La Médica París, en la Gran Avenida

Otra de las grandes librerías emblemáticas de la Caracas que ya se fue y no volverá. Librería Médica París se distinguía, siempre, llegando a plaza Venezuela. El entorno se fue […]

Otra de las grandes librerías emblemáticas de la Caracas que ya se fue y no volverá. Librería Médica París se distinguía, siempre, llegando a plaza Venezuela. El entorno se fue deteriorando a grandes zancadas. Queda la historia, y la historia pertenece a la familia Paneyko, inmigrantes que como tantos otros encontraron cobijo, amistad y futuro en cierto país suramericano que luego caería en desgracia

 

Sebastián de la Nuez / Foto destacada: Oswer Díaz Mireles

La vida del emigrante Pierre Paneyko aparece como difuminada en los testimonios que han ofrecido sus familiares o amigos. Estos personajes que han hecho un pedazo de historia (en este caso, historia caraqueña, ramo del comercio de libros) llevan alrededor una aureola de entrega a causa perdida. Sin embargo, al menos en lo que concierne a Paneyko, el negocio parece haber dado suficientes beneficios como para levantar y sostener a toda una familia durante décadas. Ahora, y desde hace años, ya no se concentra en libros sino en insumos médicos. La fachada ha cambiado, como puede verse en la foto.

Pierre Paneyko fue un hombre marcado por las mujeres de su vida. Nació en Viena de padre ucraniano y madre francesa. Llegó a Venezuela entre las oleadas de postguerra para sembrar su oficio en el año 1950. Todo este tiempo estuvo activo en su criatura, Librería Médica París, o en la distribuidora de equipos médicos homónima, al menos hasta sus 91 años, cuando le alcanzó un ACV que lo dejó fuera de combate. Se casó en Venezuela con una vasca, Eugenia Mendizábal. Procrearon cuatro hijas y sacó adelante esta librería que acercó la ciencia a los estudiantes de medicina. Enviudó y, ocho años después, a sus 80, se volvió a casar esta vez con una venezolana. «Era fuerte y activo, un personaje muy especial», contó Marisabel Porras, la caraqueña protagonista de esta segunda parte en la vida de Pierre. Conserva sus fotos, sus recuerdos, su presencia cercana.

Hoy en día, aun cuando la librería no existe, queda una oficina en la urbanización Chuao donde María Eugenia, la hija que heredó el negocio, persevera en la distribución de equipos médicos.

María a secas es otra de las cuatro hijas de Pierre, vive en París desde principios del siglo XXI. Sus otras hermanas son Jackeline y Helena. El recuerdo más vívido de María data del 23 de enero de 1958, cuando su padre se negó en redondo a bajar la santamaría mientras en la calle una multitud enardecida se dedicaba a incendiar locales y sacar a rastras a los esbirros de la Seguridad Nacional, muy cerca del local de los Paneyko. Pues bien: fue el único sitio de la calle que la horda respetó. No fue tocado.

Eugenia, por vasca y emprendedora, fue el verdadero motor de la empresa familiar. Pierre era, según María, políticamente correcto —diplomático en sus relaciones— y conquistador. Había estudiado Ciencias Políticas en La Sorbona. Hubo un tercer protagonista en el arranque de la librería: Georgette Delouvrier, Memé para amigos y familiares. La madre de Pierre. Entre Pierre, Eugenia y Memé decidían las compras. La compañía, quedó por escrito en su documento legal, tendría por objeto la importación, representación, venta y/o distribución de revistas científicas, libros y material didáctico médico, de laboratorio, odontología, veterinaria y afines. A la abuela Memé se le ocurrió dar crédito a los estudiantes de medicina, ya que los libros especializados siempre han resultado tan costosos. La idea fue un gran gancho.

Después del 23 de Enero la librería se mudaría para El Rosal, una casa grande donde proliferaron los libros sobre psicología. La tienda creció y comenzaron a traer algunos equipos o utensilios como tensiómetros y microscopios. En los años sesenta hubo mudanza al asentamiento definitivo en la Gran Avenida. La familia tuvo su vivienda en el mismo edificio Arauca, en el pent house.

Niko Sidorkovs, fotografiado en Parque Central en agosto de 2015.

Nicolás Sidorkovs, nacido en Riga y llegado con apenas 4 años a Caracas, ha sido y es amigo de la familia Paneyko. En su triple condición de arquitecto, observador agudo y cronista del urbanismo caraqueño,  nadie mejor que él para una panorámica de la familia Paneyko. La Médica París ha sido, como dice, parte de su vida, y esa vida se remonta a 1950. Los Paneyko y los Sidorkovs alquilaban en ese año habitaciones en casa de un adeco muy conocido que había caído en desgracia política y económica (eran los tiempos del perezjimenismo). Sidorkovs describe una quinta de lujo en la urbanización Altamira, construida con flujos de dinero desviados cuando los adecos eran los reyes y esos comunistas e izquierdistas y leninistas, todos, construyeron sus casas en Altamira, en La Castellana, en El Rosal. Son palabras del letón criollo.

El 24 de noviembre de 1948 fueron destronados los de Acción Democrática y tuvieron que mudarse para la biblioteca y el cuarto de huéspedes, y alquilar sus dormitorios con sus salas de baño. En la navidad de 1950 hicieron hallacas para venderlas a bolívares dos cincuenta.

Después se mudaron hacia Campo Claro, y los Paneyko también, cinco cuadras más abajo. Por entonces Pierre Paneyko vendía libros de medicina de consultorio en consultorio y los padres (el ruso y la francesa) le alquilaron un pequeño local diagonal a la Cruz Roja en La Candelaria:

Les fue muy bien. Se mudaron a una casa en la avenida México, diagonal con el edificio Creole, que en ese tiempo era la Seguridad Nacional.

Sidorkovs  agrega elementos a lo ya narrado por María acerca de aquella fecha en que Venezuela volvió a la democracia:

En los albores de la caída de Pérez Jiménez, los estudiantes y otras personas que estaban en la calle pidieron guarecerse en esta casa. Paneyko los aceptó con la condición de que no tocaran los libros. Así lo hicieron. Ellos vivieron en vivo y directo las últimas horas del régimen de Pérez Jiménez. De allá se mudaron a El Rosal en la esquina que ahora ocupa el Marriott. Allí trabajé yo como asistente de Memé escribiendo en inglés y francés, y luego se mudaron a la definitiva ubicación en la Gran Avenida. Duraron hasta que la marginalidad e internet se confabularon para acabar con tan prestigiosa firma. 

Cuando menos se lo esperaban falleció Eugenia Mendizábal. Pierre, para evitar problemas en el futuro, decidió repartir la herencia de una vez y para siempre  entre las cuatro hijas. El negocio propiamente dicho quedó en manos de María Eugenia.

En ese pedazo de la Gran Avenida cercano a la plaza Venezuela, hoy tan venido a menos, Librería Médica París permanece de alguna manera, quizás en el recuerdo de quienes frecuentaron el grupo de librerías que había allí: Élite, Salvat, Única… Élite mostraba en 2015 fotocopias de libros dedicados a los palos mayombe y kimbisa. Ofrecía folletos del sincretismo y la hechicería: La regla kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje, Trabajos y firmas de Palo Monte, La palería y las fuerzas de la naturaleza, La alquimia, ¿brujería o ciencia? Esos títulos destacaban. Quizás hoy haya desaparecido también ese reducto para los cultores del sincretismo y de las creencias paganas.