Caracas perdida

Es tan solo una imagen, la fugacidad eternizada de un instante, y sin embargo es y será. Es espejo, memoria, nostalgia, latido, infancia, amanecer, esperanza y también, uno lo sabe, […]

Es tan solo una imagen, la fugacidad eternizada de un instante, y sin embargo es y será. Es espejo, memoria, nostalgia, latido, infancia, amanecer, esperanza y también, uno lo sabe, infierno. Un debes irte. Mirarla sin artilugios ni fronteras ya no es posibilidad sino desvarío en la noche aciaga del no estar. Caracas es, valga la redundancia, una imposibilidad hoy. ¿Sus ruidos y rumores, sus buenos y malos olores, el talante de sus viandantes esta tarde…? Bueno, una fotografía tiene sus límites, como todo en la vida. Pero ahí se nota que Caracas lleva una frondosa cabellera color ladrillo (a esta hora del día); se aprecian las irregularidades de su manto de concreto y vidrio, las formas voluptuosas que tiene de acostarse sobre su geografía un poco estrecha.

Es muy notable en esta foto, además, que sobre todas las cosas Caracas es y será aquello que los bárbaros no podrán quitarle: la inmensa ternura de su luz.

En su poema dedicado a Caracas, aquel donde Eugenio Montejo se pregunta  dónde estuvo pues en ella perdió su sombra y el tacto de sus piedras, el poeta habla de eso precisamente, de pérdida, porque ya los altos edificios no le dejan ver nada de su infancia. Ha debido de ser cierto. Sin embargo, dice, todavía puede pasearse por ella:

Puedo pasearme ahora por sus calles / a tientas, cada vez más solitario; su espacio es real, impávido, concreto / solo mi historia es falsa.

Todavía tuvo esa posibilidad, la de pasearse. Ahora, quizás, en todo caso pueda recorrerse aprisa, no sea que te agarre la noche.

La autora de estas fotos, Laura Mogollón, es egresada como comunicadora social de la Universidad Católica Andrés Bello (2017); reside actualmente en Santiago de Chile y tiene trabajo. Ha corrido con esa suerte, siendo una recién emigrada. Es jefa de Marketing de una app móvil llamada OK to Shop que ayuda a las personas a encontrar productos alimenticios aptos según sus restricciones alimentarias. Es una apasionada de la fotografía y del mundo audiovisual, afirma. La foto de arriba fue tomada en 2016 pero solo fue hace unos días cuando la subió a su cuenta de Instagram. Se le preguntó por qué lo hizo ahora y contestó:

Durante la cuarentena fue evidente que muchos de nosotros pasamos por momentos de nostalgia, pero sentir nostalgia no necesariamente significa sentirnos tristes. Al vernos en un escenario de incertidumbre por no saber lo que va a pasar (esto es totalmente nuevo para nosotros), nuestro cerebro activa la memoria a largo plazo y recordamos momentos en los que si sentíamos control y «estabilidad».

Esta otra panorámica fue tomada en 2017, poco antes de marchar a Chile.
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