El tesoro en Carora

Esta es la historia de la donación de un tesoro: el archivo fotográfico que ha guardado JJ Castro tras su retiro.  Después de un homenaje que se le hizo en […]

Esta es la historia de la donación de un tesoro: el archivo fotográfico que ha guardado JJ Castro tras su retiro.  Después de un homenaje que se le hizo en la librería El Buscón hace más de diez años, no se había vuelto a saber de él (al menos no públicamente). He aquí su voluntad, su foto junto a las nietas, su encuentro con otro fotógrafo en algún lugar de Carora hace unos meses

 

Sebastián de la Nuez

En el libro Maestros de la fotografía en Venezuela, que en 2014 editó la empresa Total Oil and Gas Venezuela, figura José Joaquín Castro, mejor conocido como JJ Castro.

En la pequeña semblanza sobre su trabajo consignada al final de la edición, se destaca su vocación documentalista con énfasis en el paisaje, de una parte; y de la otra, el uso de la película infrarroja, que a partir de cierto momento le dio a su obra cierta  pátina onírica. Como dice Sagrario Berti, autora de las biografías del libro —son 17 premios nacionales de Fotografía reseñados y documentados en este libro—, el material sensible del negativo infrarrojo le permitió a Castro crear imágenes afines al surrealismo, en ocasiones incandescentes.

Al comienzo de su carrera Castro fotografiaba los niños de la red educativa Fe y Alegría, entonces un proyecto en desarrollo del padre José María Vélaz. Eran los cincuenta. Jota Jota se hizo fotógrafo por su cuenta y riesgo.

Es una leyenda viviente. Aun cuando hoy en día vive de la manera más humilde imaginable en algún lugar de Carora, disminuido por los achaques de su avanzada edad, sus ojos mantienen un brillo extraordinario. Ese brillo lo ha recogido en sus fotos otro maestro de la fotografía, Gabriel Gazsó.

Ha sido un largo periplo. Casi todas las imágenes en blanco y negro que se conservan de la UCAB en la esquina de Jesuitas fueron suyas. Quien esto escribe entrevistó a su amigo Pepe Blanco, autor del logotipo de Fe y Alegría y del escudo de la UCAB. Blanco habló mucho y con entusiasmo de él, así como sus hermanos menores Adolfo y Javier. Castro no estudió nunca en la UCAB ni en universidad alguna, pero él y los Blanco con algún amigo más formaban una cuerdita.

Aun con aquellos lazos de antaño todavía vivos, los Blanco perdieron la pista de Jota Jota. Aportaron, sin embargo, una leve pista: al parecer, se le podía conseguir en Mérida.

En realidad Castro estaba viviendo en el estado Lara.

Pepe Blanco, a la izquierda, y JJ Castro, a la derecha: desde la distancia, en un tiempo que se observa con nostalgia, idílico.

Pepe Blanco, a la izquierda, y JJ Castro, a la derecha: tiempo que se observa con nostalgia, idílico, en un ambiente de prometedores proyectos.

Hacia 1955, José Joaquín Castro trabajaba como cajero en la sucursal del Banco Mercantil y Agrícola de la esquina de San Francisco. Por inquietudes y correrías comunes se hizo amigo de Ramón Báez, otro protagonista de esta historia.

Se sabe que Báez, quien tampoco estudiaba en la UCAB sino Economía en la Universidad Central, llevó a Jota Jota a la esquina de Jesuitas para introducirlo a un grupo de estudiantes que frecuentaba. En esa pandilla estaban quienes por entonces hacían teatro dentro de la UCAB, los Blanco. Así, al parecer, comenzó todo.

Jota Jota nació en Caracas en 1930 y estudió en el colegio San Ignacio, por lo cual cabe suponer cierta afinidad hacia los padres jesuitas. Por propia iniciativa comenzó a practicar y experimentar la fotografía. Su primera exposición la hizo precisamente en 1955 en el recinto de la esquina de Jesuitas sobre la infancia abandonada. Era una muestra en torno a Fe y Alegría. Parte de esa colección ha sobrevivido en el tiempo y obra en manos de gente cuidadosa dentro de la UCAB: niños, jóvenes, monjas, curas, pueblo en labores voluntarias de catequesis.

JJ Castro_colegios

En 1959 preparó una gran muestra en el mismo lugar que tituló «El oriente venezolano y sus raíces históricas».

Ese mismo año es contratado por el consorcio que construía a la sazón el puente sobre el lago de Maracaibo, y en 1960 presenta en el concejo municipal de Maracaibo el proceso de construcción capturado en instantáneas. Probablemente se enamoró del Zulia o el Zulia se enamoró de su precisa mirada en blanco y negro pues allí fue invitado a trabajar. Se puede conseguir en cierta librería de viejo Retrato de la ciudad generosa con textos de Guillermo García Méndez, editado por Cromotip en 1970.

Su trabajo sobre el desarrollo del puente sobre el lago fue publicado también por una editorial en Hamburgo.

A lo largo de las décadas siguió desarrollando series, como la de los petroglifos de Guri. Monte Ávila Editores le publicó un libro sobre la expresión psicológica del rostro. En los salones de Fedecámaras, en 1975, exhibió Venezuela Luz. En Nueva York fue invitado a exponer.

A partir de cierto momento se dedicó a la fotografía infrarroja, lo que le dio una especial característica a su trabajo: ese matiz onírico, surrealista, que ahora está guardado en cajas que el propio Jota Jota quiso regalarle a la universidad. La institución se propone resguardar este legado, manteniéndolo en un lugar idóneo para que las nuevas generaciones puedan estudiarlo, utilizarlo.

En todo caso, las nuevas generaciones verán un tesoro hasta ahora arrimado en alguna alacena de la casita que comparte con su hijo Víctor Castro y sus cuatro nietas en Carora. El conjunto de trabajos donados, unas dos mil fotografías, dan cuenta del trabajo de JJ durante sus últimos años activos y testimonian su admiración por el paisaje venezolano.

 

EL RESCATE

Luego de ser publicada en la revista institucional El Ucabista Magazín número 133 una reseña titulada ¿Dónde está Jota Jota Castro?, Virginia, su hija mayor, llamó a las oficinas de Comunicaciones de la universidad y reveló todo el misterio: el hombre no había fallecido —había corrido ese rumor— ni vivía en la miseria, como también se había dicho. A partir de esa relación telefónica con Virginia y después con Ignacio, el hijo que vive en Canadá (son cuatro hermanos), comenzaron las conversaciones para traer el material que el fotógrafo quería donarle a la universidad. Se había enterado de la nota en El Ucabista Magazín y seguramente sus recuerdos de juventud, sus experiencias de hace más de cincuenta años, le dieron la idea. ¿Qué mejor lugar para guardar su trabajo que la UCAB?

Eran seis cajas con negativos infrarrojos 4×5, más otros negativos a color 6×6, transparencias y copias en papel, entre otros materiales.

El problema era buscar y traer el cargamento desde Carora a Caracas, pues ninguno de sus hijos estaba en condiciones, por hallarse lejos o por dificultades diversas; entonces entró en escena el profesor Gabriel Gazsó. De origen húngaro, Gazsó tiene tiempo dando clases en la universidad, donde imparte Fotografía. Todos los años, su propia empresa, Editorial Aurora, produce y distribuye un almanaque con tomas hechas por él mismo pues esa es su afición verdadera: recorrer caminos, abrirse paso a través de Venezuela y capturar los paisajes del país. Proponerse el viaje a Carora fue para él un divertimento, y así conoció a un colega, lo fotografió y lo entrevistó.

 

ALGUNAS PUBLICACIONES

Jota Jota publicó libros que hoy son difíciles de encontrar, entre ellos:

  • El violín de Los Andes: suite sinfónica en imágenes y palabras con texto de Alberto Arvelo Ramos (Caracas, 1991).
  • El cuatro, con la colaboración de Alberto Arvelo Ramos y Luis Felipe Ramón y Rivera (Ediciones del Banco Barinas, 1992.
  • Maracaibo: retrato de la ciudad generosa (Banco Central de Venezuela, 1970).
  • Caracas: tres visiones para una ciudad (textos de Efraín Subero (editado por el propio Jota Jota en 1978).
  • Rostro de Venezuela también con textos de Efraín Subero (Banco Mercantil y Agrícola, 1975.