La memoria del obturador

Folleto de la exposición en Telefónica.

Lo dijo el escritor checo Milan Kundera: la memoria no filma; fotografía. De allí parte el interés de una exposición dedicada a la cámara Leica, memoria de un cruento, farandulero, callejero y experimental siglo XX que ahora cumple cien años, aunque no fue sino hasta 1925 cuando salió a la venta la primera cámara

 

Sebastián de la Nuez

¿Su ventaja principal? Apenas pesaba 400 gramos.

Un incensario detenido en el aire, a mitad del vaivén; un joven pelirrojo en plena calzada que lleva sobre su hombro un mono encopetado, soberbio; una señora que saca a pasear su iguana como una mascota casera cualquiera; un caballero en la acera que se cortó al afeitarse esta mañana y una señora de luto que lo observa.

Hay muchas otras imágenes: fotografías de la cotidianidad captadas desde la versatilidad de una Leica, la cámara que dividió la historia de la fotografía entre un antes y un después. En estos días, en el primer rascacielos que tuvo Madrid (hacia 1920), se exhibe una gran exposición sobre la cámara alemana que cumple cien años, como la mamá de Carlos Saura.

Es hora de apreciar cómo cambia en el siglo XX la mirada del hombre sobre el entorno, sobre los otros, sobre lo cotidiano, sobre la guerra, sobre la moda… Y queda para siempre gracias a una película cinematográfica de 35 mm, una emulsión, un proceso que hace luz desde las sombras. Artilugio que condensa lo grande a través de pequeñas proporciones.

Una genialidad alemana, poco antes de que Alemania se convirtiera en la pesadilla del mundo civilizado.

 

LA EXPOSICIÓN PROPIAMENTE DICHA

El edificio es el de la multinacional española Telefónica, en Gran Vía con Fuencarral. La exposición, «Con los ojos bien abiertos − Cien años de fotografía Leica», de acceso gratuito. Se trata de una puesta en escena talentosa para mostrar una historia de un producto que contribuyó a cambiar la forma en que la humanidad se mira a sí misma. En diez o doce salas se despliega un panorama ─además de fotografías debidamente montadas y acompañadas de textos, cronologías, modelos Leica en su desarrollo, vídeos, portadas de revistas, páginas de periódicos, documentos originales diversos─: un tour informativo y un vivo retrato del siglo XX visto desde múltiples ángulos, entre ellos los de Robert Capa y Cartier-Bresson pero también los de otros artistas que utilizaron o utilizan Leica. Como los norteamericanos Lee Friedlander y Garry Winogrand.

Winogrand se comportaba de modo bastante insolente al acercarse a la gente que iba por las calles de Nueva York. Se les metía por los pies o de perfil, al pasar por su lado en la acera o cuando tomaban un refresco; lo hacía de manera subrepticia o abierta. A veces, las personas se daban cuenta y reaccionaban con disgusto; en la mayoría de los casos ni siquiera se daban cuenta. Ya murió, pero en su tiempo se le reconoció como un practicante de la fotografía callejera. Acumuló genialidades, aprovechando la novedad de las distancias focales cortas de su Leica, su profundidad de campo (que le permitía enfocar rápidamente).

Lo dúctil y manejable de la cámara fue un secreto revelado. Robert Capa, por ejemplo, fue rápido como el rayo al capturar al miliciano en trance de caer fulminado por un balazo en la Guerra Civil española, en esa foto que ha hecho historia y que también se encuentra, cómo no, en esta exposición.

El periodista inglés Jonathan Green ha escrito que el medio fotográfico posee características propias que escapan al alcance del ojo humano y a la manera habitual de  ver pues crea, por ejemplo, efectos de compresión y nitidez, realza la yuxtaposición de elementos visuales. ¿Qué quiere decir eso? Pues, muchas veces, que el propio autor de la fotografía descubre en su revelado (aun cuando este verbo hoy esté en desuso) cosas de las cuales no se dio cuenta al momento de captar la imagen. Al ver la escena en su conjunto, estática, se le da una lectura distinta pues sus elementos están, ahora, relacionados, ligados plenamente entre sí.

La exposición de la Leica en Telefónica se pasea por la fotografía documental y periodística, de moda, de autor y, a partir de los 80, por la cultura fotográfica posmoderna.

 

QUEDAN COSAS POR CONTAR

El género del fotoperiodismo se transformó estilísticamente en los últimos años. La Leica contribuyó a esto. La consigna que se propagó de la mano de Robert Capa pasó a ser una posibilidad técnicamente viable: si tu foto no es lo suficientemente buena es porque no estuviste lo suficientemente cerca. Claro que, para los corresponsales de guerra, la frase ha podido convertirse en un trágico epitafio; pero, en todo caso, Leica hacía posible la movilidad, el acercamiento.

Ahora hay nuevos espacios y soportes para la fotografía: el fotolibro, las galerías e internet. Faltan historias para ser contadas con mayor detenimiento, ya que la Leica sigue siendo una cámara usada en todo el mundo, y se mantiene en la vanguardia óptica. El interesado lector podrá ver también este enlace a la página web de Telefónica, que cuenta sucintamente el desarrollo de la cámara a partir de la iniciativa del ingeniero Oscar Barnack, quien trabajaba, a principios del siglo XX, en Leitz (Wetzlar, Alemania), una empresa líder en la fabricación de microscopios. He allí la clave: el lente.

Faltan historias por contar pues Goebbels, atento a las innovaciones que podrían servir para llegar a las masas con la propaganda nazi, en absoluto descuidó el poder de la fotografía. En la exposición de Telefónica han rescatado varios números de la revista Signal. Sus profesionales al servicio del Reich usaban Leica y su competidora, Contax.