Fotografía callejera

Caixa Forum y su calle aledaña, prácticamente desierta, ayer miércoles 7 por la tarde. La muestra «El sueño americano» abre hoy.

No es lo mismo el Paseo del Prado hoy que hace un año. Hoy luce un poco desangelado. El turismo es bullicio y desorden, pero le da vida a la ciudad. La Caixa Forum ha eliminado toda posibilidad de sentarse en sus espacios interiores, lo que la dirección espera es que la gente simplemente pase por las salas de exhibición, no que prolongue su estadía ni que se siente frente a una pantalla a dejar sus miasmas. Y eso que en la exposición Cámara y ciudad hay varias donde, de repente, el visitante desearía seguir con comodidad las imágenes a ver de qué van.

Sebastián de la Nuez

El formato de muchas fotografías es demasiado pequeño como para ser apreciado a simple vista, por suerte las salas están casi vacías y cada quien puede acercarse lo más posible, si lo desea, porque, de lo contrario, ni te enteras del motivo o de la pertinencia de muchas imágenes. La exposición de fotos, vídeo y cine (fragmentos) que en estos días finaliza en la sede cultural de La Caixa en Madrid parte de la calle y llega a la calle como ámbito de la esfera pública donde, según sus curadores, «se exponen relaciones sociales, económicas, políticas y culturales (…). La experiencia de la gran ciudad forma parte de las condiciones esenciales de la modernidad. Este nacimiento simultáneo generó, a lo largo del siglo XX, una serie de correspondencias que darían pie a un género específico en la historia del medio fotográfico: la fotografía callejera.»

Hay grandes fotógrafos en la pequeña y gran historia del siglo XX, muchos de ellos se fueron a la guerra y allá quedaron; otros callejearon por su barrio y aquí, al menos parcialmente, están los resultados de sus expediciones. Esta exposición tiene dos tintes a la vista: su republicanismo y su afirmación de que la buena fotografía es la que se hace en las grandes urbes: Madrid, Barcelona, París, Nueva York… Las imágenes hablan del siglo XX, de sus especímenes urbanos o de sus claves en lo arquitectónico y estético. Hay muestras valiosas por su plasticidad, por su desparpajo, por ser un retrato sociológico, atrapando la gracia o la violencia o el ridículo o lo dramático al vuelo de un instante, dentro de un periodo histórico del que lo capturado por el objetivo es signo y expresión.

Hay una salita dedicada a la actual pandemia, cómo no. En su cartel explicativo figuran más interrogantes que definiciones, y eso está bien. No se ve ningún rompimiento con la tradición en los ejemplos que seleccionó la curaduría (o comisaría). Desde luego, se retrata la soledad de las calles en la actualidad. Hay un tarjetero con postales muy semejantes entre sí, tediosamente repetitivas (adrede, como un sarcasmo de los días que corren), en un dispensador giratorio que sin embargo no se puede tocar.

Buena idea original.

Por cierto: los rótulos que acompañan a las fotos, de pequeño formato, contienen textos innecesariamente largos y a un punto de letra no apto para miopes, o sea, son bastante inútiles.

Esta muestra se ha realizado a partir de colecciones del Centre Pompidou y con material fílmico de colecciones españolas, así como se ha echado mano de fotógrafos locales que al parecer fueron convocados especialmente para la ocasión. Por último, la exposición se abre hacia el futuro, donde sitúa la calle en la era de la globalización y desde la panóptica visión ultraestratosférica de Google.