El semanario A.D. en 1958

Hay episodios de la segunda mitad del siglo XX en Venezuela que han quedado en la penumbra, desestimados por estudiantes e investigadores. Uno de ellos es la prensa partidista, que […]

Hay episodios de la segunda mitad del siglo XX en Venezuela que han quedado en la penumbra, desestimados por estudiantes e investigadores. Uno de ellos es la prensa partidista, que jugó un papel preponderante al aglutinar firmas y contribuir a difundir las ideas democráticas. El semanario A.D., dirigido en su segunda etapa post Pérez Jiménez por el educador J.M. Siso Martínez, es un claro ejemplo de que la información y la opinión contribuyen a construir criterio político

 

Sebastián de la Nuez

En otra entrada de este blog («Betancourt y la prensa») se habla de la importancia que le daba Rómulo Betancourt, fundador del partido Acción Democrática, a la difusión masiva de las ideas políticas (en este caso, desde luego, partidistas). Desde los años cuarenta aparece El País, vocero del partido durante el trienio presidido por Rómulo Gallegos. En referencia a la utilidad de la prensa partidista dijo Betancourt en alguna ocasión:

«La afonía es un suicidio para un partido político».

Acción Democrática tuvo varios medios impresos, aunque no al mismo tiempo. Tuvieron todos un destino semejante: desaparecieron tarde o temprano.

El semanario A.D. durante 1958 —el año en que Venezuela se liberó de la dictadura perezjimenista— tuvo su rol en el triunfo electoral de RB de diciembre. Contribuyó a difundir una actitud a favor del partido como representación del pueblo, afianzó el prestigio de su liderazgo. De algún modo, aun cuando el semanario llegase solo a unas elites más o menos ilustradas, el mensaje permeaba.  Contribuyó a galvanizar los anhelos de libertad y modernidad de una buena parte de los venezolanos.

Otros partidos políticos habían desarrollado su propia prensa, vehículos doctrinarios. Sin embargo, en algún momento de la segunda mitad del siglo XX venezolano, los periódicos que se debían a un partido político perdieron fuerza, dejaron de editarse. ¿Por qué? El historiador Simón Alberto Consalvi, consultado para este trabajo, ligaba la desaparición de la prensa partidarista a la de los propios grandes partidos venezolanos. Octavio Lepage proclamó, por su parte, que el pragmatismo se lo llevó todo por delante.

Al revisar las páginas del semanario A.D., el lector menos agudo podrá observar que están llenas de la férrea voluntad de informar para convencer siempre en torno a una idea: Acción Democrática es un partido que luchó y pagó un precio por liberar a Venezuela de la dictadura, ahora es un partido que representa una gran fuerza popular y sus figuras fundamentales ejercen un liderazgo transparente, esperanzador, afirmado en la determinación democrática del pueblo venezolano.

Simón Alberto Consalvi hizo notar, al ser consultado, la ausencia de estudios en torno a los medios impresos impulsados desde los partidos. Dijo:

—No se ha escrito historia alguna. Al no escribirse la historia, no se sabe lo que ha pasado. Pero se ha perdido también el contenido extraordinario de aquellos medios de comunicación, de aquellos debates de la prensa partidista.

En los archivos de la Fundación Rómulo Betancourt hay documentación sobre la Novena Convención de AD, efectuada tras la liberación de enero de 1958, en la que se constata que RB destacó como uno de los factores que contribuyeron al derrocamiento del gobierno adeco el 24 de noviembre de 1948 la hostilidad de «la casi totalidad de la prensa periódica». Bien sabía, pues, por experiencia propia el hombre de la pipa y las multisápidas hallacas, que los medios son capaces de modificar la Historia, para bien o para mal.

 

 EL SEMANARIO DE LOS ADECOS

Los antecedentes del semanario A.D. se encuentran en diversas publicaciones: la revista de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV) de 1936, no vinculada directamente al partido pero sí al movimiento democrático de donde salió el liderazgo de AD. El semanario comenzó a aparecer, llevado de la mano por el dirigente zuliano Valmore Rodríguez, en enero de 1942, un año después de la fundación del partido. Luego aparecería El País y, a raíz de la instalación de la dictadura de Pérez Jiménez, Resistencia y Venezuela Democrática, periódicos de la clandestinidad y el exilio. También deben tomarse en cuenta los intentos de una prensa partidista del interior de la República: aparecieron hojas emanadas de las seccionales una vez estructurado el partido, a partir de 1941.

He aquí apenas un vuelo superficial sobre los titulares y principales contenidos que aparecieron en ediciones de la segunda etapa de A.D., a partir de mayo del 58. Se buscaba, además de lo ya anotado más arriba, unidad. Tal unidad debía cimentarse tanto en factores reales, como instituciones y personalidades, como en el terreno del discurso del poder y en el de las instancias simbólicas. La unidad sería, entonces, suma de acción y representación. En otras palabras, orientación hacia el entusiasmo colectivo, construyendo militancia a través de las ideas —y creencias— difundidas y compartidas. Como dice el historiador Luis Ricardo Dávila, es necesario que los líderes «proclamen (…) su vocación de defender el interés nacional, su voluntad de unión y de emancipación…». De allí el contenido de los primeros números de esta etapa post-Pérez Jiménez. La portada del primero (mayo 10) contiene los siguientes títulos:

  • Leonardo Ruiz Pineda: vida y epifanía
  • Conclusiones del pleno de dirigentes
  • En busca del ancho camino de la concordia: discurso de Don Rómulo Gallegos
  • Por el camino del civismo sin «madrugonazos», sin asonadas y sin violencia: discurso de Rómulo Betancourt

Comienza rindiendo culto a uno de los líderes populares asesinados durante la dictadura.

El homenaje no solo va para Ruiz Pineda. En la portada hay dos fotos del pleno de dirigentes realizado la noche del martes 7 de mayo y otra, abajo, a todo lo ancho: cuatro sillas vacías con los nombres de Alberto Carnevali, Valmore Rodríguez, Luis Hurtado y Luis Troconis Guerrero.

En la tripa destacan:

  • La sección «La semana política» abriendo la pág. 2, sin firma. Se habla del comportamiento cívico de la gente durante la marcha del primero de mayo, contraponiendo tal actitud a la «provocación de sectores reaccionarios»:

Se ha confirmado la sospecha de que la reacción sueña ya con el retroceso a los tiempos de la dictadura.

  • Sobre la unidad, dice el mismo texto que hay que dotarla de un programa «coherente y vivo».
  • Del pleno de AD surgieron varias conclusiones, vaciadas en la página siguiente. Entre ellas: que el 23 de Enero quebrantó algunas de las bases  en que se sustentaba la dictadura, «…pero sería exagerado afirmar que han desaparecido las causas profundas que han entorpecido el desarrollo normal de las instituciones democráticas» (es decir, la amenaza sigue vigente, el pueblo debe permanecer alerta).
  • Siguen un editorial sobre el estatuto electoral y la reseña biográfica, anunciada en primera, de Leonardo Ruiz Pineda, la cual ocupa al menos tres páginas. Está escrita por J.M. Siso Martínez.

José Manuel Siso Martínez funge, precisamente, como director. En el consejo de redacción figuran Simón Alberto Consalvi, Francisco Sucre Figarella y Domingo Alberto Rangel. El CEN fue el ente que designó a los responsables del semanario y al administrador, Luis Felipe Colombani, padre de Heli Colombani. En la línea político editorial que seguía A.D., el entonces precandidato Betancourt tenía mucho que ver pues Consalvi recordaba reuniones de los encargados del semanario con el líder recién llegado de Nueva York.

 

SEGUNDO NÚMERO

Era mayo y el mundo giraba entre noticias de la Guerra Fría, aunque siempre hubo lugar para la farándula, para la cultura. El día 13 se publicaba la novela de Giussepe Tomaso di Lampedusa, El gatopardo; se estrenaba la película Yuma, con Sarita Montiel; Estados Unidos hacía pruebas atómicas en el desierto; el general De Gaulle volvería al poder aquel mismo mes y habría una frase de él como para ponerla en mármol: “En Francia no hay que tomar el poder. Sencillamente hay que esperar para recoger sus despojos”.

En Venezuela la calle se ponía caliente el mismo 13: llegaba Richard Nixon, vicepresidente de Estados Unidos en tiempos de Eisenhower. El Nacional habría de informar al día siguiente:

Pese a la extremada vigilancia policial y a los llamados al orden, fue imposible evitar que grupos de exaltados lanzaran objetos contundentes y causaran daños a los automóviles de la comitiva.

Desde las diez de la mañana se habían movilizado centenares de manifestantes portando carteles y gritando «NIXON NO». Al mediodía se concentraron en la plaza del Panteón, donde debía ir Nixon a depositar una ofrenda floral. Los manifestantes mostraban pancartas:

NO OLVIDAREMOS GUATEMALA – GO HOME MR. NIXON.

A.D. no escapó al pulso de la noticia y dedicó la portada a la conflictiva visita oficial, titulando con una frase que en realidad era inocua:

  • Ante las fuerzas norteamericanas del Caribe

En la tripa de este número, tres propuestas principales:

  • Nota sobre los 50 años de la revista cubana Bohemia. Se ensalza esta publicación pues durante el perezjimenismo «no hubo en América un órgano de tanta importancia continental más solidario y fraterno».
  • Artículos de Carlos Canache Mata y Jorge Dáger.

 

OTRAS ENTREGAS

La entrega siguiente abre con la designación  de cinco dirigentes del partido: Simón Sáez Mérida, Gonzalo Barrios, Luis Augusto Dubuc, Raúl Ramos Jiménez y Domingo Alberto Rangel. Ellos deben emprender conversaciones con otros partidos sobre problemas electorales y candidaturales.

La portada del número 5, con fecha junio 7, trae a Rómulo Gallegos en foto desplegada a dos columnas: se le ha concedido el Premio Nacional de Literatura. Y se reseña la muerte de Mario Briceño Iragorry, acaecida el 6 de junio. En las páginas internas escriben Carlos Augusto Dubuc, César Rondón Lovera, Pedro Miguel Pareles, José Ángel Ciliberto y Luis Beltrán Prieto Figueroa.

En el 7, fechado el 21 de junio, se informa que los jefes de los partidos políticos se reunieron en Miraflores. También se anuncia el inicio de las convenciones regionales de AD. Todo esto lleva agua al molino de la unidad.

Entre otras constantes, en ediciones de 1958 se observa:

  • Homenaje a las figuras desaparecidas durante la dictadura, que han sido víctimas de ella. En el número 10 se privilegian trabajos sobre la figura de Valmore Rodríguez: se cumplen tres años de su muerte, sucedida en el exilio.
  • Se insiste en la unidad a través de editoriales y reproduciendo discursos del liderazgo. A raíz de una nueva asonada militar se reafirman valores democráticos. Por ejemplo, la portada del número 12, del 26 de julio, es una gran foto de una multitud en El Silencio, que ha salido a manifestar a favor de la democracia, con un gran titular:

VENEZUELA DIJO: NO!