Blasco, el Pulitzer que no fue

El Porteñazo

Oriundo de España, maltratada por la guerra. Radicado primero en Maracaibo y ahora en Caracas. A sus casi 70 años de edad, José Luis Blasco todavía recorre, vestido de saco y corbata, los laboratorios de fotografía de la Cadena Capriles para revelar las fotos que serán parte de las páginas de Últimas Noticias. Los años y la experiencia le han dado un lugar de autoridad dentro del fotoperiodismo

 

Jesús Abreu

La primera imagen: 24 de junio de 1961. Se observa a un Rómulo Betancourt serio, con las manos vendadas por las quemaduras causadas por el atentado; José Luis Blasco, ese es el nombre que se lee en los créditos de la imagen.

Segunda imagen: 27 de noviembre de 1992, treinta y un años después de la foto de Rómulo, “un Jeep de la Guardia Nacional quemado por insurgentes. Créditos: José Luis Blasco”. Ese texto acompaña la imagen.

Blasco, como lo llaman sus colegas en el oficio del reporterismo gráfico, siempre está, cámara en mano, donde la historia necesita ser contada y mostrada. Donde las palabras necesitan de imágenes. Es el relato que necesita ser visto.

—Después de tantos años en el fotoperiodismo, ¿qué es lo que lo motiva a seguir trabajando con su cámara, qué lo motiva a entrar, una vez más, al cuarto de la trampa de luz para seguir develando imágenes?

—He trabajado toda mi vida, creo que es la esencia de todo: el trabajo. Ya no voy al mismo ritmo de antes, pero todavía me queda algo. El oficio de nosotros los gráficos es como un compromiso de vida. Además, soy una persona muy inquieta que siempre trata de estar atenta a todo lo que sucede alrededor, si no, que te lo digan quienes me conocen.  Esto es lo que he hecho toda la vida y lo que hago bien. Puedo decir unas cuantas cosas de este oficio.

—Precisamente porque tiene muchas cosas por decir acerca de este oficio, ¿qué fue lo que pasó con aquella foto, ya mítica en el fotoperiodismo a nivel mundial, del Porteñazo? Tanto usted como Héctor Rondón captaron el mismo instante de aquella emboscada. Era prácticamente la misma foto, sin embargo, Rondón se llevó el premio.

—Si observas bien, no es la misma foto, es muy parecida, eso sí, pero hay una diferencia en cuanto al momento: el instante del disparo de mi cámara y la de Héctor. La foto de Héctor tiene un componente dramático que es muy sutil en mi foto, es mucho más evidente en la foto de Héctor, aunque ambas son muy buenas gráficas. Y podría decir, en cuanto al asunto del premio, que me atrasé para entregar el material… pero no era en ese momento una prioridad para mí; aunque ciertamente nos dijeron que participáramos aquel año, tanto para el Pullitzer como para el WordPress. Rondón sí pudo entregar a tiempo todo su trabajo y un medio norteamericano pudo publicarlo y darle notoriedad. Eso es historia.

El Porteñazo

—¿Y de su paso por la fuente deportiva? Hay una anécdota, ya prácticamente clásica, en el gremio de reporteros gráficos. 

Eso fue cuando yo recién había llegado a Caracas, venía de Maracaibo. Venía del diario Panorama y comencé luego en Últimas Noticias. En esa oportunidad, entré en sucesos y luego el jefe de redacción de entonces me mandó a un juego de béisbol en el estadio universitario.  Nunca había trabajado con deportes y simplemente me dijeron que a todo lo que se moviera en el terreno de juego, le tomara fotos. Así que en una jugada, recuerdo que estábamos cerca de la primera base que era donde se ubicaban los reporteros gráficos, uno de los jugadores logró llegar a la base, creo que era del equipo Caracas. Resulta que el hombre de primera sale corriendo hasta la segunda base, era un robo, pero yo no sabía. Yo vengo de un lugar en donde lo que se juega es fútbol, no béisbol, de modo que me metí en el campo y corrí hasta la segunda base para tomar la foto. Eso se prestó para que se formara un alboroto porque pararon el juego y  me explicaron que las cosas no eran así. Así quedó para el recuerdo de los colegas.

—¿Tiene algún modelo de cámara preferida?

Cuando comencé tenía una Pentax oscura, con esa llegué desde España, era un modelo conocido como cámara 6 por 6, por el tamaño del lente que era un poco más grande, de imagen un poco chata, aunque con un alcance medio como casi todos los modelos de la época. Luego compré una cámara Canon con negativos de 35 mm, que es el modelo que he usado durante los últimos años, siempre de 35 mm.

—¿Aún lleva su cámara en una bolsa de color negro del mismo tamaño del equipo?

Sí. Siempre me miraban raro cuando llegaba a un lugar para tomar algunas fotos y sacaba mi bolsita con la cámara, es que yo siempre ando con mi cámara para todos lados. Y aunque no parezca, aún es así.

—Usted ha sido testigo y ha estado en distintos frentes y circunstancias. El caso del empresario William Niehous fue un suceso que conmocionó la opinión pública y a los gobiernos de Pérez y Campíns por igual. Usted estuvo en las adyacencias de la residencia de Niehous captando las imágenes de aquellos días, ¿qué hacían los reporteros gráficos durante esas horas y días de alta tensión?

Recuerdo que eran largas horas de guardia frente a la quinta Bechirro, en Prados del Este. Los reporteros gráficos que estábamos de guardia nos amarrábamos las piernas, unos a otros, entre los compañeros. Yo hacía guardia con Fernando Sánchez, que para ese entonces era corresponsal del diario El Impulso, y esto lo hacíamos porque si sucedía cualquier cosa, uno arrastraba al otro, por si alguno de los dos se quedaba dormido. ¡Hombre! Había que estar atento a todo. También te puedo decir que una noche, mientras estábamos medio despiertos y hablábamos, escuchamos unos ruidos que provenían de una de las calles cercanas: avisamos a la policía que estaba en el lugar. Los otros compañeros siempre se burlaban y nos decían que parecíamos ánimas solas, caminando por ahí en la noche. Resulta que esa noche en la que escuchamos los ruidos, acompañamos a los policías y les advertimos que fueran con mucho cuidado. Gracias a eso pudimos captar el momento y tomar las fotos de rigor cuando capturaron a varias personas, en actitud sospechosa cerca de la quinta de Niehous. Al día siguiente, cuando salió el trabajo publicado en Prensa, los colegas nos preguntaban en qué momento habíamos hecho eso.  Bueno, nosotros les respondimos que cuando ellos dormían, las ánimas trabajaban y tomaban las fotos.

—¿Qué es lo que se necesita para lograr una buena foto?

Hay que estar previamente informado acerca de qué es lo que vas a cubrir y estar atento al momento que quieres capturar con la cámara para complementar el texto, si no, estarás perdido. Yo siempre trato de estar apegado a eso. Por eso he tratado de ser, durante todos estos años un reportero grafico integral.

—Todos los que lo conocen, al menos quienes han charlado con usted, dicen que es un buen conversador, sobre todo durante las viejas y largas guardias nocturnas

Sí, me gusta conversar. Y también leo mucho, es como una máxima en este oficio: hay que estar enterado de todo.

—Desde el atentado a Rómulo, pasando por el Porteñazo, el secuestro de Niehous, el caso del Orfeón y la intentona golpista del año 92, entre tantos otros hechos en imágenes capturadas por el lente de su cámara, ¿qué es lo más importante que ha aprendido a lo largo de estos años de calle y fotoperiodismo?

Creo que con los años la experiencia llega con lo que toca vivir, en nuestro caso, el de los reporteros gráficos llega con lo que toca cubrir. Durante los hechos del sesenta en Puerto Cabello, yo era el más experimentado, claro, solo nos encontrábamos dos reporteros gráficos en aquella guerra, y sin embargo estuve arriesgando mi vida junto a Rondón que era mucho menor que yo. Sí, hay que estar atento a todo, pero el resguardo de la vida propia es sumamente importante.

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El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa entregará esta semana el Premio Anual a la labor más destacada del año 1997 en distintas áreas, Blasco será uno de los maestros que entregue el reconocimiento a los reporteros gráficos más destacados de este año. En el gremio ya han propuesto que el Premio Anual del Círculo de Reporteros Gráficos lleve el nombre de José Luis Blasco, el hombre que capturó medio siglo de imágenes en Venezuela con el lente de su cámara.

 

Las dos fotos que ilustran este trabajo pertenecen al Porteñazo (1962).