Juan Carlos Rey y el insensato

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Una conversación con uno de los estudiantes fundadores del Instituto de Estudios Políticos de la UCV, discípulo dilecto del maestro Manuel García-Pelayo, doctor en Ciencias Políticas y exmiembro de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado, Copre, en la época de Jaime Lusinchi. Juan Carlos Rey, guarecido de las tormentas en su bucólico lugar de residencia, observa y lee. No pierde en absoluto la pista de los acontecimientos

Sebastián de la Nuez

Juan Carlos Rey vive en lo que antes fuera una hacienda de café en San Antonio de los Altos, muy cerca del pueblo, con su esposa Blanca. Su hijo, antropólogo, se llama igual que él y habita un anexo de esta casa. La hija, de nombre igual al de su madre, vive en Caracas y es licenciada en Arte.

Le pregunto, en cierto momento de nuestra conversación, por qué Chávez habrá dejado a un individuo tan mediocre como Maduro en el poder.

—Eso también me lo pregunto yo, y muchos otros —contesta sin titubear.

Y luego aventura un par de explicaciones: uno, porque no confiaba en otros como Diosdado Cabello. Quizás fuera Maduro simplemente el menos peligroso: nunca le haría sombra ni conspiraría contra él. La segunda posibilidad: por haber sido formado políticamente en Cuba. Los cubanos pudieron haber influido mucho en Chávez para que lo nombrara.

Juan Carlos Rey sigue siendo un referente para los analistas políticos venezolanos. Es uno de los dos miembros sobrevivientes —el otro es un caballero que vive apartado cerca de alguna playa oriental y no quiere saber del mundanal ruido— del legendario Instituto de Estudios Políticos de la UCV. En enero de este año escribió un mail a sus amigos:

Acabo de enterarme, al leer el ABC on-line del fallecimiento por un infarto en Madrid de Francisco Rubio; y al comenzar el año, también supe por la prensa la muerte de Demetrio Boersner. Ambos fueron mis inolvidables profesores en los primeros cursos para el diplomado de Estudios Políticos que organizó el Instituto en los años 1959 y 1960. Con esto me temo que las dos únicas personas que quedamos vivas del personal original del Instituto — ¡y ojalá que por mucho tiempo!—  somos José Brito y yo, que estamos entre los fundadores del Instituto, aunque en nuestro caso nos iniciamos de estudiantes, como auxiliares de investigación.

Rey se mantiene activo, le sigue el pulso a la política leyendo mucho, revisando Internet. Entre sus textos se encuentra El sistema de partidos venezolano 1830-1999 (UCAB y Editorial Jurídica Venezolana), en el cual analiza el concepto de democracia representativa que se fue instalando en Venezuela desde 1830.

Esta última conversación —por ahora— que he tenido con él, aun cuando fue a principios de febrero de este año, conserva plena vigencia.

Ha estado leyendo a un señor llamado Alfredo Serrano Mancilla, simpatizante del partido español Podemos, doctor en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona. Es el hombre que al parecer ha nutrido intelectualmente a Nicolás Maduro en materia económica. También lee Solo el poder detiene al poder, una crítica al totalitarismo. A Gustavo Tarre Briceño, su autor, lo considera “un hombre inteligente y competente”.

 

LEALTAD Y RESENTIMIENTO

El chavismo se explica a través del fenómeno del resentimiento, a Rey no le cabe duda de esto. Todos los que rodearon al comandante eterno siempre estuvieron en la oposición, eso deja huellas. A partir del resentimiento como cosa compartida, ¿cómo no agradecer a aquel que te ha dado la oportunidad de ejercer el poder? Pone el ejemplo de Carlos Lanz en la época de Héctor Navarro en el Ministerio de Educación, cuando fraguó aquel Proyecto Educativo Nacional. Chávez fue quien le dio chance para reformarlo todo. Se ganó su lealtad para siempre.

En febrero, cuando ya había empezado el Tribunal Supremo de Justicia a hacerle la vida imposible a la mayoría opositora en la Asamblea, Rey se muestra crudo con la realidad:

Me temo que esto no tiene salida. Puede terminar con un golpe, pero no de la oposición sino de los propios militares chavistas que ven que esto no puede ser, que los va a envolver a ellos y quieren salvarse. Querrán volver al Chávez original. Muchos en la oposición se alegrarán pensando en que estos militares alzados perseguirán a Maduro y a los maduristas en el poder. La consigna de perseguir a los corruptos va a fascinar a esa oposición. Ese es mi temor mayor.

Piensa que en la MUD, salvo AD, no hay proyecto político capaz de atraer a las bases.

No veo cuál es el proyecto político salvo acabar con el chavismo.

Aparece en la conversación el libro biográfico de Ignacio Ramonet sobre Chávez, del cual ya me había hablado antes, en un anterior encuentro.  Más de 600 páginas de confesiones del expresidente ante su amigo y (seguramente) asalariado:

Me ha dado mucha información sobre Chávez hasta el momento en que llega al poder. Es impresionante.

Por ejemplo: mucha gente ha especulado en torno a su supuesta condición de comunista; que se la tenía bien calladita hasta llegar al poder y, una vez encaramado en la silla de Miraflores, actuar como Castro tras la revolución en 1959.

Pero la cosa es más complicada. Chávez sí fue, en sus comienzos como militar, miembro del comité central en el partido de Douglas Bravo. “Sospecho que al mismo tiempo era miembro de La Causa R”, agrega JCR. “Admiraba mucho a Alfredo Maneiro. Es interesante, pues Chávez, para unos, es un comunista, y para otros, un fascista. En realidad jamás tuvo ideología alguna. Le podía atraer una idea o un libro, y envalentonarse”. Sale de la Academia y se encuentra rechazado por los militares tradicionales; incluso piensa en abandonar la carrera militar y dedicarse a estudiar en la ULA.

Cuando le cuenta esto a su hermano Adán, que sí era un militante de la izquierda, este más bien quiere hacerle desistir de esa intención y lo pone en contacto con Douglas Bravo. Comienza a hacer proselitismo entre militares, pero los milicos tienen el corazón patriótico bolivariano, no comunista. Lo rechazan. Chávez, al ver que el nombre de Douglas Bravo no cae bien en las Fuerzas Armadas, comienza a distanciarse, a establecerse por su cuenta.

Y ahí se dirige raudo hacia la historieta del samán de Güere, comenzando a formar el movimiento que se llamará MBR-200. Se hace cada vez más independiente de Bravo, pero siguen en buenas relaciones.

Chávez lo que quiere es poder, y lo quiere ya. Como sea.

Hay cosas que ve Juan Carlos Rey en la evolución del golpista del 4F que quizás otros hayan visto. Sin embargo, él las mide desde una perspectiva históricamente comparativa. Posiblemente no haya nadie como él en el país que haya estudiado más y mejor la historia de las ideas políticas en el siglo XX.

Una vez en el poder, llega un momento en que Chávez se da cuenta de que todo lo que ha hecho aún no tiene sentido; que no tiene el dominio completo de la sociedad. Quiere la revolución total y dominarlo todo.

Le falta un partido totalitario con su correspondiente ideología totalitaria. Es un deseo militar —comenta JCR— ese querer a toda la sociedad en sus manos, movilizada. En los esquemas comunista o fascista, lo que manda a fin de cuentas no es el elemento militar sino el partido. Claro: el partido podía tener formas militares de organización, de disciplina, pero no eran los militares quienes mandaban. Se suele citar a Mao Zedong como ejemplo de militarismo comunista: ¡no!  El poder viene del fusil, pero el partido manda al fusil, y nunca permitiremos que el fusil mande al partido.

Hay una cosa impresionante en las confesiones de Chávez a Ramonet y a José Vicente Rangel, y es la fascinación de Chávez, siendo un simple soldado, cuando cierta vez ve al presidente Carlos Andrés Pérez rodeado de su séquito en Miraflores. Eso lo cuenta con absoluto desparpajo. Es la fascinación ante las ceremonias del poder.

Era un primitivo, pero se cuidó de dar apariencia de legitimidad a su revolución con el sonsonete bolivariano. Se legitima a través de Bolívar.

 

AMOR AL PODER

Chávez, pues, desea el poder, pero no solo el poder personal sino aquel que domine a toda la sociedad. Desde luego hay una idea totalitaria en él pero con una diferencia ante regímenes comunistas y fascistas: la dominación de estos últimos es a través de un partido y no de una persona. ¿Cuál es la ideología en Chávez? Pues hay que buscarse una. Bolívar, Simón  Rodríguez, Zamora. Un mezclote que conduce a ninguna parte. Rey dice que si veía una idea por ahí suelta, la agarraba. Citaba a Ortega y Gasset pero no sabía lo que decía realmente en La rebelión de las masas.

A fin de cuentas, lo que forma a Chávez —está confesado en el libro de Ramonet— es un  batiburrillo de libros de autoayuda.

Lo otro es el entorno que lo convence para ir a elecciones, cosa que en principio él rechazaba. Los medios y la gente que le rodea, en su mayoría, cree poder dominarlo una vez llegado al poder. Entre los periodistas, Alfredo Peña, por ejemplo. Quizás pensaran todos que Chávez era estúpido.

 

PARTIDOS UTILITARIOS

Pero el movimiento revolucionario no sirve para ir a elecciones, hay que fabricar un partido. Hay, sí, una cosa aluvional con partidos de izquierda tratando de pescar en río revuelto. En realidad el líder siente un gran desprecio por los partidos; no creía en ellos. Simplemente los usa para llegar al poder. Por lo demás, no sirven de nada.

Sin embargo, ¿cómo lograr la dominación total? Fragua los círculos bolivarianos. No terminan de cuajar. Inventa aparatos que le sirven para controlar al país pero cuando se da cuenta de que a los tres o cuatro años fracasan —también está el golpe de 2002 de por medio— se convence de la necesidad de un aparato-partido totalitario, tipo comunista. Entonces es cuando descubre el comunismo, y se pone a leer a Lenin y Trotsky. Termina pareciéndose a Stalin. Pero sucede que Stalin tenía partido con ideología.

—Había que crearlos entonces, al partido y a la ideología —dice Rey—. La historia del nacimiento del PSUV es lamentable. Meten allí a todos los teóricos del comunismo, en realidad sin conocerlos.

 

UN INSENSATO

Ese mediodía de febrero en casa de Juan Carlos Rey y de su esposa Blanca rindió para hablar de muchas cosas. Más bien era Rey quien hablaba: de los intelectuales criollos y su papel desde la izquierda, de la pobreza intelectual de Aristóbulo Istúriz, de quiénes estaban claros y quiénes no desde un principio ante el fenómeno Chávez (señala sobre todo la claridad de Teodoro Petkoff); de Jóvito Villalba vs. Alirio Ugarte Pelayo. Del proyecto del propio Rey al cual llamará El chavismo: estudio de una patología política. Comemos y continuamos. Blanca es médico e hija de médico: el exrector de la UCV en los años cincuenta Pedro González Rincones.

¿Qué opina, a fin de cuentas, JCR del hombre del cuartel de la montaña, el arañero, el niño de Sabaneta de padre copeyano que se metió al país en el bolsillo durante tantos años? Opina algo muy simple y contundente:

No lo conocí personalmente, nunca me atrajo. Lo veía como un insensato, totalmente ignorante, sin escrúpulos. Pero era un encantador de serpientes.

Y todavía se asombra cuando piensa en que un hombre talentoso como el rector fundador de la Universidad Simón Bolívar, Ernesto Mayz Vallenilla, quien no creía en pajaritos preñados, fuera alguna vez un fanático chavista.

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JCR sube sus trabajos al portal ucv.academia.edu/JuanCarlosRey y es allí donde se encuentra, por ejemplo, el texto Los tres modelos venezolanos  de democracia en el siglo XX, muy recomendable para comprender los vaivenes de la política criolla. También ofrece, dentro de las Memorias de la XIV Jornadas de Historia, el artículo “La democracia venezolana y sus acuerdos en los cincuenta años del convenio con la Santa Sede” (2016).