Edda Armas, con los pies en la tierra

Acercar la cultura a la gente, ofrecer espacios y educar es la vida de Edda Armas. Desde hace más de treinta años, muchos artistas venezolanos tienden puentes entre diversas manifestaciones culturales del país y su gente, y ella es una activista. “En el arte, la creatividad y la libertad van demasiado unidas”, dice la poeta durante esta entrevista. Una frase hoy más  vigente que nunca en Venezuela*

 

Airam M. Liscano Inaty

Edda Armas se muestra como poeta hasta en la escogencia del color de las paredes de su apartamento: tono perfecto de verde grisáceo combina armoniosamente, pero sin opacar el cuadro que va en una de las paredes de la sala de su hogar. Está contenta, le tomó varios meses y un par de intentos fallidos hallar el tono exacto que resaltara la obra que su hermano, el pintor Enrico Armas, le regaló.

Hay libros, cientos, miles de libros todos colocados en una enorme biblioteca que reposa en la pared principal de la sala de estar.  No importa en donde se siente la visita, ahí están. Ahí los va a ver. Colocados unos al lado del otro, compartiendo espacio la historia, la poesía, el teatro, los ensayos y las novelas que Edda Armas ha leído, e incluso escrito. Cerca de ellos, una silla de cuero reclinable luce cómoda, como si en ella se fuesen a leer todos los libros del mundo.

Su casa no es sólo un hogar, es su lugar de trabajo. Ahí tiene todo lo que necesita.

En las mañanas estoy siempre sola porque mi familia no está. Mi casa es muy tranquila, tengo mis libros a la mano, puedo poner la música que a mí me gusta. Y eso favorece la creatividad.

 

UN MITO

Existe una creencia sobre los poetas, un mito: los poetas son siempre profundos e intensos, herméticos; hablan en verso, siempre vuelan más alto que el resto de los mortales, siempre soñando en la rima y en la metáfora, encerrados entre libros. Escribiendo sobre el pasar del tiempo, el amor, el mar y el más allá, no son capaces de concretar ideas, hablan en otro idioma, son rebeldes y malentendidos por la sociedad. Edda Armas es ciertamente poeta, pero una con los pies, las manos y la cabeza puestas sobre la tierra, sobre su país, sobre la sociedad en la que habita y a la cual le ha dedicado más de treinta años de vida como escritora y psicóloga social.

Al salir del bachillerato, cuando tenía dieciséis años, como muchos jóvenes del país se preguntó qué quería estudiar. Entre sus opciones destacaron psicología y bioanálisis. En su casa, un hogar lleno de arte y literatura, liderizada por su padre, el escritor y también poeta, Alfredo Armas Alonso, “no me compraron la idea del bioanálisis y por eso me fui por la parte de la psicología social”, la herramienta que luego le daría forma a toda su carrera como poeta.

Dice Edda:

La combinación que yo hice fue psicología social hacia las artes. Diseño, implementación, producción y evaluación de proyectos sociales a través del mundo de las artes, vinculándolo con creatividad.

Y a esto se ha dedicado desde que tiene dieciocho años, a crear vínculos entre el arte y la sociedad del país. Acercar el arte a la gente. “Porque el arte es de todos y siempre ha sido así. Eso no es algo nuevo”.

Sus primeros proyectos fueron en Fundarte, institución dedicada a la educación cultural en las barriadas venezolanas. Trabajó siete años desarrollando talleres de creatividad para niños de diversas zonas del país. Su departamento era el de literatura, y su misión, explotar la imaginación de los niños a través de la creación literaria, de los cuentos y la ilustración:

Me gustó mucho trabajar con niños. Fue el aprendizaje más grande de mi vida. Ellos aprendían de uno y uno de ellos. Tan ávidos de conocimiento, de sensibilidad. El taller lo hacíamos donde se pudiera, en la plaza, cerrando una calle, donde los vecinos nos dejaban, un patio, el solar de atrás de la casa. Es inimaginable.  Causaba vértigo la avidez de los niños, creaban cosas donde no hay lugares comunes, llenos de una imaginación bárbara y de cosas inimaginables.

De estas actividades surgió un libro, compilación de todos esos cuentos y sus dibujos: El sol cambia de casa. Su objetivo desde entonces y hasta ahora ha sido el mismo: “Llevar el arte a la gente. Es darle un espacio para que se expresen”.

 

PROYECTOS EDUCATIVOS

Su interés por los proyectos educativos y la cultura creció al trabajar un par de años en la Dirección de Educación del Teatro Teresa Carreño. Luego de hacer un inventario de las posesiones de la pianista venezolana, armó su sala de exposiciones. Luego, después de sus experiencias visitando museos en el exterior, desarrolló las visitas guiadas: se ofrecían hasta en cinco idiomas y se permitía al público acceso a los talleres de vestuario, escenografía y calzado del teatro. La gente, de este modo, conocía lo que ocurría detrás de las paredes del Teresa Carreño. “Y así empezamos a inventar proyectos educativos. Esa fue gran parte de mi vida”

Se ha dedicado siempre a la organización y a la dirección de proyectos culturales, y “vincular la literatura con la gerencia me llevó a ser compiladora e investigadora. Déjame mostrarte”. Y se levanta a buscar un libro más, otro que agrega a la colección de todas sus obras que ha puesto en la mesa, son ellos los que le permiten contar su historia, cada uno es ejemplo de un nuevo  proyecto. Trae de su oficina dos libros pequeños que parecen iluminar su rostro: uno es amarillo, muy amarillo, brillante, Alguna vez el corazón aprendió de la rosa. Es un libro de anécdotas sobre su padre.

Dice que en principio no estaba dispuesta a hacer una biografía de su padre porque pensaba que eso debía ser competencia de otra persona, de modo que solo hizo estos apuntes y relatos que muestra:

Son anécdotas a las que nadie tiene acceso y utilizo documentos y fotos para sustentarlo todo. Ahí no hay nada inventado.

En el fondo, lo hizo para facilitarles el trabajo a investigadores y biógrafos que algún día quieran contar la historia completa de Alfredo Armas Alonso.

El último libro que saca es uno de sus poemarios: Armadura de piedra. Nace a partir de la caída de las Torres Gemelas en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, que se fue a alimentando del 11 de abril de 2002 —que ningún venezolano olvida— y del ataque terrorista al tren de Madrid el 11 de marzo de 2004.

 

REALIDADES

La realidad cultural y artística que vive el país también la afectaN: “En el arte, la creatividad y la libertad van demasiado unidas”, afirma. Y a pesar de los discursos de inclusión que hoy imperan, siente que la exclusión en el arte es palpable.”Hay una polarización de nuestra cultura, cuando ella significa converger y, dentro de las diferencias, compartir. Pero es en los tiempos difíciles cuando la creatividad se pone a millón. Los artistas no se pueden dejar vencer por el miedo y caer en la autocensura”.

Tiene una filosofía de vida que comparte con sus hijas:

Cuando quieres lograr algo tienes que empezar por algún lado, un lado te lleva a otro, lo peor es la inactividad.

Y así ha vivido siempre, de proyecto en proyecto, de libro en libro, creando espacios para acercar el arte a quien éste pertenece, a la gente. “Porque el arte no es arte, si no puede ser admirado”.

 

Esta entrevista fue originalmente realizada para la cátedra Entrevista Periodística (UCAB) en diciembre de 2009. Su autora trabaja actualmente en Ciudad de México, editando una web informativa.