En tiempos del papel en picada, más libros que nunca

La Feria del Libro de Madrid (del 26 de mayo al 11 de junio) es una fiesta del famoseo y el comercio, no tanto encuentro para la reflexión y el intercambio. En todo caso, en esta cita anual en El Retiro se constata cuán creativa es la industria gráfica española en tiempos del papel en picada (aparentemente)

 

Sebastián de la Nuez

Almudena Grandes y Lorenzo Silva, dos escritores bien ranqueados, se quejaban en estos días en Antena 3TV de la mescolanza que se vive en la Feria del Libro de Madrid. “Aquí debe haber un malentendido”, dijo Silva que había pensado cuando lo pusieron en una mesa junto a una youtuber de enorme éxito entre quinceañeros (probablemente estaban firmando libros, que es lo que más hacen los autores en esta cita; la youtuber había aprovechado su resonancia en las redes para atacar el medio impreso): naturalmente, la diva virtual le robó público y show al esforzado literato.

Este domingo entre las 12:00 del mediodía y las 3:00 de la tarde caía un sol de justicia sobre El Retiro; el pasillo de la Feria, a reventar. La gente va, pasea y compra. Con sus perros y sus niños. No se sabe si después lee en su casa; lo cierto es que compra pues suele cargar bolsas de papel inconfundibles. Una señora de acento suramericano pregunta en la caseta de Galaxia Gutenberg si tiene algo, señor, sobre “empoderamiento de mujeres”. El hombre contesta que lo más cercano es este libro de una gran poetisa, señora. Un poco más allá camina el escritor merideño Ednodio Quintero junto a su hermana, quien ha venido a acompañarlo en este periplo por España para promover su libro editado por Candaya, El amor es más frío que la muerte. También ha estado firmando ejemplares.

Nada que ver con Festilectura en plaza Altamira, donde cada año por abril se despliega un abanico de foros, presentaciones, charlas, conciertos, recitales poéticos y coloquios; mucho menos con la feria del libro de Guadalajara, un verdadero acontecimiento cultural con repercusión internacional. Lo de Madrid es una demostración del músculo de la industria editorial; su progreso, su variedad, su poder para realimentar a los clásicos y promover a los nuevos valores. Una fiesta de la letra impresa pero no de la reflexión. El visitante se va con una colorida semblanza sobre nuevas ideas en diseño y tratamiento tipográfico, la verdad es que hay propuestas de extraordinaria belleza.

Este año se homenajea a Portugal, y sin embargo hay escasa visibilidad de la literatura portuguesa en el escenario de la FLM. El suplemento Babelia sí publicó un buen resumen de lo que está ocurriendo o ha ocurrido “al otro lado de la frontera”. Solo un verso solitario aparece adosado en un módulo donde, al parecer, sí organizan recitales dedicados al país homenajeado, y es de la poeta Sophia de Mello Breyner (1909−2004):

Huelo la tierra / los árboles y el viento / que la primavera llena de perfumes / pero en ellos solo quiero / y solo busco la salvaje / exhalación de las olas / subiendo hacia los astros / como un grito puro.

 

Las chicas de Pérez Reverte ante la caseta donde firmaba.

Al mediodía de este domingo, pues, familias con sus chiquillos y perros, chicas ligeramente vestidas para combatir el calor, ir y venir de sudores en busca de una firma. De allí las colas. Las estrellas a esa hora eran Arturo Pérez Reverte y Fernando Aramburu. Este último, gran vendedor con Patria (Tusquets, 2016), 600 páginas o más sobre las heridas dejadas por el conflicto etarra.

Pérez Reverte, siempre arrimado al “bestsellerismo”, patrocina o gerencia ahora un portal de libros llamado Zenda. Promovía Falcó (Alfaguara, 2016), una novela que aparentemente une hechos reales y ficción sobre un espía o agente de los servicios de inteligencia en España durante los turbulentos años 30 y 40. Firmaba en el interior de una gran caseta donde apenas se le distinguía, tan en penumbra se hallaba.

Fuera, cuatro chicas jugaban a ponerle un toque de glamur polémico al encuentro entre escritor y seguidores.

Los precios de los libros, dentro de un abanico que va más o menos entre 14 y 24 euros. Claro que en la Cuesta de Moyano, donde se le rinde culto a Pío Baroja, apenas cruzando la vereda una vez que sale el visitante del Parque, se venden excelentes libros clásicos y no tan clásicos, de segunda mano, por un euro… Como por ejemplo, un bello ejemplar de Bruguera que contiene tres novelas de Honorato de Balzac, fue agenciado a este aficionado que firma por menos de lo que cuesta un pasaje sencillo en Metro.

O los hay de 3 euros, si son de la prestigiosa Colección Austral. Incluso hay autoayuda escandalosamente repetitiva, si usted ama a Og Mandino y cosas así.

En fin, un gato simpático y en diferentes colores es el emblema de esta edición de la Feria: una referencia, precisamente, al epíteto o símil con el que se alude al madrileño, según indica la tradición, casi desde la Edad Media. El gato con un libro que es a la vez bigote muy bien peinado y repeinado, o viceversa: bigote que en verdad resulta en libro abierto. Lo ha desarrollado la diseñadora canaria Ena Cardenal de la Nuez, quien no en balde lleva tan ilustre apellido.

Digan lo que digan las estadísticas de lectoría por internet o la entronización del e-book como paradigma de los nuevos tiempos, ese oscuro objeto de deseo, el libro impreso, sigue siendo eso, una sugerente invitación a la textura del árbol caído, hecho hoja. Pulpa de celulosa que se convierte en magia gracias a la palabra.