta de que llega a ti hasta que ves que los demás no la tienen”, asegura el autor, quien desde pequeño veía el proceso de leer como algo natural. Aprendió a hacerlo a los tres años de edad, pero no por superdotado, sino por la influencia de su abuela, quien leía el periódico todos los días, así como por la ayuda del libro Mantilla, que ella tenía. Se le hacía normal y disfrutaba la lectura. “Era una de las cosas más divertidas; era como un juego”. No obstante, por leer a temprana edad, llegó a estar adelantado con respecto a sus compañeros de preescolar, lo cual le acarreó problemas de conducta y de distracción.

El poeta Rafael Cadenas es su maestro, su inspiración. Al hablar del autor, interrumpe la entrevista para mostrar orgulloso una fotografía que tiene colgada en la pared en la que sale con él. Lo conoció porque su tesis universitaria era sobre ese personaje. De allí nació una amistad, por lo que fue el mismo Cadenas quien le bautizó como agitador cultural y no como promotor, que era como se consideraba antes McKey. La diferencia entre ambos términos, explica el entrevistado, radica en que el promotor busca propagar simplemente lo que ya está hecho, mientras que el agitador difunde, se involucra, pone en contacto a personas, brinda ideas:

Me interesa mucho la agitación cultural. No sé si es más necesaria, pero sí urgente porque hay mucha gente haciendo cosas, pero que no se dan a conocer y cuando ocurre esto es por la falta de transmisión. Creo muchas veces que en el sector de la cultura se quejan de más y se hace poco.

Pero McKey es uno de los pocos que no se quejan; más bien busca hacer cosas nuevas, lo cual le ha traído popularidad entre lectores y el público en general. Él es agitador desde el momento en que consigue ideas para quienes escriben en Prodavinci, cuando se dedica a editar para que el colaborador convierta el texto en un mejor producto, cuando presenta libros y poemas con música y con un formato distinto a lo que ya se había hecho antes, y cuando trae lo que se está haciendo en otros países, sobre todo en México que es con el que tiene más contacto, para que haya un crecimiento en el país.

Una de las cosas que más disfruta es tener la oportunidad de acompañar a periodistas y escritores que admira en los procesos de pulitura y escritura de sus textos. El poco tiempo obliga a trabajar mucho; sin embargo, McKey sostiene que eso vale la pena si se está sacrificando el tiempo por el texto de alguien más que realmente se sabe que va a quedar bien editado. “Al final estas trayendo un texto más al mundo, estas agitando”.

 

UN POETA MULTIFACÉTICO

Además de ser especialista en el mundo literario, Willy McKey también se desempeña como locutor de radio. Conduce el espacio Prodavinci en Circuito Éxitos, así como Pasaje al subir que es un podcast semanal sin duración fija transmitido en Internet en el que se habla de cualquier tema:

Es como tratar de tener la oportunidad de conseguir a alguien en una camionetica y pedirle durante el trayecto que te cuente lo que está haciendo.

Ama la radio. A los 16 años tenía un espacio en Radio Catia Libre que dirigía junto con un primo. El lenguaje de la radio le interesa mucho. Asimismo, no cuenta con la voz ni la dicción de los grandes locutores venezolanos, pero progresivamente ha ido mejorando con la ayuda de amistades que trabajan en el medio como Ana María Simon.

McKey sufre de insomnio,  lee mucho de noche y le gusta redactar algunas cosas. A esta actividad siempre trata de dedicarle por lo menos una hora al día, especialmente a escribir poesía. “Tengo un trabajo poético que es muy lento porque es experimental”, comenta el autor, quien luego aclara que la experimentación consiste en que cada vez que tiene algún escrito o trabajo listo lo difunde. Se siente orgulloso de decir que pertenece a una generación que tiene la suerte de compartir las cosas que escribe. Sin embargo, reconoce que “esto permite evitar los errores que genera escribir escondido, pero también da los errores de escribir a la intemperie, es decir, para los amigos”.

El teatro es uno de los retos que está asumiendo el poeta actualmente. Pero, un reto desde el punto de vista de la redacción, ya que en cuestiones actorales McKey ya había participado alguna vez. Del teatro hace un ejercicio que no muestra, es un entrenamiento, un intento de escribir algo, de construir un personaje, una situación, un diálogo. “La escritura es un proceso gimnástico casi donde hay que calentar, entrenar, equivocarse y mostrar cosas”. Es por ello que no ha concretado nada, ni un estilo ni un tipo de teatro.

En su vida diaria le gusta dedicarle tiempo a tres cosas: a la música, a la lectura y a cocinar. “Estoy más seguro de cómo cocino que de cómo escribo”, asegura con una sonrisa en su rostro. Ama la comida mexicana y disfruta comer una empanada mientras camina. De igual forma es muy desordenado y se considera una persona con suerte por todo lo bueno que le ha pasado.

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 Willy McKey no está seguro sobre qué le esperará en el futuro. Por ahora, quiere seguir haciendo radio, agitando la cultura y escribiendo. No tiene planes de abandonar el país y espera que en los próximos meses se publiquen nuevos trabajos como tres poemas que ha venido desarrollando.