Un presente cada vez más entrópico

Una de las obras de Brines en la galería Fernando Pradilla.

Lo bueno de una gran ciudad como Madrid es su oferta variopinta, multisápida, polisémica. Madrid da que hablar, y dentro de ella, venezolanos que destacan por su talento, por su obra y por lo que representan en esta hora menguada

 

Sebastián de la Nuez

Los domingos por las mañana dan que hablar en la plaza Tirso de Molina, o al menos dan para escribir en este blog, esos seguidores del Partido Comunista Español (todavía los hay) apostados con un tesón digno de mejor causa; seguidores de Pablo Iglesias, chavistas por adopción, trasnochados fidelistas, personas de variada condición y pinta. Se atrincheran en sus tarantines vendiendo baratijas como franelas del Che, discos pirateados, libros sobre marxismo. Pasan unos turistas de alguna parte de la Europa oriental y ponen caras de no saber muy bien qué demonios pensar. No compran. Proletarios del mundo, id a comer churros.

Una esquina de la plaza de Tirso de Molina un domingo por la mañana.

El chavismo está presente en España, huele a Podemos y a cierta intelectualidad que calla y otorga. En un mesón de obras “recomendadas” del segundo piso de la muy moderna librería La Central (Callao) se exponen seis libros de Eduardo Galeano, nada menos que seis. Uno de ellos lleva el muy meloso título El libro de los abrazos, donde mezcló croniquillas sobre ciudades que ha visitado (hay una dedicada a Caracas) y comentarios diversos entre los cuales no podía faltar la crítica a la cultura del espectáculo, que abre con la frase «fuera de la pantalla, el mundo es una sombra indigno de confianza». Lo cual es o bien ya un lugar común o bien una exageración o quizás una estupidez.

Madrid le ha dado la bienvenida a la inteligencia venezolana; parece haberse acostumbrado a ella y celebrarla. Al menos en algunos puntos clave. Hace pocos días un muchacho de Maturín, humilde y talentoso, inauguró una exposición en la blanquísima galería Fernando Pradilla, situada en una de las zonas más glamorosas de la capital. Estaba contento Starsky Brines (ver nota) y estaba contenta la directora de la galería en la noche de la inauguración, atendiendo a una nutrida concurrencia interesada en esta propuesta perversamente festiva, lúdica, restallante de colores, de Brines. Es un artista plástico enraizado en Venezuela con proyección internacional. A esta hora ha regresado ya a su país, pero la exposición estará abierta hasta el 5 de mayo para que todo aquel madrileño o no madrileño vaya y se entere de las capacidades de una generación criolla que está comenzando a ser reconocida en el exterior. El país lucirá abatido, pero su creatividad no.

El fotógrafo Nelson Garrido estuvo también, pocos días después, conversando en el local de la Cesta República. No en balde lleva ese nombre. Habló Garrido sobre sus perros muertos en las calles caraqueñas, su particular profanación de ídolos, su cercanía a Miguel Von Dangel… de la Virgen María a la que alguna vez le ha tenido ganas en medio de sus devaneos eróticos. Público atento, participativo, venezolano en su mayoría. La contraparte fue la historiadora de la fotografía Laura Terré, quien hizo las preguntas oportunas en el momento justo.

Fue la presentación en sociedad de un libro con el trabajo de Garrido editado por La Cueva.

Por otra parte, con ocasión del día mundial de la poesía, el orador seleccionado por Casa de América ─la institución más importante en lo cultural en el marco iberoamericano─ para la conferencia principal fue el venezolano residenciado en Francia Gustavo Guerrero. Durante poco más de una hora cautivó a un pequeño grupo con un periplo sobre el presentismo y las posibilidades de escribir re−escribiendo. Citó a Eugenio Montejo, al muy vigente Luis Moreno Villamediana, al chileno Germán Carrasco. Dijo que actualidad y obsolescencia marchan juntos, que la apropiación es una práctica inédita de interacción; que tiene que ser posible escuchar las voces que llegan desde atrás. Fue pedagógicamente original, a un tiempo parecía desencantado y entusiasta.

El poeta se siente perdido en el presente, dijo citando a Octavio Paz.

Probablemente en el trabajo de Starsky Brines y de Nelson Garrido pueda leerse ese estar perdido en el presente. En esos masturbadores amuñecados de Brines, en esas composiciones profanas de Garrido, laten preguntas sobre el presente: escabrosas o irónicas o nada más que ingenuas, como olisqueando una hora cada vez más entrópica. «Hay un cambio de sensibilidades de la época, una hora cada vez más entrópica», dijo el poeta Guerrero en algún momento de su conferencia.