Trópico de capricornio

Sebastián de la Nuez

Viernes 15 de octubre, Madrid. La plaza de Colón y sus alrededores relucían de sol al mediodía y más allá también, bajo un cielo azulísimo. En Colón todo coincide: las rutas que cruzan la ciudad, la Biblioteca Nacional y el Museo de Antropología, las torres un poco feas del tardofranquismo, las líneas del transporte público, la gente en las cafeterías o cervecerías de las calles aledañas… De vez en cuando, las convocatorias  de dos partidos de la derecha y uno liberal que va en declive. La gran explanada con sus bajos de teatros y salas de exposiciones vuelve a respirar el perfume del gentío. Ayer viernes despegó, por fin, la ciudad post-pandémica, se nota en la desenvoltura y en una sensación liberadora que danza en el aire, aunque muchos todavía anden con sus mascarillas puestas por la calle, no solo en lugares cerrados, lo cual es obligatorio. Es Madrid, y Madrid, en días así, siempre ha brillado y se disfruta. Ahora ha brillado con mucho de primavera a destiempo y una pizca de otoño, nada más, en el entrecejo. La gran explanada del navegante es pura quietud vista panorámicamente; en planos cercanos, grupales, sí se notan las prisas; es viernes, hace un tiempo espléndido y la tarde vendrá con relajo incorporado. En los entresijos de Madrid siempre hay alguien remolón, que se niega a dar un paso: los negacionistas del apuro como esta chica de la foto, que ha decidido instalarse a la sombra de uno de esos grandes bloques donde se cuenta cierta gesta en palabras inscritas en piedra. Se ha enfrascado en el móvil o en la música o en las dos cosas al mismo tiempo. Colón permanece encaramado en su pedestal, nadie lo desenganchará de ahí para echarlo a la basura. A Madrid la recorren los buses y las palabras, su cartografía está hecha de nombres y travesías universales. En uno de los muros de lña plaza, esta frase, algo de Colón que no alude a Madrid sino a lo que el genovés dejó atrás después de sus cuatro viajes: «Allende el trópico de capricornio se encuentra la morada más hermosa pues es la parte más alta y noble del  mundo, es decir, el paraíso terrenal». Esos nuevos madrileños, los que se han venido en los últimos años huyendo de sus países latinoamericanos, ¿leerán esa frase y les dirá algo?

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