Capa, Beaton, Meiselas y esa panda de habaneros

El festival PhotoEspaña, actualmente en Madrid y otras ciudades, es un campo abierto a una gran historia: la de la mirada omnipresente. La fotografía social, la lúdica, la del retrato y las grandes revistas como Vogue o Life; la que obedece a una determinada luz, la que sigue unos cánones o rompe con todo. Detrás, siempre, está el compromiso del autor con los hechos, la realidad, el medio ambiente, su propia infancia. Hay de todo, y la discusión sobre la verdad y el truco continúa

Sebastián de la Nuez

La fotografía es una herramienta autorizada para contar el mundo, la vida cotidiana, el gesto de una hazaña o la inercia inexorable de una catástrofe. Aunque la fotografía mienta, en verdad no miente pues en última instancia narra la historia de una manipulación, el truco forzado desde un tecnicismo, o la paradoja de una realidad paralela con la cual hay que contar. A veces, aunque parezca que cuenta una mentira, la fotografía es verdad pura (si es que esto existe); solo que el fotógrafo ha aprovechado las circunstancias o el juego cómplice de una luz.

Diversas exposiciones de PhotoEspaña certifican el paso del tiempo a partir de las arrugas de una modista, testimonian el modo en que un artista mira el calentamiento global o inmortalizan la trivialidad dichosa de un juego de muchachitos en plena calle. Todo ha sido verdad en un instante dado, y a partir del ojo fotográfico ese instante se ha vuelto eterno: ¿no es lo más parecido a la magia?

La inauguración del festival ProtoEspaña fue en el Real Jardín Botánico el 6 de junio, y allí estaban, entre otros, representados por su obra Thierry Cohen (Francia, 1963), quien superpone dos imágenes para mostrar ciudades de una belleza imposible; Nick Cobbing (Reino Unido, 1967) mostrando cuán magnifico y aterrador es el paisaje del deshielo en Groenlandia con sus lagos en ascenso; y James Mollison (Kenia, 1973) abriendo todo el diafragma para que caiga la luz sobre sus grandes espacios donde la infancia se desmelena lúdicamente.

Elliot Erwitt, nacido en París en 1928, insigne retratista de figuras no menos insignes del siglo XX (sobre todo en Estados Unidos), está aquí con su cara muy mona autorretratándose. Es solo una burla de sí mismo, no hay que darle más vueltas. Pertenece a la Magnum, de modo que tiene lustre.

La agencia Magnum cumplió en 2017 los setenta años de edad. Ahora, en la Fundación Telefónica, unas doscientas fotos de 46 autores distintos dejan a un lado los acontecimientos cruciales para fijarse en los juegos de toda índole. La muestra «Players» destaca la diversión libre sin intenciones de dibujar como fondo un drama (aunque en ocasiones el espectador pueda adivinarlo), el oficio de los músicos en su salsa (en inglés ellos también son players) y los propios juegos que hacen los fotógrafos manipulando el instrumento fundamental de su trabajo. Algunas fotos son convencionales pero otras se le quedan viendo al espectador como diciéndole ¿no me vas a descubrir? En efecto, es mejor dar una segunda vuelta con paciencia y observar cómo los maestros saben re-mirar los submundos de la cotidianidad bajo diferentes aspectos, revelando caras insospechadas, apelando a la banalidad del bien. Jugar en equipo, jugar consigo mismo, jugar con un juguete para ver hasta dónde llega.

Estos niños en una calle de La Habana en 1977 ya no son niños hoy, quizás cada uno de ellos desconozca el paradero de los demás. Pero ahí están, juntos para siempre. Ahora pasan a formar parte de la subjetividad de nuevos espectadores o visitantes de PhotoEspaña. Pongamos por caso, los reunidos en una tarde de sábado en la Fundación Telefónica de la calle Fuencarral: es un grupo heterogéneo. Nadie conoce a nadie, en realidad. Pero coinciden todos al mismo tiempo, pongamos por caso, a las 6:00 pm. Están allí para recorrer las salas y ver fotos bien montadas, bien iluminadas; algunos se aburren y otros se divierten. Quizás uno le ponga mala cara a otro que se le atravesó cuando más concentrado estaba frente a una imagen. El hecho es que comparten un momento. Un instante. Hay coincidencias, entonces, entre los dos grupos, el de los habaneros beisbolistas de la foto y el de los mirones 41 años después. Ninguno de los dos grupos sabrá acerca de los destinos de los demás integrantes de su propio grupo (casi seguro) y menos de los que forman el otro grupo; sin embargo se han reunido, saltando varias décadas, y evidentemente están de acuerdo en un asunto que es universal y atemporal: ¡qué gozada en salir a la calle medio desnudo a darle palos a una bola! La fotografía fue tomada por la documentalista norteamericana Susan Meiselas (ver este buen informe sobre ella).

Desde los comienzos de Magnum, con Robert Capa y Henri Cartier-Bresson a la cabeza, han pasado por la agencia 92 fotógrafos profesionales, documentando los acontecimientos cruciales del siglo XX y lo que va del XXI. Aunque también, a veces, simplemente no han documentado nada pero igualmente el resultado ha sido interesante, estimulante.

Los fotógrafos de los medios de comunicación y agencias persiguen la verdad en movimiento, lo cual resulta muy azaroso y cansino. A veces deben hacer el papel de adivinadores para tratar de que su trabajo no caduque a las 24 horas. Hay una tradición de la mentira. La mentira no llegó con Photoshop. El maestro ítalo-venezolano Luigi Scotto contaba lo sucedido a un reportero gráfico de sucesos en un matutino de vocación amarillista. Fue a cubrir el suicidio de un prominente hombre de negocios: el hombre se había colgado de una viga. Llamó a su jefe de Redacción y le describió la escena, y el jefe de Redacción le preguntó si el suicida tenía la lengua colgando, como suele ser de rigor en esos casos. El reportero gráfico volteó —hablaba por un aparato fijo, en ese entonces no había móviles— a mirar y tuvo que conceder que no, que ese detalle de la lengua colgante no estaría en el encuadre. Le preguntó el jefe de Redacción, entonces, si se hallaba en compañía de otros periodistas. No, todavía no habían llegado los colegas. “Pues sácasela y luego le tomas la foto”, le ordenaron al otro lado del hilo telefónico.

Puede que todo esto no fuera más que un invento del bueno de Scotto para ilustrar el talante de aquel diario que sí que tenía fama de amarillista. Pero un invento puede poner de bulto una verdad oculta, velada o soterrada. Scotto fue uno de los grandes del periodismo venezolano, y siempre estaba de buen humor.

El trabajo fotográfico, el que busca consagrarse como testimonio y retrato de los hechos, requiere de la subjetividad del profesional, como sucede con el periodista que redacta la noticia o el reportaje o lo que sea. No es que se les disculpe la subjetividad sino que es de desear. Pero, por encima de todo, el reporterismo y la reproducción de lo factual requieren honestidad.

Por otra parte, quien asume la fotografía como propuesta estético-artística más allá del testimonio, de la captura de un momento de impacto, lo que requiere sobre todo es capacidad de expresión trabajando a mil por hora, creatividad, técnica depurada y actitud de animadversión ante el lugar común y lo adocenado.

Sí, el gran Cecil Beaton ha sido otra de las estrellas de PhotoEspaña y su galería de literatos, actrices, modelos y diseñadores de la moda es un paseo por los espíritus de la elegancia, el buen gusto y el esteticismo.