Miguel Von Dangel escribe un libro cada día

Es cierto: Miguel Von Dangel escribe (o construye, mejor) un libro como obra de arte totalizadora, delicada hilatura entre palabra e imagen que se ramifica en religiones, ideologías y personajes […]

Es cierto: Miguel Von Dangel escribe (o construye, mejor) un libro como obra de arte totalizadora, delicada hilatura entre palabra e imagen que se ramifica en religiones, ideologías y personajes de la Historia pasada y presente. En otra entrada de este mismo blog hay una entrevista con este artista radicado en Petare; aquí sólo se habla de esa maravilla sobre cartón y papel, el desesperanto

 

 Sebastián de la Nuez / Fotos: Oswer Díaz Mireles

Miguel Von Dangel habla del peso de las palabras. «Dame dos palabras y te llevaré al cadalso», cita. En El proceso, de Kafka, tocan a la puerta. Han llegado unos individuos de parte de la nebulosa justicia a por Josef K. sin mediar explicación alguna. «¿La justicia quiere seguirme un proceso?», pregunta K. con asombro, y el mero hecho de manifestar su asombro con palabras lo convierte doblemente en culpable.

Desde hace algunos años Von Dangel, en su guarida de Petare, teje, fabrica o compone un libro múltiple. Lo pensó entre nubes, cuando regresaba de visitar a su hija Salomé (sí, exacto: Salomé) que estudiaba en Alemania. Lo pensó temiendo lo peor para Venezuela, y tenía razón en su pesimismo. ¿Cómo superar el demonio de la censura y el cierre de las puertas? Tejiendo un gran libro para comunicarse con su hija, que ella no dejara de saber de él, de alguna manera, fue su cometido.

Así ha hecho una preciosa obra múltiple y hasta cierto punto —solo hasta cierto punto— hermética. A través del tiempo se entrelazan los discursos de la imagen y de la palabra. Por ejemplo, el tópico del sacrificio aparece en la ciudad pero también como iniciación hacia otra dimensión de la existencia. Luego, la ciudad como anatomía del cuerpo: las arterias y las venas son las arterias y las venas de la ciudad. Alusión a las venas del corazón sangrante de Jesús. Lo que unifica es el juego entre imagen y escritura.

La montaña sagrada es otro tópico: el Olimpo, el Ávila, el Ararat, el Sinaí; tienes a Rómulo Betancourt y tienes a este otro caballero, Hugo Chávez, representado por un loco que cargaba un cuadro con su imagen en una manifestación en El Silencio. Salió en la prensa. Y aquí tienes a Juan Vicente Gómez, vinculado al poder de la tauromaquia, otro leit motiv. Goya y un pentagrama musical, los haces de trigo cosechados se relacionan con las cúpulas de la iglesia: alimento del cuerpo, alimento del espíritu. Esto otro es un cuadro de Van Gogh, y a la vez es el sueño de los hermanos de Josué en la Biblia (Josué sueña que los haces de trigo le hacen una genuflexión). Volviendo a ver las fotografíase de Von Dangel y su desesperanto, este gran collage, recuerdas a Francisco de Holanda (1517-1584), humanista, miniaturista y cartógrafo. En la exposición que actualmente le rinde homenaje en el Museo de la Biblioteca Nacional de España se le cita de este modo:

…la pintura es copioso tesoro de infinitas imágenes elegantísimas, espejo en que se mira y reverbera la obra del mundo, historia de todo el tiempo, cuerpo de la memoria (…); una candela y una luz que, fuera de toda esperanza en un lugar oscuro, muestra obras que antes no eran conocidas.

Esas palabras (pertenecen a De la pintura antigua, capítulo II) se aplican a esto que hace Von Dangel, ya que él trabaja sus infinitas imágenes desde un lugar sin esperanza, y no deja de ser “elegantísimo” el resultado. A su modo. Es la contemplación del artistas sobre las “operaciones divinas y humanas” a las que alude De Holanda. Lo que hizo Chávez con el país, desde luego, no deja de ser una operación humana.

 

LISTO PERO EN CONSTRUCCIÓN

Su hija Salomé —nombre bíblico, por cierto— no ha desarrollado inquietud por las artes plásticas. Von Dangel hizo lo posible para que no fuera así, pero la joven se decidió por Filología.

Dice Von Dangel:

Este libro está listo pero mañana le agrego una página, ¿cuál es el problema? Parte de una foto de Nelson Garrido. Yo le dije: ponme una de esas puticas que tú fotografías, Nelson, ponla como si estuviera recibiendo al macho. Mira, esta figura no existe en la foto… Es un trabajo en común, tú haces la foto y yo la intervengo y la complemento. Es una experiencia interesante. Aquí está, en esta otra página, el caballo blanco con las vísceras afuera de Michelena, en medio de la devaluación del Bolívar. Y estos son quipus, la escritura que hacían los incas por medio de rectas y nudos. Claro, es un quipus inventado por mí.

Se refiere al cuadro de Arturo Michelena, La vara rota.

La idea del desesperanto (en internet hay material de su autoría sobre este concepto) le llegó al dejar atrás Múnich, donde había estado visitando por primera vez a su hija Salomé. Para ese momento lo tuvo claro: el gobierno chavista (aún no había fallecido el golpista) derivaba hacia una dictadura.

Le digo: hija, regreso a un país, y ese país va rumbo a una dictadura. No sé hasta qué punto me será posible comunicarme abiertamente contigo. Voy a tratar de resolver esto de alguna manera.

De regreso en el avión, en la redecilla del asiento estaba una revista institucional de la línea aérea. La hojeó. Traía unos mapas con las rutas. Se disponía a escribirle a Salomé una carta sobre esa hoja, arrancándola de la revista. Una especie de juego de caligrafía, como cuando uno a veces habla por teléfono y al mismo tiempo garabatea en un papel. De pronto se le ocurrió lo del desesperanto. Y le escribió a Salomé: ya no puedo, hija, decir lo que te quiero decir. Y tú debes saberlo. Cuando te escriba con estos garabatos sabrás que se cerraron las puertas de la comunicación. No te expongo a ti ni me expongo yo, pero sabremos claramente lo que está sucediendo.

Cuando aterriza en Caracas ordena la reproducción de aquella hoja arrancada de una revista corporativa. «Después quedaría imbuida dentro de todo el vainero que empezó a surgir», dice mientras hojea uno de los libros en una de sus habitaciones de la casa amarilla, quizás la más oscura.

Sigue narrando:

Entonces, los libros del desesperanto son un sitio que yo quería que fuera así, un sitio de acopio, una ventana dentro de la red donde los artistas que estuvieran en la situación que he descrito encuentren acceso. Sale de mis manos. Es un proyecto, un punto en internet donde un artista en Islandia, si trabaja bajo la presión de un jefe civil de su pueblo que le resulta un dictador de mierda, puede escribir y mandar su obra o su carta a ese sitio. O un artista de Uganda que esté viviendo un estado depresivo…

La idea era, en principio, agarrar la mitad de los libros y mandarlos a la biblioteca más importante del mundo, y la otra mitad venderla para financiar este proyecto y que pasara de una excentricidad personal del señor Von Dangel a convertirse en una atalaya, una referencia, ¡epa!, aquí está pasando algo que no debe ser.

El problema es cómo filtrar para que no lo agarren cuatro jodedores o para que no infiltren el sitio las dictaduras. Debe haber un grupo de gente seria que lo maneje, sin estrellatos ni autoritarismos. Filólogos, historiadores. Cuando expongo una de estas piezas, la dejo como proposición abierta. A lo mejor llega alguien, agarra la idea y la utiliza. Los jóvenes, por ejemplo. Mientras tanto gozo una bola haciendo esta vaina.

Parte del “desesperanto” de Miguel Von Dangel, abierto como un universo desparramado sobre papel.

 

NOTA:

El encuentro con el artista, cuando se tomaron estas fotos, fue en mayo de 2016 en su casa de Petare. Es posible que, a estas alturas, el libro —o, mejor dicho, la colección de libros o álbumes— haya tomado vuelo por su propia cuenta, que sea parte de un gran movimiento en las redes, entre artistas plásticos de diferentes sitios. El talento encuentra sus propios caminos para salvar la desesperanza.