El gran promotor de la librería Humanitas

Morreo padre y Morreo hijo en la librería Lugar Común.

Eduardo Morreo Bustamante fue un venezolano destacado en varios aspectos, pero está aquí, en este blog, por haber sido socio y librero durante cinco años de su vida, hace mucho tiempo: en su librería Humanitas, en Sabana Grande. Acaba de fallecer. He aquí una entrevista hasta hoy inédita

Sebastián de la Nuez / Foto: Giuseppe Di Loreto

El crítico de teatro Leonardo Azparren Giménez afirma, en un post de Facebook, que Eduardo Morreo Bustamante fue uno de los diplomáticos más brillantes del servicio exterior venezolano; además, un gerente cultural creativo. Su librería Humanitas “fue una de las tres realmente importantes de Caracas”; las otras dos, según Azparren: Cruz del Sur y Suma. “Entonces nos conocimos y fraguamos una amistad fraternal entre ambas familias. Conservo libros con el sello Humanitas”, dice en su post de Facebook antes de resumir el notable currículo como diplomático y hombre de la cultura de Morreo.

 

LEER Y CONVERSAR

A Eduardo Morreo te lo encontrabas cada martes y jueves por la tarde en la librería Lugar Común de Altamira, sin falta. Se sentaba a leer. Sin embargo, cualquiera que lo buscase para conversar lo encontraba siempre dispuesto. Atildado, de cabellera gris, era un referente en el local de Garcilaso Pumar: transmitía tolerancia, bondad y estabilidad del lado de adentro de una vidriera a través de la cual podías observar tanquetas incendiadas y jóvenes apaleados, gaseados o secuestrados por las hordas uniformadas.

Un lector y un conversador afable, eso era Morreo en sus últimos años. Así ha de recordársele.

Fue librero. Como lo es su hijo menor ahora —o al menos hasta el momento de esta conversación—, Alberto [emigró a Alemania en 2015, al conseguir una beca de estudios y de trabajo].

 

UN JUEVES CUALQUIERA

Es jueves por la tarde. Se encuentra cómodamente arrellanado en una de las butacas privilegiadas de Lugar Común. Eduardo Morreo fue librero entre 1958 y 1963 en la librería que fundó junto a otros amigos, apenas levantado el velo impuesto por la dictadura. Se llamaría Humanitas.

De abuelo garibaldino, Eduardo es un verdadero sobreviviente de la Venezuela democrática, la del puntofijismo y la partidocracia: todo lo que usted quiera añadirle más sus virtudes y defectos. En él hay una clara vocación por el diálogo, una camaradería vital. Se formó en buena parte en Estados Unidos, donde estudió en un college jesuita del Bronx. Tenía dos hermanos gemelos, cinco años mayores que él, José Antonio y Miguel Alfredo; y una hermana, Mercedes. Ha quedado solo.

Regresó de Estados Unidos en 1950 y lo primero que hizo fue comprarse un libro de Mariano Picón Salas llamado Comprensión de Venezuela. Al cabo de un tiempo terminó en las mazmorras de la Seguridad Nacional, preso por joven, por estudiante y por opositor. Estaba manifestando y repartiendo papeles y lo metieron en chirona dos veces. No lo dejaron entrar en la universidad, pero después sí, en 1957. Durante la etapa universitaria no cayó preso pero le dieron unos cuantos planazos por las nalgas, el Día del Estudiante. Estudió Filosofía y después Derecho y Economía, pero no las carreras sino cursos o cursillos.

Al ser derrocada la dictadura se juntó con Enrique Izaguirre (PCV), Pérez Michelena (Acción Democrática), Eleazar Córdova Bello (Copei) y Ely Gamboa (URD), un grupo al estilo Puntofijo. Cada quien aportó 15 mil bolívares. Todos excepto él, que aportó más que los demás: su padre le hizo un generoso préstamo. Era el mejor sastre de Caracas y tenía sus recursos; su sastrería quedaba de Gradillas a Sociedad, junto a la fuente de soda Pampán. Allí, en esa sastrería, el jovencito Eduardo vio, entre otras figuras, a Isaías Medina Angarita, Eleazar López Contreras y Rómulo Betancourt.

Con esos capitales reunidos fundaron una entidad legal llamada Corporación Cultural, C.A. y se instalaron en un local del Pasaje Lincoln de Sabana Grande. Morreo dice que en Humanitas fue donde comenzaron a hacerse bautizos de libros en este país. Por ejemplo el libro de Juan Liscano, Nuevo Mundo Orinoco, un poema largo que Liscano escribió, al menos en buena parte, durante su estancia en París hacia 1954. En Humanitas también encontrabas discos. Se mudaron a un mejor local en la calle Villaflor, cerca de la General Electric. Contaron para la decoración y puesta en escena con Mateo Manaure y Régulo Pérez. Con ellos más otros dos o tres pintores amigos se les ocurrió crear la galería Minotauro.

La librería duró hasta 1963. Morreo dice que quienes giraban alrededor de ella simpatizaban con la revolución cubana, sin mayores implicaciones; y que eso pudo haber creado discrepancias entre los propios socios. Hubo presiones desde el gobierno. La cosa siguió así hasta que económicamente se hizo insostenible.

A la Minotauro iba su amigo Guillermo Sucre, quien estuvo preso en 1952 junto con él y su hermano Leopoldo. Incluso compartieron celda.

Morreo perdería en Humanitas parte de su herencia, más de cien mil bolívares, que en esa época era mucho dinero. Se quedó en la calle, casado y con cuatro hijos. Comenzó entonces a trabajar con Luis Manuel Peñalver en la Universidad de Oriente, primero en una oficina local y luego en Cumaná. Trabajaba junto a Alfredo Armas Alfonzo. En esos días fue cuando se fundó el Inciba, con Mariano Picón Salas. Al morir Picón Salas asumió José Luis Salcedo Bastardo; también estaba en la directiva Alejandro Otero. El Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (Inciba) fue el último gran proyecto de Picón Salas, que no pudo ver terminado a causa de su repentina muerte en Caracas el 1 de enero de 1965.

 

TALANTE EVOCADOR

Hay hombres de talante evocador pues parecen contener en el cuenco de sus manos, o en el aura que los circunda, el pasado y el presente apurruñados, y te los regalan si sabes arrimarte a ellos y preguntarles las preguntas adecuadas en los momentos precisos.

Morreo fue desglosando, durante esta entrevista, su periplo profesional mientras sonaban en Lugar Común letanías de Edith Piaf. Humanitas no resultó financieramente viable. Desde la voz de Morreo, o a través de ella, Humanitas fue una experiencia efímera pero estimulante aun en su fracaso. Así era el paisaje caraqueño en los sesenta: como Morreo y su papá sastre a quien acudían los políticos de cualquier partido. Como Morreo y sus amigos en la librería, juntos —aun siendo ideológicamente diferentes— en el mismo empeño.

Su primer matrimonio duró 16 años. Se divorció y se volvió a casar. De ese segundo matrimonio nacen Carlos Eduardo —hoy en día vive en Australia, donde hace un doctorado en Ciencias Políticas y Filosofía— y Alberto, el más pequeño, quien ha heredado ese gen que quedó varado en 1963. Fue uno de los libreros principales de Lugar Común en sus comienzos.