Un «mediecito» por las tesis de Mao

Testimonio de Víctor Ochoa, hijo de quien fundó la librería El Viento del Este, legendaria en Caracas por lo que significó como referencia de la izquierda internacional. Este Víctor que se llama igual a su padre se ha quedado a vivir en China. El texto trae de vuelta una época en que la revolución lucía tersa, inequívoca y lejana, tan lejana que muchos no tenían conciencia acerca de cómo eran realmente las cosas

 

Víctor Ochoa

La librería la funda papá en 1970 a nuestro regreso de China donde vivimos dos años (1968-70). Su objetivo no era siquiera mercantil sino la difusión del pensamiento Mao Zedong y los “éxitos de China socialista” en los que papá creía a fe ciega.

En principio pensó que el gobierno de Rafael Caldera (1969-74) no permitiría la apertura de una librería de este tipo pero de alguna manera logró reunirse con Lorenzo Fernández, a la sazón ministro de Interiores, quien le aseguró que por parte del gobierno no tendría ninguna traba. De hecho nunca la tuvo.

Los libros eran importados de Guozi Shudian, la empresa comercializadora de libros (para la exportación) china. Los envíos venían por vía marítima (libros) y aérea (revistas). Los primeros había que recogerlos en Caño Amarillo y yo personalmente me ocupé de eso. Transportábamos las talegas con la mercancía en unas carretillas metálicas atravesando el casco histórico de Caracas desde Caño Amarillo hasta el Centro Simón Bolívar donde se ubicaba la librería y luego a un almacén que alquilamos meses más tarde en el segundo piso de un viejo edificio en la esquina de El Chorro (en la película Cangrejo con Miguel Ángel Landa sale una buena toma de este almacén donde grandes retratos en tela en blanco y negro de Marx, Lenin y Mao cubrían la vidriera en ángulo de 45º que daba sobre la esquina).

La dirección exacta de la librería era Terraza Río Cuyuní, frente a la Plaza Diego Ibarra, Centro Simón Bolívar. Eran unos locales de unos 12 metros cuadrados recién inaugurados que flanqueaban la plaza. Desde allí se podía acceder al estacionamiento subterráneo.

El logo y el espacio de la librería fue diseñado por unos —por entonces— jóvenes arquitectos simpatizantes del “maoísmo” entre los que se encontraban Federico Villanueva y Farruco Sesto (actual exministro de varias carteras), así como otros, pero no recuerdo sus nombres con precisión.

Los libros se vendían muy baratos. Algunos costaban un medio (25 céntimos de un bolívar aún no depreciado a 4,30) y mi madre, que comenzó haciendo turnos allí, tuvo que salir a buscar trabajo porque así no íbamos a sobrevivir. Papá quedó plenamente encargado y varios de los hijos, entre ellos yo, hicimos turnos en las tardes libres del liceo o los sábados.

Por allí desfiló media universidad, intelectuales de izquierda, curiosos de todas las estirpes, vagos y proxenetas que hacían grupo en la plaza, vendedores ambulantes, oficinistas de los ministerios alojados en el propio CSB así como curas, amigos y familiares. También algunos chinos con años de residencia en Venezuela que por primera vez veían propaganda comunista de su país de origen. Entre los chinos la voz se corrió rápidamente. Entonces Venezuela tenía relaciones diplomáticas con Taiwán (República de China) y no fue sino hasta 1974 que se reconoce a la República Popular China como el gobierno legítimo de China. Esta situación se reflejaba entre la comunidad china, cuyos miembros, políticamente, parecían más cercanos a Taiwán pero familiarmente los lazos estaban en la China “continental” (comunista) ya que casi todos los inmigrantes provienen del distrito Enping en la provincia de Guangdong.

Había gente que pasaba media tarde divagando y especulando conmigo (tenía yo entre 15 y 21 años) o con papá o con quien estuviera de guardia —lo mismo daba— sobre la revolución cultural china, la guerra de Vietnam, Albania y su líder Enver Hoxha, Corea del Norte y Kim Il-sung; y por supuesto se hablaba de política nacional. Conviene recordar que el MAS se fundó en 1971 y hubo un gran mitin en el cercano Nuevo Circo; también que la política de pacificación de Caldera se evidenciaba con la apertura de esta librería que se ubicaba en un extremo de la izquierda internacional (los comunistas pro soviéticos se sentían incómodos con nosotros).

Los títulos más vendidos eran las Citas del Presidente Mao, las Cinco tesis filosóficas de Mao, algunas de las tesis individualmente (Acerca de la práctica, Sobre la contradicción) y algunos libros más artísticos de fotografías sobre China o la Guerra de Vietnam. Pero había un público más interesado en las revistas, un semanario llamado Pekín informa impreso en papel de biblia y dos publicaciones mensuales: China reconstruye, con artículos y reportajes ilustrados de formato medio, y China ilustrada, que era como la versión china de Life: gran formato y profusión de fotografías. Estoy hablando del período 1970-76, en plena Revolución Cultural china, cuando yo vivía y estudiaba en Caracas, en el Liceo Gustavo Herrera y en la UCV-FAU (Facultad de Arquitectura y Urbanismo).

Las revistas se vendían a un real, un bolívar y uno cincuenta o dos según el caso. El público general las oteaba por la vidriera y entraba y las compraba. Pekín informa era más para los interesados en política.

Hacia 1975 la librería se expande hacia Parque Central. Un pasadizo subterráneo conecta la avenida México con la Lecuna y papá logra alquilar un local de cien metros cuadrados. Para esa época había viajado dos veces a China (1972 y 1975), invitado por los de Guozi Shudian. Había mucho entusiasmo todavía por la difusión de estos materiales políticos. En China la llamada Banda de los Cuatro tenía el control sobre la propaganda y la cultura, de modo que no era de extrañar ese apoyo con material no monetario hasta donde me consta. Papá contrató a una prima suya ya jubilada y por la librería del CSB pasaron algunos empleados que estaban más por “la causa” que por el salario. Nosotros seguimos con nuestras guardias pero ahora unas en el almacén de la esquina de El Chorro, en La Galería (como se llamó al local del Parque Central) y en la librería original.

Desde la esquina de El Chorro empezaron a distribuirse montones de revistas por todo el país. Algunos espontáneos “con la causa” se llevaban 500 ejemplares a ciudades del interior a precio de gallina flaca y con eso “difundían” y se ganaban un dinerito. Pero aunque suene extraño, fue la distribuidora de El Universal la que por un tiempo se encargó de llevar nuestras revistas a todos los quioscos de Caracas. Este acuerdo duró un tiempo que no recuerdo con precisión. Las revistas no se vendieron mucho, supongo que el público que acudía a esos quioscos en lo menos que podía interesarse era por revistas de propaganda china, por más baratas que fuesen.

La galería El Viento del Este en Parque Central se especializó en reproducciones de pinturas chinas, papel recortado (artesanía china de papel), artículos de escritorio como marcalibros y discos de vinil de música china. También revistas y libros.

El declive de El Viento del Este fue consecuencia directa del cambio político operado en China a raíz de la muerte de Mao. En septiembre de 1976 muere el gran líder y apresan a la Banda de los Cuatro. En 1978 Deng Xiaoping se consolida en el poder y da un giro a la política y economía en China. Se inicia la “modernización y reforma” revelando los fracasos maoístas. Se suspende la difusión de propaganda maoísta a todos los niveles, doméstico e internacional. Se suspende el apoyo tácito a todos aquellos grupos internacionales ligados al período maoísta entre ellos las asociaciones de amistad que existían en casi todo el mundo. Mi padre fue fundador y presidente del capítulo venezolano junto con Adolfo Herrera, Irma Barreto, Aureliano González, Néstor Francia, Edecio González: casi todos periodistas, por cierto. De modo que en ese ambiente, los profesores de la Central empezaron a dudar en recomendar ciertos textos como las Tesis, las Citas, etcétera, ya que si los propios chinos estaban negando lo que habían hecho en los treinta años anteriores…

Con todo y ello, papá mantuvo la librería abierta hasta el Caracazo, en 1989. La Galería había cerrado años antes debido a que el pasadizo fue clausurado y los negocios por allí perdieron público. El depósito o almacén en El Chorro aguantó algo más o cerró con la librería (tengo que cotejar esto con papá). Ya para 1989 no solo China estaba en pleno vuelco hacia un capitalismo de Estado sino que ese año se produce el gran movimiento estudiantil contra la corrupción que culminó con la masacre de Tiananmen. Ese año cae el Muro de Berlín y ya se avistaba el desmembramiento de la Unión Soviética (1991) y los países del este empiezan uno a uno a liberarse de la ficción socialista que se había establecido a finales de la Segunda Guerra Mundial.

La propaganda impresa que se vendió o distribuyó desde El Viento del Este era de muy alta calidad en general. Buena impresión, buen papel, buenas fotografías, buena edición, etcétera. Sin embargo era obvio que siempre se trató de propaganda y que papá jamás vio esto como un negocio. Lo que pudo ser una buena librería terminó cerrando junto a su ciclo político. Hoy China sigue publicando propaganda pero de otra índole. Ahora el énfasis es más cultural, histórico, comercial, pero casi nada político. Hoy los títulos superan “ene” veces los de aquella época y la calidad es incluso mucho mejor, y no solo por el desarrollo de nuevas tecnologías.