Lo más importante que tienen los seres humanos es el sentido moral

En la Fundación Juan March (Madrid) se encontraron frente a frente dos amigos el 4 de diciembre: Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Valencia, y José Antonio Marina, según los medios hispanos, “uno de los pensadores absolutamente imprescindibles de nuestro país”. Hablaron entre otros temas de moral, democracia y ética mínima

Sebastián de la Nuez

Adela Cortina y José Antonio Marina llevan en una mano el peso de lo que han estudiado y reflexionado, y en la otra, las noticias del día en España y en el mundo. Eso es lo bueno que tienen: que no se les escapa lo actual. Saben muy bien que en el Congreso de los Diputados han pasado cosas graves últimamente, así como saben de populismos con rostro de pretendido marxismo y de derechas emergentes, con tinte fascista, a ambos lados del Atlántico.

En esta ocasión, Marina era, nada más, el entrevistador, y Cortina, la protagonista. José Antonio, estudioso de la inteligencia en la literatura y en el arte, escribió un libro cuyo contenido puede aplicarse en buena medida a la Venezuela de estos años: Las culturas fracasadas (Anagrama, 2010). La de Adela es una trayectoria que abarca más de medio centenar de títulos. Catedrática emérita, se editó hace poco un libro que lleva por título Homenaje a Adela Cortina: ética y filosofía política. Marina hizo su introducción alabando su inteligencia práctica, que para él vale más que la inteligencia teórica. Dijo que se conocieron una vez en Buenos Aires y que allí mismo se dio cuenta de que era una persona mucho más seria que él. Advirtió que trataría de pincharla pues —así mismo dijo—  “Adela es una polemista estupenda cuando está cabreada. Si me paso con ella es simplemente una cuestión metodológica”.

Ella le agradeció, a su vez, que hubiera aceptado la invitación a acompañarla en esta cita pues seguramente tendría cien mil cosas más interesantes que hacer aquella tarde; agregó que le diría que es todo un caballero si esto no fuera un insulto. Hizo una referencia a su interlocutor en relación a la creación ética. No se entendió bien —a veces, ella habla muy rápido— pero entonces fue cuando dijo aquello de: “Coincidirás conmigo en que lo más importante que tienen los seres humanos es el sentido moral. En eso no discrepamos, José Antonio. Discrepamos en otras cosas que espero que me saques ahora”.

 

POSITIVISTAS, MARXISTAS, ESCOLÁSTICOS

Marina le preguntó desde cuándo le había dado por la ética, siendo la hermana pobre de la filosofía. Ella aprovechó para hacer un recuento de lo que estudió en Valencia, de la influencia de un profesor que por cierto no era titular y de aquel creciente interés por la ética que venía desde Platón y los diálogos alrededor de Sócrates. Era la época de la Transición, tras la muerte del dictador Franco. Ya no podría haber una ética común a todos los españoles signada por el catolicismo. Comenzó a preguntarse si no sería mejor dejar de lado la metafísica —sobre la cual había centrado su tesis académica— para ver cuál podría ser la nueva ética común a todos los españoles. Había que meterse en la brega, y la brega era esa, arremangarse. Se había encontrado con tres tendencias que no daban respuesta: por un lado los positivistas, alegando que la única racionalidad es la científica; luego los marxistas, para quienes todo lo que fuera moral olía a pequeñoburguesía; y los escolásticos de manual, encerrados en sus creencias. Era un ambiente poco prometedor para cosas como la ética, que no parecía contar con terreno propio.

(Marina la interrumpe. Le dice que lo cierto es que nadie se había atrevido en España con la fundamentación de la ética. Da a entender que José Luis Aranguren había fallado con ese tema pues hizo una cosa “un poco extraña”, mezclando ética y religión. “En realidad quien se había ocupado hasta entonces de fundamentar la moral era la religión”.)

Cortina admitió —probablemente le guste hacerlo— que tiene un sesgo kantiano. Por supuesto, lleva en su bagaje particular una raíz hispana, y cita a Marías, Aranguren, Ortega; dice que debe diferenciarse entre la moral de la vida cotidiana —la que viven las personas— y la filosofía moral. En una época, exactamente esa de la Transición, buscaba una fundamentación filosófica a esa moral cotidiana. Se fue en mayo de 1977 a Múnich tratando de hallar algún tipo de fundamentación filosófica para la ética “que fuera propia  de nuestro tiempo”, o sea, algo que le sirviera para arremangarse. Encontró un libro llamado Transformación de la filosofía, de Karl Otto Apel, que reunía (y reúne) la belleza de la filosofía kantiana y algo muy actual: la transformación dialógica. Entendió a Kant puesto en diálogo.

—Kant pasó de la filosofía de la conciencia a la del lenguaje.

Entonces Marina le pide que explique ese concepto “en un tuit”  y la filósofa dice “¿ah?” y él le repite: “En un tuit”. Este es el tuit de Adela Cortina:

—Cuando los seres humanos nos preguntamos si una norma es justa, tratamos de determinar un procedimiento para ver esto [es decir, para llegar a una conclusión acerca de si realmente es justa]. Entonces la filosofía nos puede proporcionar un procedimiento: el diálogo entre los afectados por la norma para llegar a un acuerdo sobre si la norma es justa. ¿Puede favorecer los intereses de todos los afectados? Hablamos entonces del reconocimiento de los interlocutores. Eso da juego a poner el diálogo sobre el tapete.

Marina le presenta un problema: quienes se disponen a dialogar ya deben ser éticos hasta la médula. Le pregunta sobre el diálogo en Cataluña, una papa ardiendo en las manos del actual gabinete encabezado por el socialista (PSUV) Pedro Sánchez. Ambos, Marina y Cortina, se enzarzan en una discusión pues el asunto no es fácil: lo contrafáctico es un elemento que ha de tomarse en cuenta. Cualquier argumento, cualquiera que argumente en serio, es contrafáctico. La filosofía tiene que contar con el contrafáctico.

—Si no hay ese presupuesto sobre lo contrafáctico, dejan de tener sentido nuestras argumentaciones. Y por ese camino acabamos con la racionalidad humana.

Marina agrega el caso de las democracias donde se ha roto una especie de muro de contención. Alude a Donald Trump: en Estados Unidos, un gobierno puede otorgar amnistía a sus propios delitos. Pero esa posibilidad estaba contemplada y jamás, a ningún presidente, se le había ocurrido echar mano de ella. Pues Trump lo ha hecho.

A partir de este punto, ambos hablaron de las actuales democracias no deliberantes, autoritarias. Ahora hay mandatarios que no necesariamente se saltan la ley… pero sí esa especie de norma de contención. Cortina resumió las cosas de este modo:

—Principal problema: la democracia está en peligro. Creemos que está conquistada pero no lo está, hay un retroceso clarísimo. Los países demócratas tradicionales están perdiendo fuerza. Hay democracias que han dejado totalmente de lado los derechos sociales y eso tampoco es democracia pues hoy en día este concepto viene cargado con una serie de elementos y requisitos que deben ser cumplidos todos. Hay recesión democrática. Deberíamos tomarnos esto muy en serio.

 

DESPRECIO AL POBRE

A propósito de la palabra acuñada por la propia Cortina, asumida por la Academia de la Lengua, aporofobia, se habló en esta entrevista o conversatorio de los emigrantes que llegan en estado de desahucio a las costas de la Europa desarrollada, o que intentan cruzar fronteras como la de México-EEUU. Dice ella que “el desprecio al pobre lo llevamos en el cerebro. Eso es viejo como la humanidad, pero el sistema que tenemos no ayuda sino que colabora. Estamos cerrando las puertas a gente que se encuentra en una situación desesperada. La aporofobia es [una actitud] impresentable, requiere un cambio de todos. Vencer las desigualdades. Sería bueno acabar con la aporofobia que ya es histórica. Y eso tiene mucho que ver con la educación”.

Es imposible recabar todo lo que hablaron en hora y media, pero a continuación se entremezclan sus opiniones o comentarios en una síntesis apretada y probablemente injusta pero que, en conjunto, retrata el cariz profundamente humanista de ambos interlocutores: su preocupación por la educación, por el manejo de la política hoy en día en España y en el mundo:

 

ÉTICA MÍNIMA

  • Hace falta, en una sociedad como la española, compartir unos mínimos de justicia. De allí que debamos distinguir entre lo justo y lo bueno, pues me parece muy útil para nuestra sociedad. Lo justo se exige; a la felicidad se invita. Cuando se hace una afirmación de justicia se pide que valga para todos. Entiendo que esa ética mínima sería la básica en una sociedad pluralista en la que se comparten unos mínimos de justicia. Ya sé que todo esto es muy difícil, ahora mismo en España hace mucha falta compartir esos mínimos.

DEMOCRACIA RADICAL

  • La democracia radical tiene que ser muy participativa. Mi libro se trataba [habla Adela Cortina] de las éticas aplicadas a la vida cotidiana, en las que en España se ha trabajado muy bien: bioética, ética empresarial, etcétera. Eso está bien, eso está moralizando. Eso contribuye a una democracia radical. Ir a la calle, ir a las personas. Creo que es fundamental que las personas deliberen. La democracia congregativa, directa, es imposible. Pero sí la democracia participativa: no es tan importante la agenda sino cómo se forman las mayorías. Las mayorías pueden formarse con agregación de intereses. Pero también por emociones. O por el diálogo, la deliberación. Creo que la democracia es la construcción de esa democracia. No hay una democracia en sentido puro. Restar emotivismo y restar agregacionismo.
  • La democracia directa no es posible ni tampoco deseable. Comités de bioética, presupuestos participativos… Pero estas cosas no calan en la sociedad [dijo Marina, contrafáctico]. Hay una especie de desfondamiento teórico en la política en este momento. El socialismo tiene un sistema estructural más consistente que los conservadores, pero los socialistas buscan valores clásicos y hay individualismo, liberalismo.

LA DIGNIDAD

  • La dignidad pertenece al mundo de los valores, no es una característica física; no se puede decir de alguien que es alto, rubio y digno. No. Hay una gran cantidad de características del ser humano que no percibimos y sin embargo componen nuestra realidad humana. Tampoco se percibe la democracia. Pero ponemos nombre a algo que sí que captamos, y le adosamos un concepto. Es mentira que la dignidad sea una ficción. La dignidad es, en efecto, un concepto que aplicamos a algunos seres humanos que tienen unas características. Hay una palabra que he inventado, aporofobia, que no existía; no es una genialidad, es una obviedad porque sí que existía rechazo al pobre. El hombre tiene la capacidad de [buscar] conocimiento de sí mismo. Tenemos la capacidad de crear un mundo que humanizaríamos. No se trata de capacidades físicas. Humanizar el mundo: esa capacidad sitúa al hombre en un lugar especial en virtud del cual  no debe ser sujeto de manipulación;  se le tiene que empoderar y ayudar para que progrese. A ese ser le damos el nombre de dignidad: tiene derechos.
  • Como no nos consideremos como personas dignas, lo que nos espera es el horror. Debemos diferenciar entre los actos de la persona y la persona. La pena de muerte no es [el camino, la solución]. Hay que trabajar sobre ella [la persona] porque la posibilidad de cambio es la clave de la dignidad. Apoyarle y ayudarle para que pueda ser la persona que puede ser.

ÉTICA EMPRESARIAL

  • Todas las empresas han tenido tradicionalmente códigos éticos. Que haya empresas que produzcan bienes y que lo hagan con ética, esa es la idea: una ética que tenga en cuenta a todos los afectados. Hay cosas que no son de código sino de ley. Ahí están los objetivos del desarrollo sostenible. Diecisiete objetivos. Todos deben colaborar. Si se deja demasiado abierto, no sirve. No es que invites a respetar los DDHH, sino que se tienen obligatoriamente que respetar. Es fundamental una gobernanza global en este sentido, se están haciendo propuestas.

LA COMPASIÓN

  • Compasión hacia los pobres: hay individualism sistemático, este mundo frío de la comunicación entre pantallas. Se nos enmudece el corazón, se nos está endureciendo. La democracia debe formar parte de nuestro sistema educativo. Educación en ética y derechos fundamentales. Debe haber una educación sobre estos aspectos; en suma, se han eliminado materias que versan sobre moral y cívica] pero me ha dejado desconcertada la ausencia de la ética. La noción o asignatura de vida moral y reflexión ética “se aguó en Valores Educativos, una cosa muy gaseosa”.