Dentro del líquido amniótico de El Buscón

KatynaHenriquez(LibreriaElBuscon)

Katyna Henríquez desprende calor de cercanía. Alguna vez fue fotógrafa profesional —además de licenciada en Filosofía y Letras— pero se reconvirtió en editora y librera. Es el alma y la imagen de El Buscón, la librería del Trasnocho cuyas paredes no son de cemento sino de cartón y papel. ¿Cómo se convirtió Katyna en librera? En principio, gustándole la poesía, la literatura, estando cerca de la pasión por la lectura que asimiló de sus padres y del tío Simón Alberto Consalvi. Algo se le habrá quedado grabado cuando, de niña, fue a El Búho, que no duró mucho pues su tío el canciller puede que haya sido un gran político e historiador, pero como gerente de librería resultó blando a la hora de cobrar. Prefería conversar a vender.

En esta foto de Oswer Díaz Mireles estamos (sábado 25 de julio) K. y yo: ella mostrándome publicaciones de Anaya en las cuales colaboró con sus fotografías durante su estancia de seis años en Madrid; yo escuchándola, tratando de sacar provecho de su experiencia, recordando lo que leí hace poco en un libro que recoge conversaciones entre Ricardo Piglia y Juan Villoro, esa idea de explorar una historia desde la narración. Es cierto: hay algo en la ballena blanca, no se trata solo de cazar ballenas. Debes encontrar la clave de Moby Dick.

Una manera de encontrar sentido a las cosas es narrándolas. El oficio del librero no es meramente vender libros. Trabajar en una crónica donde hallas a Katyna Henríquez junto al poeta Rafael Cadenas; el canario Raúl Bethencourt, el legendario Hans Hirsch, el impresor Valentín Espinal, buscones poseídos por cierta gracia divina más diseñadores, tertulianos, lectores, distribuidores, nostálgicos, escritores, iluminados, buhoneros, ñángaras, emigrantes, filósofos de café, atormentados… Es un bazar. Puede que todo adquiera sentido cuando te dedicas a narrarlo tratando de amarrar los cabos sueltos.

El periodista Jorge Carrión menciona en Librerías —una especie de enciclopedia sobre todo lo que usted deseaba saber sobre el tema en un montón de ciudades del mundo— este local de Paseo Las Mercedes. Lo hace en referencia a su entorno, como ejemplo de una librería que gira alrededor de la restauración o la hostelería, aunque en este caso el sol es el cine. Para Carrión, en el Trasnocho Cultural el centro de gravedad todavía recae en un cine alrededor del cual se articulan los espacios gastronómicos, artísticos o librescos.

Se equivocó. A veces El Buscón atrae más público que otras ofertas dentro del Trasnocho. Y en todo caso, entrar allí, hablar un rato con K., se parece a nadar en un útero mullido, protegido de ese hostil mundo externo. Como dice el tío que llevó a la quiebra El Búho en el prólogo de Las palabras de El Buscón, de no haber existido Gutenberg no existiría El Buscón  “…y no imagino qué estaría haciendo ahora K.”.

Fotografiando a Enriqueta y Ana María Pardo, probablemente. /  Sebastián de la Nuez