Ucrania, vista íntima desde Venezuela

En 2011, la entonces estudiante de Comunicación Social ‒mención Periodismo‒ en la Universidad Católica Andrés Bello, Marisé Pérez Pawlyschin, presentó una tesis, requisito para graduarse en la Escuela respectiva, a […]

En 2011, la entonces estudiante de Comunicación Social ‒mención Periodismo‒ en la Universidad Católica Andrés Bello, Marisé Pérez Pawlyschin, presentó una tesis, requisito para graduarse en la Escuela respectiva, a la que llamó semblanza de grupo. Marisé tituló su trabajo «Huir hacia el sol» y el jurado al que le tocó evaluarlo e interrogarla a ella, a su debido tiempo, concluyó que merecía una de las más altas calificaciones.

La alumna no hacía sino aprovechar concienzudamente los testimonios de vida con los que había crecido en su propia casa, o en casa de sus abuelos. Marisé es descendiente de ucranianos que sufrieron durante décadas las arbitrariedades y las miserias a las que la madre Rusia sometió a este pueblo. Todo lo que está sucediendo hoy en Ucrania es muy viejo, tan viejo como lamentable. El 29 de marzo de este año 2022 ‒ya la invasión había comenzado un mes atrás‒ dentro de la edición española de El País apareció una entrevista al comisario europeo de Agricultura, el polaco Janusz Wojciechoski, quien aseguró que Rusia provoca deliberadamente una hambruna en Ucrania, en los actuales momentos, y que ese es su método o estrategia para lograr el cometido de la absorción. Wojciechoski  lo dice porque así mismo se comportó Rusia en manos del Padrecito en los años treinta con respecto a la vecina nación. «Es el método ruso de expansión», comentó en alusión a las hambrunas provocadas por el régimen de Stalin en los años treinta en los países de la órbita soviética, como la misma Ucrania y Kazajistán.

La madre de José o Josif, el abuelo a quien Marisé tiene como protagonista principal de su semblanza, murió de hambre aunque no en este caso por culpa de los rusos sino de los nazis. Barazka Kozar falleció en 1944, cuando los alemanes utilizaron los alimentos producidos en Ucrania para abastecer y mantener con fuerzas al ejército de Hitler. Pero antes del 44, hacia 1928, como relata Marisé en su texto ‒que recoge testimonios vivos, no solo familiares, e informes históricos debidamente refrendados‒  el comunismo había llegado a Ucrania y con él una ola de separaciones, hambre y atrocidades de las cuales su familia no pudo escapar. En 1926, los chervoni tomaron a Paul Pawlyschin, padre de José, y luego de torturarlo físicamente lo fusilaron. Chernovi es «rojo» en ucraniano, así se les ha conocido siempre a los comunistas. Hoy, no es propiamente comunismo la forma de gobierno que se da Rusia, pero los métodos de sus gobernantes siguen siendo más o menos los mismos que en tiempos de Stalin, si no peores.

Ucrania y Venezuela están sufriendo tragedias: no son comparables tal vez ni en magnitud ni en padecimientos, pero son tragedias con rasgos o consecuencias en común. El éxodo o desplazamiento masivo de sus poblaciones, por ejemplo.

En el prefacio del trabajo de grado que presentó Marisé puede leerse:

Venezuela y Ucrania casi no se conocen. Sin embargo, tienen algo importante en común. Ambas naciones están conectadas por la historia de un éxodo. Un éxodo que comenzó como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial a mediados de la década de los cuarenta y se prolongó hasta finales de los cincuenta, arrastrando hacia tierras venezolanas a cientos de miles de refugiados, que soñaban con escapar del horror que aún estaba fresco en sus retinas.

Rusos, polacos, yugoslavos, judíos: europeos de diversas nacionalidades, religiones y razas eligieron a Venezuela como destino para sentirse a salvo, para lograr tener una vida más digna y, entre tantos extranjeros, miles de ucranianos llegaron por mar y por aire a tierras caribeñas, con temor a lo desconocido pero con el deseo de conocerlo y hacer suya esa paz que el continente americano prometía. Estos musiús, como popularmente se les apodó, se encargaron de enriquecer la cultura venezolana con sus costumbres y tradiciones, además de proporcionar mano de obra capacitada en diversos ámbitos laborales y desarrollar importantes labores de tipo intelectual y profesional en Venezuela. Ingenieros, arquitectos, médicos, albañiles, mecánicos, costureras, agricultores. Los inmigrantes actuaron en la tierra de Bolívar como un motor de gran potencia, capaz de aprovechar las bondades del país caribeño y sacar lo mejor de él.


En los siguientes enlaces, extractos de varios de los capítulos del trabajo de Marisé, debidamente autorizados por ella. La tesis completa debe reposar en los archivos académicos de la UCAB.

LA HISTORIA DEL UCRANIANO JOSÉ