Al principio reinó el teleteatro

Agustina Martín y Rafael Briceño durante una escena de Anecdotario. Foto cedida por JLB.

Mil novecientos cincuenta y tres es el año de la industria de la televisión en Venezuela. En abril, el coronel Marcos Pérez Jiménez, luego de ser designado por la Asamblea Nacional  Constituyente como presidente constitucional de la república para el período 1953-1958, toma posesión del cargo en el Congreso. Las cámaras de Bolívar Films y Tiuna Films registran el evento para la historia y la Televisora Nacional Canal 5, en su programa El reporte gráfico del aire, difunde la novedad por todos sabida. Son los comienzos de la TV en Venezuela y el teatro vernáculo en vivo será una de sus bazas ante un público fascinado por la pantalla. El periodista José Luis Briceño, quien por razones familiares ha tenido acceso a un cúmulo de información e imágenes de la época, habla en esta crónica sobre esos años en los que se forjaron figuras emblemáticas del teatro, alcanzando gran popularidad gracias al artilugio con antenas

José Luis Briceño

La dictadura atrofió la función informativa del nuevo medio pero, tal vez en compensación, surgió el teleteatro como una gran novedad en materia de entretenimiento.  Al principio de los cincuenta, el horóscopo petrolero toca la puerta y la economía venezolana se ve muy favorecida por los conflictos del Medio Oriente. El gobierno del sha de  Irán comete homicidio culposo y decide nacionalizar su industria petrolera, luego de que la empresa British Petroleum le niega el fifty-fifty. La producción no se sostiene y  pasa de 1.800.000 barriles diarios en 1950 a 55.000  para finales de 1952. El gobierno de Egipto sigue el ejemplo: tres años más tarde nacionaliza, cierra el  canal de Suez y entra en guerra contra Inglaterra y Francia. Salen del mercado  2.2 millones de barriles de petróleo.

En Venezuela, Pérez Jiménez aprovecha la oportunidad y negocia el otorgamiento de nuevas concesiones a las compañías petroleras. Se produce el milagro  y  2.000 millones de bolívares entran al fisco. Son los años de los carros importados y de las grandes obras de infraestructuras, motor que impulsa el boom de la industria de la construcción, principal fuente de empleo. Todo ello deslumbra al pueblo y reforzará en el futuro la nostalgia por los hombres fuertes en el poder, lo que habrá de durar hasta principios del siglo XXI.  

La economía crece y con ella la industria de productos de limpieza y de higiene personal. En junio de 1952 Procter & Gamble ha inaugurado en La Yaguara la primera planta de jabón Ace. Para impulsar las ventas del detergente colocan dentro de las cajas, como obsequio, latas de sardinas, vajillas y cubiertos. En el 53 se inicia la producción de Camay, versión original, primer jabón de tocador hecho en Venezuela según la revista Publicidad y Mercadeo. Colgate (1), según la misma fuente, comienza en el 46 a elaborar el jabón Palmolive en la fábrica La Torre, propiedad de Lorenzo Mendoza. En el 51 alquila la totalidad del local y  arranca  la producción de la pasta dental Colgate que hasta esa fecha era importada. Tres años más tarde inaugura su planta en Valencia. Ambas empresas, Procter & Gamble y Colgate-Palmolive, son anunciantes de los teleteatros trasmitidos por los canales de televisión comercial y los que poco tiempo después  patrocinarían las novelas Camay y Palmolive, tal y como lo hicieron con las radionovelas en Cuba, México y Argentina.

La censura impuesta por la dictadura castró de inmediato la libertad de prensa. Por eso, Televisora Nacional canal 5,  Televisa canal 4 y Radio Caracas Televisión canal 7 desde el principio de sus trasmisiones se apoyan en grandes clásicos del teatro y la literatura nacional y universal para completar su programación dramática. No existían las telenovelas y al rating le faltaban años para llegar. Se impone la armonía y la colaboración entre los canales, las trasmisiones eran en vivo y los actores debían aprender sus papeles de memoria en pocos días y a veces en horas. Reina el teleteatro.

Pero los directivos de Radio Caracas Televisión detectaron cierta resistencia de parte de las empresas que debían invertir en publicidad para patrocinar los programas. Por otra parte, el público se quejaba de la calidad de la imagen y argumentaba que RCTV no se veía tan bien como Televisa o Televisora Nacional. El problema radicaba en la frecuencia asignada. Mientras más alto era el número del canal, surgían mayores inconvenientes en la propagación de la imagen. Para resolver el problema, escribe Olivieri, en los primeros meses del año 54 solicitaron al ministerio un cambio de la frecuencia. Al poco tiempo le concedieron el canal 2. Hicieron una campaña para difundir el cambio y durante un tiempo la señal salió por los canales 2 y 7 simultáneamente hasta que finalmente  salió solamente por el 2. 

Bolívar Films también aportaría  personal técnico y artístico a la naciente industria televisiva. A finales de los años cuarenta, Luis Guillermo Villegas Blanco decide reforzar su equipo de trabajo para entrar en el mercado internacional y trae del exterior a las actrices Juana Sujo, Virginia Luque y Susana Freyre; al director Carlos Hugo Christensen y su asistente Horacio Peterson; a Juan Corona y Ariel Severino, guionista y escenógrafo.

Los tres canales demandan un personal técnico, administrativo y artístico que no tienen y, en Caracas, emisoras como radio Rumbos, Continente y Broadcasting Caracas, hoy  Radio Caracas Radio, promocionan sus respectivos cursos para la formación de actores. Sería un profesor uruguayo, proveniente de  Estados Unidos, el primero en dictar un curso en las instalaciones de RCTV. A Emilio Busalleu, hombre de gran experiencia en el manejo escénico y en los movimientos de cámara, le corresponde debutar como profesor en 1953 ante un selecto grupo de alumnos de talento privilegiado integrado por estrellas de la televisión, el cine y el teatro venezolanos: Luis Salazar, Tomas Henríquez, Hilda Vera, Margot y Paul Antillano, Juana Sujo, Eva Blanco, Amalia Pérez Díaz, Margot Pareja y América Alonso. Comenta todo esto el actor Carlos Márquez al autor Antonio Olivieri, en La televisión de Venezuela: Los cuarenta años de Radio Caracas Televisión.

La empresa Bolívar Films, aunque en menor medida, también aportaría  personal técnico y artístico a la naciente industria televisiva. A finales de los años cuarenta, su dueño Luis Guillermo Villegas Blanco decide reforzar su equipo de trabajo para entrar en el mercado internacional y trae de México y Argentina a las actrices Juana Sujo, Virginia Luque y Susana Freyre; al director Carlos Hugo Christensen y su asistente Horacio Peterson; a Juan Corona y Ariel Severino, guionista y escenógrafo. La mayoría de ellos se quedan en el país y terminan prestando sus servicios al nuevo medio junto con otros venezolanos que se formaron en Bolívar Films, como el caso de Román Chalbaud ‒quien se inició  como asistente del director mexicano Víctor Urruchúa‒, Cesar Enríquez ‒director de la película La escalera‒ y José Luis Zarzalejo, quien llegó a ser director de El show de las doce, animado por Víctor Saume y trasmitido por RCTV hasta mediados de los años sesenta.

El teatro también hizo su aporte. La actriz Juana Sujo fundó su Estudio Dramático Juana Sujo en 1950 en el Museo de Bellas Artes. Dos años más tarde, con el apoyo oficial del Ministerio de Educación, se convierte en Escuela Nacional de Arte Escénico. Esta labor pedagógica formó a varias generaciones de grandes nombres del teatro y la televisión como Esteban Herrera, Manola García Maldonado, Orángel Delfín, América Alonso, Doris Wells, José Bardina y Guillermo González.

Pero la gran mayoría del personal técnico y artístico que pasó a trabajar en televisión en 1953 y 54 provino de la radio. «Muchos pasamos de la radio a la televisión, pensando que era una especie de promoción que se nos hacía. Como no sabíamos nada de ese medio, nos dieron unas clases, pero de todas maneras sentíamos mucho miedo», cuenta al periodista Olivieri la artista Cecilia Martínez, quien se inició como cantante y actriz en 1931 en Radio Caracas Radio. Martínez debuto en RCTV desempeñando el papel de jueza en enero de 1954 en el programa Tribunal juvenil. «Recuerdo claramente el día que me senté delante de una mesita que no tenía más de un metro cuadrado. Era mi pódium de jueza. Sería mi primer programa de televisión. Cuando dijeron “al aire” yo sentí  verdaderas ganas de salir corriendo». Y a continuación:

«Poca gente se imagina lo difícil que es ser pionero».

Martínez no solo fue pionera  en la radio y la televisión sino también en su vida privada.

EL GRAN TEATRO DEL MUNDO

En 1953 existían 30 mil receptores, según la empresa Columbia Broadcasting System, (CBS), encargada de distribuir los aparatos en varios países del continente. Lo novedoso del medio y la escasez de personal creó un ambiente de camaradería y colaboración entre los distintos canales que sería imposible de imaginar con la llegada, luego, del rating y la influencia de la televisión cubana surgida con la inauguración de Venevisión a principios de los años sesenta.

«Los actores podían trabajar al mismo tiempo en dos estaciones de televisión debido a la ausencia de los contratos de exclusividad y de rating. Si en aquellos primeros días a un canal se le caía la señal, solicitaban técnicos a la Televisora Nacional y estos acudían, siempre y cuando no perturbaran los horarios de la planta oficial.»

Eso dijeron las periodistas María Isabel Párraga y María E. Martell  en su tesis de grado Del inspector  Nick  a Julián Zerpa: 33 años de la televisión en Venezuela.

La prensa  sigue muy de cerca la programación dramática de los canales, los cuales compran espacios publicitarios en los medios impresos para anunciar los teleteatros y sus artistas. No existe una crítica especializada pero son muy populares las reseñas periodísticas previas y posteriores a la trasmisión del espacio con grandes despliegues fotográficos. Columnas como La ventana indiscreta, escrita por Pepito, seudónimo del periodista y dramaturgo Luis Peraza,  exponen argumentos sólidos sobre las actuaciones y las puestas en escena de los directores. Intelectuales como Alejo Carpentier, Arturo Uslar Pietri, Ramón Díaz Sánchez, Guillermo y Eduardo Feo Calcaño también se ocuparían de escribir ocasionalmente sobre los teleteatros.

Desde sus inicios, el  canal 5 de la Televisora Nacional cuenta con la experiencia del director de teatro Alberto de Paz y Mateos y con Román Chalbaud, quien desde el comienzo se involucra en el proceso de producción y adaptación de textos para el programa El cuento venezolano televisado y poco tiempo después lo dirige. Es así como los televidentes tienen la oportunidad de ver obras de autores como Luis Manuel Urbaneja Achelpohl, Manuel Díaz Rodríguez, Rómulo Gallegos, Gloria Stolk o Ramón Díaz Sánchez. Cada quince días sale al aire Teatro en el tiempo, espacio para el cual se hizo un ciclo de teatro griego con obras como Electra y Medea utilizando como escenario el Museo de Bellas Artes. En este mismo canal debuta el programa Teatro infantil con Lily Álvarez Sierra (ver nota al final del texto),pionera en el país de este tipo de espectáculos.

En mayo de 1953, con un capital de tres millones de bolívares comienza  oficialmente sus  trasmisiones Televisa, canal 4, bajo la dirección de su fundador Gonzalo Veloz Mancera, quien personalmente dirigió la construcción de los estudios de la primera estación comercial del país ubicada en Colinas de Los Caobos.  El teatro en su casa, patrocinado por Publicidad Vepaco comenzó a trasmitirse los sábados de diez a once de la noche. La actriz argentina  Zoe Ducós y el actor y guionista cinematográfico José María Fernández se unieron con el escritor Mariano Picón Salas para sacar este espacio de 60 minutos sin interrupción comercial, señalan Párraga y Martell en la citada tesis de grado.

 La programación de Televisa  sigue una línea parecida a la del Canal 5 en materia de dramáticos donde se destacan las adaptaciones de obras de teatro y de literatura universal y nacional a un formato de un poco menos de una  hora especial para el medio. En el recuerdo de muchos venezolanos quedaría grabado el éxito alcanzado por Los casos del inspector Nick, un clásico de suspenso escrito originalmente para Televisa por su autor Alfredo Cortina.

RCTV tenía programas como Cuentos de camino, escrito por el profesor Horacio Vanegas, patrocinado por la Shell y con el cual debutó en ese canal el actor Virgilio Galindo. Fueron muy populares Ciclorama y Kaleidoscopio. Pero quizás el más recordado por actores como Tomas Henríquez, Amalia Pérez Díaz y Agustina Martín fue Anecdotario, espacio que al comienzo tenía una duración de 15 minutos: narraba la vida de un personaje importante de la historia universal o local y era patrocinado por Nestlé. Dice Amalia Pérez Díaz a Olivieri:

«Nosotras salíamos de un set y cruzábamos al otro set, nos desvestíamos en uno para vestirnos durante la caminata. En algunos casos teníamos que ponernos hasta pelucas y salir en trajes de época. Supongo que los técnicos se regodearon mucho viéndonos semidesnudas»

En esos espacios dramáticos los elencos variaban mucho por el esfuerzo que significaba memorizar un texto teatral.

«Eso también era muy importante para el actor, como formación, sobre todo para el que venía de hacer radio, que solo leía textos, pues enfrentarse a unas cámaras e interpretar de memoria un texto tan exigente como es el del gran teatro del mundo, era algo absolutamente diferente. Ese teatro tenía los nombres de Gran teatro del sábado, Teatro Ford, Teatro del lunes y otros más».

Eso recordó Agustina Martínez, a quien en ese tiempo le tocó desempeñar en Anecdotario una gran variedad de roles: «Yo he sido la esposa de prácticamente todos los grandes hombres de la historia. De Julio Verne, por ejemplo. He sido la amante de Napoleón, la primera novia que tuvo cuando fue alférez. Fui Juana de Arco. Era un programa cultural y a la vez un gran entretenimiento. Estaba producido de manera óptima. No escatimábamos esfuerzos para que Anecdotario saliera como debía ser».

En diciembre de 1954 se entrega por primera vez el premio Ávila, creado por Roberto Monsanto para homenajear programas y artistas más destacados. Ese año el jurado premió a Héctor Hernández Vera (actor más distinguido); Giove Campuzano (mejor actriz); Amador Bendayán (actor cómico); Román Chalbaud (mejor director); Horacio Vanegas (mejor libretista).


MÁS SOBRE LOS JABONES

El jabón Fab, elaborado por la Colgate-Palmolive, también incluía obsequios en sus empaques.

El jabón La Torre caerá en sus ventas al concluir la Segunda Guerra Mundial, según cuenta Domingo Alberto Rangel en su libro La oligarquía del dinero. Desaparece junto a su competidor el jabón Las Llaves debido a la invención de los detergentes en polvo. Con lo cual se inició, a partir de 1945, el fin de  la era de las lavanderas y, en el primer quinquenio de los cincuenta estalla la competencia entre las marcas FAB de Colgate y Ace de Procter & Gamble.

Colgate comenzó en la fábrica de La Torre la producción del jabón Palmolive en 1946, pero en 1943 ya Pardo y Mosquera lo importaban tal como lo reporta la revista Publicidad y Mercadeo en su número 508 de octubre de 2001.    Colgate era muy celosa, no permitía bajo ninguna circunstancia que algún competidor utilizara su marca o empaque para hacer publicidad engañosa, como lo sugiere el testimonio de Cecilia Martínez, la primera locutora que cantó un jingle publicitario en Venezuela,  recogido por la periodista Milagros Socorro.

«A capella. Tenía que ir seis veces al día a la emisora a cantarlo y subir al segundo piso del Almacén Americano donde se encontraba RCR. En aquella época vivía en Caracas un señor Laúd que fabricaba un jabón forrado con un envoltorio muy parecido al del Palmolive, al que puso Cremolive. Naturalmente, la Palmolive lo demandó y le prohibió usar elementos que se prestaran a confusión. Fue así como el jabón perdió hasta el nombre y le quedaron al señor Laúd muchos bultos de jabón que él tenía que vender a toda costa, para lo cual hizo publicidad poniéndole al producto su propio nombre. Se decía que el jingle que yo cantaba lo había escrito Andrés Eloy Blanco, que por esos días estaba enconchado y hacía cositas por ahí para ganarse unos reales» le comenta Cecilia a Milagros Socorro.

El jingle decía así: «Suspirando está en el baño, Ana María de La Luz / porque ella quiere bañarse con John Laúd / y su madre no concibe que Ana María de La Luz / quiera meterse en el baño con John Laúd. / Mamita, mamita, encárgame el ataúd / si tú no me dejas bañarme con John Laúd». Y ella corría a la emisora media docena de veces al día para plantarse ante el micrófono a desgranar aquellos deliciosos versos hasta que el general Gómez los prohibió por inconvenientes. «El jingle era muy atrevido para la época. Hoy no, porque hoy se baña todo el mundo con todo el mundo, pero en aquella época esa mensaje era muy pícaro».


UNA ESCUELA DE TEATRO INFANTIL

Lily Álvarez Sierra, de nacionalidad chilena, llega a Venezuela con su compañía en el año 1952, tras haber recorrido el continente realizando presentaciones teatrales, programas radiales y exitosas películas. Debuta en el Teatro Nacional de Caracas, en enero de aquel año, donde el público aclama las presentaciones de la compañía destinadas al público infantil, en una ciudad que sólo ha visto esporádicamente espectáculos infantiles. En 1958, por decreto presidencial, se crea la primera escuela de teatro infantil y juvenil y se nombra a Lily Álvarez Sierra su directora. Ese mismo año la registra como sociedad civil, y nace la Compañía Teatral Lily Álvarez Sierra, que desde entonces se ha dedicado primordialmente a la divulgación del teatro para niños, así como a la formación de nuevos actores y profesionales de otras ramas del teatro. Se había casado en 1936 con el dramaturgo y actor chileno Gabriel Martínez con quien tuvo un hijo. Nietos: Nathalia Martínez, actriz de TV y teatro; César Sierra, dramaturgo y actor. En el  año 1990 recibió el Premio Juana Sujo y en 2001 el Premio Nacional de Teatro.